sábado, 8 de mayo de 2010

INSPIRACIONES FAMILIARES: MI ABUELO MATERNO



-Como ya habrán adivinado mis sufridos lectores, una de mis motivaciones vitales de máxima referencia es el amor y el respeto por la familia. En la imagen podrán ver un "fotomontaje" con varios miembros de mi familia tanto paterna como materna. Esta vez le toca el turno a mi abuelo Juan José, más conocido como "Morante" desde Bollullos a tantas tierras de la Península Ibérica que recorrió.

Mis recuerdos máximos de la infancia, desde la calle del prado a "la Marquesa", se sobrecogen entre la casa vieja y el corralón hasta la mudanza al piso, situado en un terreno que antiguamente fue de los Polavieja y los Valenzuela. Creo que en esos primeros años de mi vida fue cuando comencé a valorar, aun inconscientemente, el valor de la familia. Recuerdo siempre una casa llena, entrando y saliendo gente, recuerdo los almuerzos con mis primos, recuerdo a mis abuelos y a los distintos familiares de ellos confluir en un mismo ambiente. Dicen que todo ocurre cuando eres un niño....Y cuando era niño, aprendí a valorar eso que aún existe en los pueblos (Aun a duras penas) del "extenso concepto de familia", la "conciencia de casta" que día a día te hace ver de dónde vienes y hacia dónde puedes ir según lo que tienes y según lo que trabajes.


Ese esquema vital no era un paraíso en la tierra, y era tan sencillo como severo y honesto. En ese esquema entraba el indiscutible respeto por los abuelos. A día de hoy, en esta fantástica sociedad de guarderías y geriátricos, se nos hace difícil comprenderlo. En esto concretamente valoro mucho a los gitanos. Como cuenta Antonio Burgos en más de un artículo, cuando uno se encuentra a un calé en el hospital, siempre escucha "¿Y al payo este nadie viene a verlo?". Tampoco he visto nunca a un gitano en un geriátrico.



Mi abuelo murió en enero de 1998, cuando yo cabalgaba hacia los diecisiete años. No sé cuántas tardes, mañanas y noches pasé con su presencia. No sé cuántas conversaciones tuve con él acerca de los orígenes familiares nuestros, cuando descubrí por él que una parte de nuestra sangre vino de la campiña sevillana, concretamente de La Campana; llegando yo a conocer cosas de la familia que ni mi madre sabe. No sé cuánta intrahistoria viva rezumé a través de sus palabras, de sus mimos y regañinas, de sus consejos.... Cada conversación con él fue un tesoro guardado en el cofre de mi memoria. Cada gesto, cada palabra, cada partido de fútbol....Verlo tomar un té y un dulce al rato de almorzar, verlo en su coche, en su mecedora dando una cabezada, verlo en sus últimos días con su bastón ir al entierro de cualquier paisano, verlo en su sociabilidad, en su charla amable, en su amistad campechana, en su franqueza humilde, en su espíritu de superación. Dicen que de él heredé la estatura, la complexión, la forma de andar y buena forja de mi carácter. Parafraseando a Guy Crouchback en Swords of honour de Evelyn Waugh, mi abuelo fue un hombre bueno, uno de los pocos hombres buenos que he conocido.


Aun en mi corta edad, he visto como se me iban muchos seres queridos. Mi abuelo materno fue una pérdida dolorosísima en todos los sentidos. Paradójicamente, su fructífero recuerdo me alimenta cada día para seguir adelante. Por su grata memoria van mis más sinceros y líricos versos, por alguien que es ejemplo perenne con perfume eterno:




A MI ABUELO MATERNO


Juan José Ruiz Falla,
tan López como Rivero,
la calle del prado,
tu cuna de bollullero.


He ahí a aquel hombre,
alto, robusto y curtido,
galante, educado y fuerte,
nunca desdeñando combate altivo.


Hombre que recorrió buena parte,
de la vieja Piel de Toro,
las primeras palabras en portugués,
de él escuché como genial coro.


Estandarte de hispana caballería,
hijo de carnicero y nieto de capataz,
Morante tu afamado sobrenombre,
aguerrida solera meridional.


Canto vivo de la tierra,
emotivo don de gentes,
corazón puro, llano, sincero,
genio andaluz refulgente.


Entrañable figura patriarcal,
un café, un té y una mecedora,
la velocidad de un coche,
la firmeza de la honra.


Marido de mi abuela Antonia,
padre de mi madre y mis tías,
abuelo, tu recuerdo alimento,
vivificado cada día.


Por eso cuando hablo portugués,
por eso cuando veo un borrego,
por cualquier cosa a diario,
de ti me acuerdo, abuelo.


Fuiste mi gran referencia,
siempre alguien muy especial,
morada preferente en mi ser,
te fuiste siendo inmortal.