domingo, 20 de junio de 2010

MIS REFERENCIAS LITERARIAS: JUAN MARÍA ACEBAL

http://ateneuacebal.files.wordpress.com/2008/09/acebal_1.jpg

- Continuando la línea lírica decimonónica de José María de Iparraguirre, vamos ahora con este literato asturiano. Declarado con justicia como "el príncipe de los poetas bables", fue su vida tranquila una defensa por las tradiciones asturianas y la revitalización del astur-leonés. De una ternura lírica encomiable, se ve ahí la buena vecindad con el gallego, que no en vano dice el refrán que gallegos y asturianos, primos hermanos. Su honda religiosidad y su amor por la naturaleza refrescan constantemente sus entrañables composiciones, hijas de un siglo que profundizó en las raíces alimentando añoranzas, quizá en muchos casos exageradas y deformes, mas no creo que sea el caso del autor al que nos referimos.

Les dejamos unos cuantos enlaces sobre su vida y obra:


Juan María Acebal y Gutiérrez - Wikipedia, la enciclopedia libre



http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pIdNoticia=267578&pIdSeccion=52&pNumEjemplar=844


Xuan María Acebal, alcordanza

RODRIGO GROSSI

El siglo XIX marcará por toda España el resurgir de las lenguas vernáculas como reflejo de unas ideas románticas que, frente al poder unificador del neoclasicismo y el sometimiento a las leyes en el siglo XVIII, exaltaban lo individual y característico de cada pueblo y la libertad en todos los campos de la vida y de la cultura.

Asturias no podía permanecer al margen de las nuevas ideas y verá surgir una generación de autores que cultivarán de forma absoluta una literatura escrita en sus lengua vernácula: el asturiano. Xuan María Acebal y Teodoro Cuesta fueron los principales poetas de esta época, seguirán los pasos de Xosé Caveda y Nava. La muerte les llegó con muy poca diferencia de días: Teodoro Cuesta murió el 1 de febrero de 1895 y Acebal el 17 de febrero de aquel mismo año. Acebal había nacido el 8 de marzo de 1815, se cumplen por tanto, en este 2005, ciento noventa años de su nacimiento y ciento diez de su muerte.

Bien merece que dediquemos un recuerdo a este hombre que tuvo que soportar la amargura del exilio en Francia debido a sus ideas carlistas, motivadas por la lucha sucesoria que se produce a la muerte de Fernando VII entre los partidarios de la reina niña Isabel II, hija del rey fallecido, y los de su hermano Carlos (el Carlos V de los carlistas), que se considera heredero del trono en virtud de la ley Sálica. No serán las guerras carlistas (tres a lo largo del siglo) únicamente cuestión de personas en el trono, sino lucha de ideas entre liberales y tradicionalistas, defensores estos últimos no sólo de valores religiosos sino también de derechos de los habitantes del campo que con la desamortización se vieron en manos de los poderosos capitalistas de la ciudad.

Acebal, que nació en Oviedo, vio frustrada su vocación religiosa a causa de la accidentada vida política de sus días, en la cual las órdenes sacerdotales tuvieron que sufrir los avatares de la actuación gubernamental llevada por ideas falsamente liberales. Tuvo en Oviedo una decidida vida empresarial en muy distintos campos industriales a la vez que colaboraba en los periódicos y revistas del momento. Su obra más importante es «Cantar y más cantar: impresiones de Asturias», publicada después de su muerte, el año de 1911. Fue conocido con el nombre de «Príncipe de los poetas bables». Al triunfar la Gloriosa de 1868 tuvo, como indicamos, que ir al exilio a Francia, donde permaneció varios años.

La Academia de la Llingua Asturiana publicó, dirigida por Miguel Ramos Corrada, la trascripción de un manuscrito que lleva por título «La vida del aldeano», que nos parece interesante porque es el reflejo de las ideas políticas del autor, defensor del hombre del campo como dijimos más arriba.

«La vida del aldeanu» es un antídoto contra la exaltación de la vida rural como lugar de reposo, de tranquilidad y belleza, de paz del espíritu, idea tan típica de nuestra poesía bucólica y muestra de ella es aquel libro que lleva, ya en el siglo XVI, un título tan significativo como «Menosprecio de la corte y alabanza de la aldea», obra de fray Antonio de Guevara, asturiano de las Asturias de Santillana, o incluso, por no citar más, «La aldea perdida», de Armando Palacio Valdés, otro ilustre asturiano mucho más cercano a nuestro tiempo.

Ejemplo bien claro de esta posición de Acebal ante la vida del aldeano es el comienzo de la obra, sus primeros versos:

«Maña muy vieya ye querer pintamos
comu vida feliz la de la aldea.»

y después de contarnos los tópicos de «les fontes gargolando miel», «los paxarinos cantando sus amores» nos asegura que el agua en invierno produce argayos y en verano -cuando hace falta- no brota; los pajarinos sí cantan, pero acaban con la cosecha, mientras las aves de presa y osos, raposos y lobos hacen de las suyas. Por cierto, el problema de los lobos no se ha solucionado todavía y los habitantes del campo astur siguen sufriendo sus actuaciones.

Y entre tanto el aldeano trabaja, sufre, malvende su escasa cosecha y es víctima del prestamista:

«Dani en perres cien rales y en recibu
pon doscientes el perru quei los presta.»

Está bien clara la postura de Acebal, reflejo de sus ideas políticas. Será el hombre bueno que busca el bien para el necesitado y que ahora al cumplirse el 8 de marzo el aniversario de su nacimiento, tiene bien merecidas estas humildes líneas.

Tengo que señalar que Acebal no tiene en Oviedo, su ciudad natal, una calle que lleve su nombre. Sugiero a nuestro Ayuntamiento que ponga fin a este olvido y que el callejero ovetense nos recuerde una figura importantísima de las letras asturianas.

Acebal, que foi un home bon y un bon lliteratu, merez güey, nesti aniversariu, una alcordanza.





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Juan María Acebal, el «Príncipe de los poetas asturianos», nació en Oviedo en 1815. En esta ciudad cursó sus estudios de latín con los Padres Benedictinos y de Humanidades y Filosofía en el Colegio San Isidro de Madrid, perteneciente a la Compañía de Jesús. La estancia de Acebal en Madrid fue muy corta, unos dos años, debido a la matanza de dieciséis religiosos de su colegio en julio de 1834 y el posterior exilio de la Compañía de Jesús, lejos de España. De vuelta en Asturias, junto a su hermano Francisco, se dedica a hacer trabajos de mecánica, así como de hierro, cobre y latón, casi todos ellos de carácter artístico. Se cuentan entre otros, el reloj de la Universidad de Oviedo y la verja de bronce que cierra la capilla mayor de la Catedral de esta misma ciudad. Los dos hermanos también fundarían la panadería El Molinón, con una maquinaria bastante moderna para su época. Se sabe que Acebal se sentía atraído por la pintura y la escultura, y que en ocasiones había modelado bustos de sus amigos, aunque nunca se ha encontrado ninguno de ellos.


Se casa el poeta a finales de los cuarenta con Juana López-Cuervo Guisasola, descendiente de un comerciante de la calle San Francisco, y tiene una hija a la que habrían de llamar Marcelina, que se casaría muy joven con Guillermo Estrada y Villaverde, gran amigo de Acebal y jefe político del carlismo en Asturias.



Pese a su carácter artístico, Acebal no llevó una vida pública notoria. Se sabe, por contra, que tenía un profundo sentimiento religioso, lo que le va a llevar a militar del lado de los carlistas en los conflictos de la época. Este hecho le traerá como consecuencia su exilio a Francia debido a la revuelta organizada por los carlistas entre 1872 y 1876. De vuelta a Asturias tras el exilio en Bayona (País Vasco francés) tiene que dedicarse a los negocios familiares. En estos últimos años de su vida sigue manteniendo sus creencias religiosas, siendo miembro destacado de las Conferencias de San Vicente de Paul. Al cuidado de la familia muere en Oviedo el 16 de febrero de 1895.


Acebal fue un poeta de producción mucho más pequeña que la de su contemporáneo Teodoro Cuesta, y publicada, sólo en parte, en la prensa asturiana. De todas formas, por su rigor lingüístico y altura literaria, fue considerado «Príncipe de los poetas asturianos», aunque su obra no se recogió en libro hasta 1925, cuando Enrique García Rendueles incluye en Los nuevos bablistas seis poemas y dos traducciones de Horacio. El que Juan María Acebal hubiese sido llamado «Príncipe de los poetas asturianos» en su tiempo es un hecho bien relevante que demuestra el buen hacer del autor y la buena consideración que ya entonces tenía. Se puede afirmar que fue el primer autor en lengua asturiana que rompió el tópico del campesino que narra hechos vistos por él. Por otro lado, desde Antón de Marirreguera (s. XVII) la poesía era de carácter descriptivo o narrativo y va ser Acebal el primero que la hará totalmente lírica. Lo que le dio fama a este autor fue su labor poética, a pesar de no ser un escritor que hubiese dejado una obra muy amplia. Hasta la fecha lo que se ha catalogado son once poemas asturianos, tres traducciones de Horacio, cuatro poemas en español y uno en italiano. La edición definitiva de la obra de Acebal la realizó en 1995 Antón García, con motivo del centenario del poeta, cuando se le dedica la Selmana de les Lletres Asturianes. Se recogen en ella todos los poemas de Acebal de los que se tiene noticia. El primer poema conocido es de 1858, A so Maxestá la reina doña Sabel segunda, donde comienza haciendo una descripción del viaje por Oviedo de la reina en el verano de 1858, acompañada de su marido, el Príncipe de Asís, y del Príncipe de Asturias, más tarde Alfonso XII. En la última parte de este largo poema, el personaje que habla es Pelayo, el rey asturiano, que se queja del abandono en el que lo tienen los asturianos y que aconseja al príncipe Alfonso desde el punto de vista del que comienza una línea sucesoria que va a terminar en ese niño. Enlaza con una larga y curiosa tradición de literatura escrita en asturiano que festeja diversos acontecimientos relacionados con la familia real española (bodas, bautizos, viajes a Asturias, etc.). En 1872 gana el premio para trabajos en bable en el certamen organizado por la Juventud Obrera Católica, con el poema titulado A María Inmaculada, uno de los primeros poemas religiosos asturianos, junto con otros escritos por Cuesta y por Fernández de Castro. Este poema supone un cambio importante en la perspectiva autor-receptor de la literatura asturiana.


En la mayor parte de los poemas escritos hasta entonces el autor no suele expresar su sentimiento más íntimo, a no ser que se trate de elogiar la vida de la aldea. Lo que solemos encontrar es la diferencia autor/personaje, poniendo aquél en boca de éste una serie de tópicos que se repetían de unos escritores a otros, formando una verdadera tradición, en la que pocas veces apuntaba la expresión sincera del sentimiento del poeta. En este caso el poema entero está construido desde la fe y desde el dolor del autor.


Pero la mayor parte de la obra de Acebal, la más importante, la escribe tras su vuelta del exilio, en 1878. En junio hace la primera traducción de Horacio, Vitae rusticae laudes, en julio fecha Cantar y más cantar, en octubre El amor del hogar y ¡Probe madre!, en diciembre La Fonte de Fascura y Arreglu de cuentes. En enero de 1881 publica la segunda traducción de Horacio, Maecenas atavis. No vuelve a editar en asturiano hasta finales de 1894, en que publica Refugium peccatorum. Su obra en asturiano se completa con un poema publicado en una hoja volante sin fecha, A María, y con una traducción más de Horacio, A Llidia. Cantar y más cantar es un largo poema en el que se describe, en una primera parte, desde el centro de Asturias y a pinceladas, el país asturiano. Después el poeta desciende a cantar la riqueza natural, para centrarse más tarde en la vida de los hombres y mujeres. El poema termina bruscamente con el cantar del cura en los entierros, cerrando así el ciclo de la vida. Esta composición ha sido el poema impreso más veces de la historia de la literatura asturiana, lo que contradice sobradamente la idea generalizada de que Acebal era un poeta culto y difícil que no entiende el pueblo. El amor del hogar y ¡Probe madre! tratan el problema de la emigración. En el primero, de quien se habla es del propio emigrante y de lo mucho que echa de menos su casa y familia. En el segundo, es una madre que se queda sola la que cuenta las penas de su soledad. La Fonte de Fascura, en contraposición a Cantar y más cantar, es el poema de lo local. La fuente de la que habla el poeta existe, y es una fuente natural al pie del Antayu, en el concejo de Parres. Arreglu de cuentes es el único poema humorístico del poeta ovetense, y su humor se diferencia bien del que se suele difundir en la literatura asturiana. Los otros dos poemas de Acebal, A María y Refugium peccatorum, inciden en la temática religiosa. El primero es de nuevo un canto a la Virgen, escrito antes de 1887 y, aunque impreso en una hoja suelta sin que conste lugar ni año, no se reimprimió hasta hace unos pocos años. El segundo es posiblemente el último poema de Acebal, impreso a finales de 1894, ya en vísperas de la muerte del poeta. Al niñín Jesús y Venite ad me et ego reficiam vos, escritos para la obra del catecismo, han aparecido recientemente en un cuaderno manuscrito. Sobre el primero de ellos hay una cierta polémica alrededor de su autoría. Si para Xurde Blanco se trataría de un poema de Manuel Fernández de Castro, amigo personal de Juan María Acebal, para Antón García el autor es el propio Acebal. A todos estos hay que añadir cuatro en castellano, Trébole, A Enrique Tamberlick, ¡Qué despacio el tiempo pasa y Charada, y uno en italiano, Ricordasti, mia cara. A los que habría que sumar las traducciones de Horacio al asturiano: Vitae Rusticae Laudes, Maecenas atavis edite regibus y A Llidia.




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POESÍAS



Cantar y más cantar Impresiones de Asturias


Si el cantar, si el poner cara de risa
De qu' unu ye dichosu fos la seña,
Quiciás la dicha tóa 'n isti mundu
Tendrinla los paisanos pel 'aldea.
Y el que diz pel' aldea diz n' Asturies,
Rinconcín del mió amor, de xanes tierra;
Tanto más encantada y petecible
Cuando i debe á Dios solu so guapeza.
Anduvi pe la tierra en que cuntaben
Que los Campos Elísios Dios punxera,
Y en pruno á lo cimero fui del monte,
Qu' entarró con un gómitu á Pompeya.
Ví enllazase los álamos crecíos
Co'la parra que d' un en otru cuelga;
Y palacios y estates, vilo tóo,
Pos sentada en na mar miré á Venecia:
Y faciendo al mió modu comparances,
Co' la idea p' Asturies siempre güelta,
Non topab daqué qu' asemeyara
Lo que 'nella entamó la Onipotencia.
Ya antes d' eso y allá en miós mocedáes
Pe los montes anduvi á mió faena,
Y al véme na más alta cuguruta,
AbaXo el mundu, el cielu na cabeza,
¡Qué nonada tan grande paecía
Lo que facen los homes! ¡qué miseria!
¡Qué grandeza, Señor, yera la tuya!
¡Qué grande vía entóncies to grandeza!
Del Armu que tién la primer ñeve,
Qu' espolvoriaste Tú enriba la tierra
Faciendo espayaderes de los aires,
Y de les nubes fiendo la peñera,
Tempranino miraba pa 'l saliente
Y llonXe, medio engüeltos co' la ñebla
Finina, traslluciente y sonrosada,
Conque 'l alba se viste ansí qu' espierta,
Y pasando p' ente ellos los rellumos
Tristes, que entós da '1 sol con so llinterna
Vía alzase d'Europa los xigantes,
Faciendo á Covadonga centinela;
Y allargando la sombra hasta mirase
En el llagu d' Enol: vía l' Auseba
Al que fura d'Orandi á so la Virgen,
El rabión qu' á sos plantes se despeña.
Casi al frente, del llau de Colunga,
Llevanta el puertu Sueve la cabeza,
Que i dió á Roma les potres asturcones
Que subín de rodíes una cuesta.
Allí baxo 'ta el monte Naranco.
El que tién engarzá aquella perla,
Que á la Virgen llabrói el Rey Ramiru,
Desque llimpió d' Asturies la vergüenza.
Y al par d'ella aquel utru blincu d' oro
Del Santu San Miguel, del que con pena
Güelvo tristes, muy tristes, los miós güeyos
Al ver que de sí mesmu ye güesera.
Y mirando pa 'ntrambos 'ta 'illí Uvieo
Nel que punXo quiciabes Don Fruela
So gobiernu non más, pos ya Santiago
'N elli el primer discípulo escoyera,
Según que nel Pilar de Zaragoza
Un vieyu pergamín hay que lo reza.
Y á miós piés 'ta el Monsagru con so ermita
Que nos siglos sirvió d'escondidiella
A les Santes Reliquies que en Uvieo
Todu 'l mundu cristianu reverencia.
Pel Poniente hay les sierres de Bedures,
Que el Feniciu furó la vez primera,
Y tras elli el Romanu, que sacaba
Co les venes de sangre d' oru vena.
Entovía se atopen les migayes
Per un llau y per utru, y per Navelgas;
Y baXando pel río á Cornellana
Cuéyenles los paisanos ente arena,
Que mezclen con el zógue y dempués lleven
Regolviéndolo xunto 'nunca duerna.
Qué tó decir de Cangues, nin de Pravia,
De les Luiñes, Caranga y de Teberga;
De Grao, de Quirós nin de Proaza,
O sitios qu' endayuri el güeyu viera?
Yo non tengo palabres pa esplicallo,
Y déxolo p'algunu que más sépia.
A lo llargo mirando pa Castía,
Está la enrevesada y alta sierra,
Que allega desde el mar de meudía,
Espurriendo los piés, á Finisterra.
Y pel mar! Dexarélo pa utru día,
Que sinón va llevame muncha xera,
Pos falta por falar lo que Dios sabe,
O quiciás se me acabe la pacencia.
Ente montes y montes, tantu valle
Tantu ríu s'atopa y arboleda,
Tan hermosu cad' unu pel so estilu,
Que si dan á escueyer náide escueyerá.
¿Quién ye el que pintar puede el Paraisu
Que dende Sobrescobiu á San Esteban
Quier decir, desque naz fasta que muerre,
Per ú pasa el Nalón con so agua riega?
Aquí mansiquín cuerre per un valle;
Allí furó una bóbada na peña,
Acá fierven y gufen sos rabiones,
Alla, si un peñadal el sitiu estrencha,
O encuéyese y apierta pocu el pasu,
O chando golfaraes salta juera,
Más abaxo y abriéndose en dos brazos,
Una isla encantada entre ellos dexa,
Mientres d' aquí y d' allí más ríos baxen
A xuntase con él á la carrera..
Nun llau da les truches regales,
En utru les anguiles y llamprea,
Acá cría á montón esguinos rales,
Les traínes allá de salmón llena.
Y todo ello ente un agua cristalina,
Que cuanto hay fasta el suelu trasparienta,
Y arrodiau de praos, montes, cases,
De espesura y verdor per cada vera.
Aquí yera el cantar, aquí reíse,
Si el reíse y cantar, de dicha é seña,
Pos aquí tóo canta y rise tóo,
Flores, páxaros, aire, cielu y tierra.
Les fontes están siempre marmullando
Al gorgolar el agua de la peña,
Y los páXaros van de rama en rama
Cantando sos amores en so llengua.
El regatu paéz que canta y llora
De guixarru en guixarru y piedra en piedra,
Y les rames abáxense á abrazallu
Falagándoles él á la carrera,
Y dándoyos un besu en cada pómpara,
Que al Xuntáse con elles arrevienta.
Enriedáu con unes y con otres,
Paéz qu' apara un poco y arrepresa,
Pero esmuzse enseguida callandino,
Pos otres más abaXo 'tan 'n espera
Y á toes elles quédenyos pingando
Goteres como llágrimes que is dexa.
El aire suaviquín y gasayosu,
Agua arriba, agua abaXo les Ximielga.
Y á poneles pingando y á secalles
Celosos un del otru van á tema.
Ri que ri, sin parase á tomar fuelgu,
Tan los grillos cantando na praera,
Galana co les flores á millares,
Que non más que la mano de Dios sema.
Per escayos y sebes ropiellaos
Campanines, villortos, mariselva,
Entre piñes d' amores negres, roxes,
Que á miel saben coídes pe la fresca;
Del cenoyu '1 oriéganu, ortelana,
De todo ello faciéndose una mezcla,
Arreciende un golor que non se sabe,
Pero 'l alma adormez y el pechu enllena.
A la vera del río en qu' una nasa
Del' cañal al remate truches piesca,
Remangau el calzón á los cadriles
Un rapaz corta un ramu de salguera;
Y sacándoi con maña, en sin quebrase,
El cañutu que sal de la corteya,
Igua arteru un xiblatu con que toca
Al compás del sonsón de la reguera.
Disti sen á la sombra de carbayos
Apeluquen les vaques herba fresca :
Si echa el mozu que llindia una tonada,
ArruXídeni d' otra carbayera,
Y apórfien á quien más y meyor canta,
Sonsañándose el son y la cuarteta,
D'utru sen, p' ente espesos castañales,
Que cad' un tién un bálagu de fueya,
Sonen gaitas, tambor y volaóres
Que fan en sin querer alzar la pierna.
Ye que van con un ramu de seguío,
Nin sé si pa Llugás ó pa la Cueva,
Non fechu de rosquíes y panoyes,
Sinón que ye d' un añu una nuviella
Galana, roXa, llúcia y encintada
Y en tá ye poco, pa quien ye la ofierta.
Cuesta arriba blincandu van les cabres
Tosquilando llambiones la mortera;
Ansí qu'oye el mozacu que les curia
Nutru escobiu ruXir dalguna llueca,
Desataca el zurrón que trái na 'spalda,
Saca d'elli torcía turullera
Da un toquidu qu' enllena les cañaes
Y atendi si dalgún i da rempuesta.
Per encantu, ó non sé qué tién el cuernu,
De sos coses sin vése dánse cuenta
Con tal arte, que ye una maravía
Que naide, á non oíllo,lo creyera.
Ello ye que pel llanu, pe los altos,
Per el ríu, pel monte y per u quiera;
Fáiga el llabor que fáiga 'l aldeanu,
Que trabaye pa sí, qu' este d' andecha,
Tempranino, de nuechi, al meudía,
Qu' el mundu 'sté regüeltu ó quietu 'stea,
Atentu al so llabor él siempre canta,
O satisfechu ó pa 'scuerrer la pena,
Si detrás de les vaques perezoses
Regolvi co 'I llaviegu fonda secha;
Nel sallu, cuando rinquen el morgazu,
O arralando el maíz cuando s' arrienda
Al siegar el narbasu y facer cuques,
O panoyes llevar na 'squirpia enllena;
Cuando texe les riestres na 'sfoyaza,
O, esbillando, el tarucu llimpiu dexa,
Atentu al so llabor él siempre canta
O sastifechu ó pa 'scuerrer la pena.
Canta cuando pel sol del meudía
Co les mesóries les espigues piesca,
O na era á dos files con manales
Máyales al compás y suelten la erga;
Y cuando la rabila y les muyeres
Bañen la escanda qu' en sin poxa queda.
Y canta al cabruñar el so gadañu,
Con que braciando los marallos siega;
Y al montonar la herba nos varales,
Y enllenar la tenada desque seca.
Y canta al xurrascar los castañales,
Que tienen los oricios boca abierta;
Y dempués de demelos, al xuntalós
Pa que ablanden los pinchos ena cuerra.
Y canta cuando 'ta mayando Ilino ;
Y canta si lo 'spoda y lo rastiella;
Y canten les mozaques en la fila
Cuando 'stán esmesando pe la rueca.
Y al coyer la mazana y al pisalla,
Y al dar güeltes al fusu que la apierta,
Y al enllenar les pipes co la sidra,
Mezclándoi torcipié pa dai más juerza...
Entós ye 'l ijujú y son los cantares,
Pos anda la zapica muy lixera.
Cuando fai un magüestu también canta;
Y na danza que s' arma na foguera
La víspera de un Santu, ó de la Virgen,
O de la so Parroquia al ser la fiesta.
Allí ye 'l repicar de les campanes,
Y el tambor y la gaita dir á tema.
Allí ye 'l quemar árgomes á carros
Y d' un llau y del utru co la trienta
De fierru regolver los fogarales
Qu' a la rodiada allumbren media llegua.
EI fumu, les Ilapiaes, les povises,
Que cad' una paéz que ye una estrella,
Retórniense pel aire, y hasta el cielu
Pon roXu el incendariu que llí quema.
Y dempués, al danzar na romería,
Pel moñín engancháos, flendo rueda;
Cad' un co'l atadoñu puestu al brazu
Y xingándose á un tiempu con fachenda,
Pasu a'tras, pasu alantre caminando
Al compás, regolviendo á la derecha,
Y dalgún farfantón arruxidando,
Canten unos delantre la cuarteta,
Y arrespuende el xentíu de la danza
Cantando la Bendita Madalena.
Por cantar ha cantar también el carru,
Que hasta tién en 'a exe cantaera;
Y sin non canta bien, non ye de pasu,
Nin arranquen los gües, pos tienen pena;
Y más qu' ellos á naide lo cuntaron,
Tiénlo el home chantao na mollera.
A la postre el cantar tamién se acaba,
Qu' en 'l mundu non hay cosa que non muerra;
Pero el que canta entóncenes ye 'l cura
Por el alma del muertu. En gloria estea.





A MARIA INMACULADA


¡Ay Maríal

Quixe facer, ¡oh Virgen soberana
De los cielos ! un día to pintura,
Dióme so lluz la lluz de la mañana,
El cantar de los páxaros dolzura,
Perles y flores, y cuanto engalana
Isti mundu, colores y hermosura:
Y, por más q’ alliñalo todo quixe,
Un borrón fói non más lo que yo fixe.
Borrón ye todo lo q’ el home miente,
Si quier escaciplar lo que Dios ígüa,
¿Qué ye isti fuebu, que ´nel seno un siente,
Que cuéz la sangre y no nos fai enxigüa?
Y el telégrafu q` hay na nuestra frente…
Y el llibru en sin ringlones?… ¿quién verigüa
Como… tris… ta un del mundu á la otra vera,
O llée de pe á pa so vida entera?.
Milagros, que dengunu los algama,
Nin teniendo la cencia más erguta:
Entiéndelo Dios solu que lo entama,
Que i diz al mar que calle, y non gurguta,
Como al tronidu que pé ¨I aire brama;
Que arroxa al sol y señalói so ruta:
¡ Y tanta admiración, por Dios criada,
Borrón ye en sin María; non ye nada !
¿Viésteis un ricu, que si en casa `spera
Una presona de la que ye `mante,
Lo de dientro revólvilo pa fueru
Y lo que `stá pa trás ponlo pa ` lante;
Y fáise lo que él quier y como él quiera
O non hay un nacíu que lu aguante,
Hasta q` aquella vien, y entonces queda
Más suave y falagosu q` una seda ?
Ansí Dios, q` al facer el firmamentu
Pensatible non más `taba en Mariá;
En María non más cuando `l cimientu
Del mundu enriba `l aire lu ponía;
Y cuando, con non más tomái el tentu,
Féxoi rodar com` una carretfa;
Y cuando allumó `l sol, lluna y estrelles,
Los rellumos, los rayos y centelles.
Y tantu Serafin, y Anxele tantu,
(Q` á elli, pa ser Dios, no i facin falta),
Que si canten á un coru ,
<> el utru salta,
Pa ella los crió; prestói so mantu,
Y la siella, so Sí, púnxo-i tan alta,
Que si en so esencia non está mecía,
Han estalo na sangre dalgún día.
¡Ay del que tan siquiera dé un barruntu
Que á la Virgen María i tien coícia !
Encontinenti, sin pasa-i un puntu,
Echase-i con apremiu la xosticia.
¿Ye `I primer salibón en isti asuntu
El mandón de la anxélica melicia?
¿Cayó? Pos non hay duelu: ¡ cebellada !
Como María, fuera Dios, no e nada.
Allá vás, ¡ condergau ! á los infiernos.
¡Asina t` afrellás esa zapada !
¡Ansí se desmocaren los tós cuernos
Al dar nel calabión la tuñonada !
¡Y al rinchar les portielles en `os pernos,
Y al gomitar de fuebu la llapada,
En carbón y ceniza te golvieres
Pa que á María llazos no i punxeres !
Pero ¡ quiá ! Si del árbole na fruta,
Qua va comer Adan, él se sofita…
Más que del tueru hasta la coguruta
Lu `smagaye con so baba maldita:
Pos Dios, que bien conoz so cencia astuta,
D` una caspia sacó ya la pevita,
Que semada `nun güertu muy ciarrau,
A so tiempu ha dar frutu sazonau.
Si cuida q` apestando ‘l mundu enteru,
Y de so obra represu, Dios lu afuega,
Non ha haber quien i tríe ya `l gargüeru,
So rabia endegoriada bien lu ciega,
Que non vé del rabión pe `l espumeru
Nalar un arca, que ya `l puertu llega,
Y é que há trer, desque asitie `n una llomba;
De la pevita el güañu una palomba.
Si en Farón, mar, desiertu, fame y sede
Se enfota, como si él no se enfotara;
Enriedos son, que Dios i dexa arrede
Y desígüa-i Moisés có la so vara.
Arca y pueblu de Dios va pa onde debe;
La tierra prometía ya arrepara,
Y trái d’ ella recimos, flor bendita
Del ramu que güañó de la pevita.
¡Ansí fái burla Dios del que altaneru
Contra el so poderíu se !levanta !
¿ Qué ye l` ánxel? ¿ qué el honre? un formigueru
Que desfái, si Ellí quier, có la so planta.
Pero á aquel que ye humilde, pe `I senderu
De sí mesmu lu lleva á dicha tanta
Como á María, que nin home sabe
Nin ánxel cuanta gloria en ella cabe.
Porque igüó-i cielu y tierra pa morada,
Pa llámpares el sol y les estrelles,
Y pa q` en sos palacios faltás nada,
Los ánxeles pa paxes y doncelles:
Y más que Adan non chase la llambiada,
Q` al Verbu i fexo sangre nes costielles,
Barrunto q` el Verbu home se faría,
Non más que por llama-i madre á María.
¿Qué muncho, entós, ye vélu enfurecíu,
Si co `I bien de so Madre un s` avenena,
Y si el utru, que `staba ya advertíu,
A llorar por so gustu la condena !
Abaxo Satanás co `I so partíu !
Pa la envidia el infiernu é poca pena;
Adan y Eva allá foren xustamente
Si á so Ma non tuviera Dios presente.
Agora Adan non ye el que á los lleones
Yos peña, como oveyes, el pelámen;
Lleón ye Dios, q’ encrespa los mechones
Y hasta el gargüeru ensiña-i el dentamen.
¿A ú tás? díz-i, hinchando los polmones:
Y al ruxidu atapando, porque i bramen,
Les oreyes, con Eva sal corríu,
Miedosu, triste, llocu y sin sentiu.
¡Ay ! Non abriamos, non, los llibros santos
D’ aquel tiempu, en que Dios, enllenu d’ ira,
Señaló pe les vegues y los cantos
La tirria del lleón, q’ Elli respira.
Acá sangre, allá fuebu, acullá llantos
Ye lo q’ unu non más tiemblando mira;
Y hasta pa dar al mundu so lley santa
Truenos y rayos, con q’ al mundu ’spanta.
Abriámos unes fueyes más alante;
Ainde, onde ‘l lleón se fái corderu,
Desque cuayó la flor, de q’ un istante
Non dexó de ser Dios hortelaneru:
Ya dúnvia á visitalla por delante,
Pa dir El enseguida, un mandaderu.
Un ánxel, y el recau que i envía
Non más q’ estes palabres, ¡ Ay María !
Cantái, fios d’ Adan, cantái cantares,
La señaldá dexando y la tristeza,
A la que vieno ver los nuestros llares,
Pa frañi-i al degorio la cabeza.
Cantái, fios d` Adan, cantái cantares
A la que ye en sin par e na pureza
Y pa Madre de Dios foi escota:
Cantái co nel arcánxel, ¡ Ay María !
Cuando de l` alba el fresquilIín se siente,
Q’ ella avienta, al correr la so cortina
Aprisa, porq` al sol nunca i consiente
Mirá-i la cara, más que cuerre aina,
Peñera per el llanu y la pendiente
Mil perles, q` arregaza en `a borrina:
Buscái pel campo cuando allegue el día,
Vereis que bordó d` elles, ¡ Ay Maria !
Callenta el sol los brotos de les flores,
Mirándoles con güeyos amorosos,
Y sácayos al rostru los colores
Que siempre la vergüenza fai hermosos;
Per el prao recienden los golores,
Que yos furten los aires enredosos,
Y unes y otres, en bona compañía,
Texen lletres que dicen: ¡ Ay María !
Y si, cansadu ya, `tapez el cielu,
Porqu` elli s` arrecuesta allá pa `lante,
Entóncenes la noche, echando un vuelu,
Sele y llixera sal en un istante,
Tendiendo el so mantón de terciopelu,
Cuayau del rubín y del diamante;
Mirái so relluciente piedrería,
Y lleéi nos engarces, ¡ Ay María !
La fonte, que burbuyes avervena,
El páxaru, que canta con dolzura,
El aire, que `nes rames s` encadena
Y có les fueyes sin parar marmura;
El vientu, el mar, el rayu, y cuando truena
La chispa del rellumu q` apavura…
Todo, á la postre, cuanto el Señor cría
Sin parar apelliden ¡ Ay María !
¡ Oh María, mió amor y mió dolzura !
Nuestru consuelu y esperanza nuestra !
Que te asientes de Dios xunta l` altura
Y de Xexós, tó Fíu, á la so diestra;
Si al ánxele, pa alzate á tal ventura,
De lo que había falar se i punxo muestra…
Non puéo en to alabanza ¡ oh Madre mía !
Dicíte más q’ el ánxel, ¡ Ay María !





¡ POBRE MADRE !

Currucada en portal n’ el santu suelu,
Co’ les manes á Dios en el regazu,
Los güeyos ‘tristayaos y mirando
Ententes pa ‘l aleru del sobrau;
Sueltándosei dalguna que otra llágrima,
Gorda como les perles del rosariu,
Está una probe madre, que da pena,
Pos d’ una Dolorosa ye el retratu:
Dengunu al vella ansina non dixera
Que noi ‘charen los polvos d’ un encantu.
Ya dís que, en allegando la tardina,
Los llabores que fay dexa pa un llau,
Y escalzando los pies, pa non fer ruidu,
Y con tentu y cudiáo ‘echando el paso,
Vien de puntes, igual que si ún dormiera
Y tarreciés la probe despertallu.
Ye pa non escuerrer una andarina
Que, ente el múriu y ‘la aleru, allí apiegau
Tien el ñeru, y paéz que á la so cría
Reláta el óra, óra con so cánticu,
Aposada ‘n ‘a güelta d’ un gabitu,
Que metanes xunto élli ’stá ’spetáu.
Non sabe lo que ye, si son hechizos,
Lo que i fay dir pa allí casi que al rastru,
Y en sin apístañar y en sin allendu,
Oyer d’ aquella páxara el verbariu.
¡ Qué coses se i acuerden á la probe
D’ un tiempo que se fói como un relámparu !
Qué llagues non se i abren dolories
Col ñeru que ’stá enriba y con el páxaru !
Oyéi lo que i relata á la andarina,
Igual que si falás con un cristianu :
«¡ Páxarina ! tú que vienes
Cuando en campu la flor sal,
Y en llegando la Seronda
Ella vien y tu te vas;
>Tú non sabes ¡ paxarina!
Cuanta ye mió señarda
Al oyite tan alegre,
Xunta ‘I ñeru tó cantar.
>Tú la culpa non la tienes
De la pena que me dá,
Porque mal non me fexisti
Nin te fexi yo á ti mal,
> Al revés, en esta casa
Yes como un de los demás,
Y non hay quien non te quiera
Y no i guste ver to ñal.
> ¡ Paxarina ! tamién tuvi
Yo fiínos que criar;
Diyos sangre de miós venes,
¡Quién pudiera dayos más !
>Tamién yo canté al par d’ ellos
Como tú cantando ’stás,
Y salía callandino
Désque, añando, dormín ya.
> AI tú dite ¡ paxarina !
Van tos fios ú tú vás,
Y, á non ser aquesi ñeru,
Per aquí non dexes náa.
»Los miós fíos ¡¡ jueron solos !!
¿ Quién á vellos golverá ?
Tu has vinir cuando les flores
Y los miúyos ¿ non viendrán ?
> Como queda solu el cielu
N’ á Seronda, que vos vais,
Y enmudéz des que ya i falta
Vuestru alegre esgargayar.
»Quedó ansina la mió casa
Desque foeron pa acullá
Los miós fíos, ¡ andarines
Que non sé si golverán !
»Si non güelven ¿ pa qué sirven
Esta casa, isti fogar ?
En to ñeru habrá alegría,
En el miúyu pena habrá.
»Tú, que dás la güelta al mundu
Más ína que ‘l sol la da,
Anda ver si los atopes
Cuerri aquí, cuerri acullá.
> Ellos han de conocete
Ansí que oyan to piar,
Y tú á ellos, que los visti
Munches veces nel portal.
»Vaxa, vaxa ¡ paxarina !
En miós güeyos á chupar
De les llágrimes que vierten
Una güena vocaráa.
> Has de dáyosla á miós fíos,
Si los llegues á topar,
Y cuntayos les que lloro
En mió triste soledá.
«Anda, cuerri ¡ paxarina !,
Que si quiés, güelves y vas
En un verbu, ¿ quién supiera,
Como sabes, esnalar !
> Cuerri, cuerri ¡ paxarina !,
Ven cuntame como ’stán;
Si, suañando yo con ellos,
Piensen ellos en so má.
Ven á tréme’n el to picu,
Nel que miós llágrimes ván,
Carta d’ ellos, que sea el pañu
Pa miós güeyos ensugar.
»Anda, cuerri; aquí t’ aspero
Nisti sitiu acurrucáa;
Si, al golver, sin nada güelves
Muérome de señardá. >
Igual que si entendiés lo que i falaba
La páxara ’scolgose d’ aquel palu;
Dió güeltes pe ‘l portal de despedía,
Como si fués facer aquel mandau,
Y, ‘echando un esnalón, sal com’ un cuete
Chillando muy llixera per el campu.





El amor del hogar


Tirai el sitiu á fin de so nacencia,
Ansí fós una vega, ansí fós braña;
Dispónxolo EL QUE PUEDE, pa quel mundu
De xente senllenás á la rodiada.
Sinón ¿cómo acullá peronde el xelu
Cuáya ‘la llende como ñeve blanca,
Ol sol todo lo pon fecho un tormentu,
Alma nacía hubiés que satopára ?
Baxa un rapaz dun altu, nelque dexa
So casa nuna peña encolingada,
( Con más necesidáes que vayura,
Que sinón non saliera ellí la casa ),
Pa dir ver si cuerriendo llueñes tierres,
Lo que llamen fortuna lu afalaga:
Y al dexar á la postre aquelles muries,
Que el mundu son pa elli y pa so casta,
Pos de padres á fíos ya fay siglos
Que vien dunos enotros so llevancia;
Al ver la vez postrera aquelles teyes,
Co la pena que tien ríncasei lalma,
Y el corazón estrúmai pa los güeyos
Llágrimes, que i escalden pe la cara.
¡ Dexa lo quen dayuri non satopa
Nin se viende nin mierca co la plata !
Allí dió el primer sírpiu cuando al mundu
So madre ente quexidos lu emburriára;
Allí de mayorucu andevo á ñeros
Y piescó calandrinos nuna carba,
Iguándoi so pá muy curiosina,
Pa criallos, de blimes una xáula.
Dempués que adeprendió les cuatro regles,
Quel Cura nel cabildu i ensiñara,
Llixeru al cordal diba ver les vaques
Tos los dís, al riscar de la mañana,
En viniendo el bon tiempu, tras linviernu,
Que el ganao cadún pal puertu afala,
Llibrándose él del sol y algún chubascu,
Nos vellares que fan pe la collada.
Magar que yos muxía nel vallicu
La llechi, que metá tienlo de nata,
Otra güelta baxaba común corzu,
Al sonar el fumeru na quintana;
Y, sientándose en llar al mor del fuevu,
Golpe aquí, golpe allá al follicu daba
Enriba les rodíes, estremando
La debura, quempués so madre escáncia,
De la nidia mantega, que al mercau
Pa fer dalgunos cuartos ella baxa.
Allí non hay un sucu nin un foyu.
Allí non hay peñedu nin cañada;
Allí non hay monte nin campera;
Allí nin camín Ilanu nin de cabra,
Más que sea nel picu, que nes nubes
Se escuende y nelque pon so ñeru láguila,
Que non tengan triáo sos coricies,
De robecos al dir con so pá á casa.
Con aquestes idées imprentaes,
Que non quita del tiempu la cenrada,
Y ente besos, conseyos, bendiciones
De so má, de so pá y de la so hermana,
Allá foy navegando pa les Indies;
Y, fechu á trabayar, trabayó d’ alma,
Dunviándoyos, desqué topó acomodu,
Les premicies que tevo de soldada.
Corrió les dos metaes disti mundu.
Qu’ el non viés al encruz non dexó nada;
Pero siempre amurniáu y pensatible,
Pos tién el pensamientu ú tien la llaga.
Mentái per detrás delli,el picu Isoba,
El Sellón, la Marea ó á Llozana,
Y veréislu espertar como si oyera
Dun ánxele la música encantada,
Que ‘l aire i la truxés en pelondina
Coyéndola al pasar per so quintana.
Entóncenes, igual que ‘nun espeyu
So pá séi representa y la so hermana,
Y so má, que había dar porque i lu güelban,
Tudu ‘l oro molío duna ayalga,
Pos ya lloró más llágrimes por élli,
Qun copín apinau tien de grana.
¡ Ansí cuando furtó los calandrinos
Detrás delli piando foy la páxara;
Que en querer á los fíos son lo mesmo
Los homes y animales juera ‘l alma !
Non puede arrepresar más nel so pechu
L’ amor que en munchos años axuntára,
Y, enllenu el corazón, per el salibu
De los güeyos en llágrimes españa.
Tresaléz por golver pa la casina,
Que ta enriba la peña encolingada,
Y yé, como quien diz, el so caxellu,
Faciendo nel ensamu bona falta
La abeya, que chupó en llexanes tierres
El zúmen de la flor quiciás amarga,
Y de gustu y golor á cual más ricu
Pacá de cera y miel güelve cargada.
Quixera esnalar más quna andarina;
Quixera cuerrer más que ‘l aire ’snala;
Quixera poder ‘char dallá un rebalgu,
Posando lutru pié na so corrada;
Pos prúyei allegar cuanto más ina,
A pagar el desquite, con ganancia,
De los besos, conseyos, bendiciones
De so pá, de so má y de la so hermana.


Oviedo, 10 de Octubre de 1878




Refugium peccatorum


Ora pro nobis
Dexa, Señora, Madre y Reina minya
Que bébia pa cantar tos alabances,
Na clara fonte de la gracia Tuya
Una pinta ná más, una burbuya,
Que supla lo que is falta á miós alcances.
Dexa allegar mió boca á la corriente
Y en sos gorgotos que la sede mate:
Déxame saborgallos amplamente,
Pa ‘l pechu enardecer, y que mió frente
A suaños d´amor tuyu se arrebate.
Nisi fornu d´amor, siempre arrooxau,
Pos ye´l ardor divino el que lu tiza,
Al mió corazón triste y engurriau,
Calléntalu, qu’ está per axelau;
Morriói el fuebu ya, quedói ceniza.
Y estando po los años arreciu
¿Qué sirve de que i pruya á un probe vieyu
Féte el postrer cantar, si al pechu fríu
Noi allega ferviendo el to soplíu,
Que lu abure en to amor y i de conseyu ?
Quixés remocicar, non pa entovía
De vivir allargar la caminada,
Sinón pa festexate ¡ Má quería !
Ganáte el corazón y á¨l alma mía
Tenella antes del xuiciu perdonada.
Qué va a ser de mi probe, si Dios me echa
La pena, que merezco por miós culpes,
De qu’ El tíen ce por be la llista fecha,
Y si al dái cuenta d’ elles muy estrecha,
¡ Má del alma ! á isti fío non disculpes.
De que tu yes mió Má y yo ‘l to fíu
Bien te lo encamentó el Señor clavau
Na Cruz, cuando soltó el tercer clamíu
Y, en xusticia, el que tíen que ser cumplíu
El primeru, ye l’ últimu mandau.
En isti enfotu gárrome al to mantu
Y clavo nel Señor los gueyos míos;
Vellu en Cruz por miós culpes dame espantu,
Desapéname Tú por to amor santu,
Pos yes corazón toa pa tos fíos.
Y Tú, Señor, sin vida y qu’ al velume
Ente el cielu y la tierra la Cruz puesta,
Quiés que, tiemblando el mundo, el sol sin llume
La llanza al corazón To sangre estrume,
Allárgame el perdón que tal te cuesta:
Que si debe el trabayu de les obres
Ser la regla del costu á qu’ élles salen
Y si á isi tenor les tuyes cobres,
Yo del bien todu faltes, del mal sobres,
¿Con qué voy á pagate lo que valen ?
Sal por mi la To Madre, á quien i asisti
Bon por qué pa esa gracia merecella;
Si del senu del Padre acá viniste
Fo al To senu, y la sangre que vertiste
Nel mesmu te foy dada, y era d’ Ella.
Sin mancha de pecau concebía,
Pa triar la culiebra engañaora;
De toes les muyeres la escoyía,
Pa que fués la Má tuya, redimía
Si foy, Ella ye corredentora.
Muy lluego por mió vez vo á la presencia
D’ un xuez que non se tuerce á ser llamau.
¿ A quién no lu pizcaña la concencia?
¿Y cuálu, pa que afloxen la sentencia,
Non tíen bon menester d’ un abogau?
¿Y lu hay como yes tú? Quién poderíu
Lu tien igual al to? Si non yes Diosa
Del Padre Eternu yes el meyor Críu;
Y el Fíu de Dios vivo ye To Fíu
Y yes del Santu Espíritu la Esposa.
Y siendo Tú la Má, la Esposa y Fía
D’ Cristo, del Paráclitu y del Padre,
¿Qué ha negar isi Pá á la To porfía ?
¿ Fóite al contra el Esposu dalgún día ?
¿Y el Fíu no ha `star súditu á so Madre?
Manda Tú, pos que tienes en sin tasa
De la tierra y del cielu los poderes:
Tú yes la dispensera de la casa;
Per to mano los dones Dios mos pasa
Y fránquia á sos tesoros les peslleres.
Y pos dióte el Señor tal poderíu
Pa amparar desgraciaos pecadores,
Atendi compasiva al ruego miu,
Y duelte d’ isti probe desvalíu
Que tien bon menester de tos favores.
Aina va salir el mió procesu
Y si el xuez por mios culpes ye contrariu,
Pos fui ¡Ay de mi probe ! muy aviesu,
Poneivos Tú y to Fíu en contrapesu
Pa enclinallu al conciertu del Calvariu.
Del infame maderu á recostines
Fixeron sollivialu al Cirineu:
Sin sangre y derrangau á deciplines;
Sin fuelgu y coronau con espines
Que is morriés pel camin tuvieron mieu.
Pero entá allegó al Golgota arrastrau:
Ena Cruz se enclavó al Divinu frutu
Y ente inxuries y afrentes fo emprúnau,
Y al vese por so Padre abandonau,
Entrugandoi por qué, dió un gran sollutu.
Non por eso sintió vese humanau
Pal home de Dios home ser valíu
Qu’ acabantes de ser atormentau
A so Padre escusómos de pecau
Y el perdón de la pena y fo pidíu.
M´s pa Tí el Consumau foy muy triste
Llamándote mujer, entamó el trueco,
El mesmu qu’ en to seno concebiste,
De cambiáte en mió Má y Te aveniste
A que fués fíu tuyu isti provecu.
Y pos debo de Cristo á les bondaes
El que seas mío Má y la mío Tutora,
Ten les puertes de mió alma bien guardaes,
Les del cielo de par en par franquiaes
Pa alabáte allá siempre i A Dios Señora !