domingo, 1 de agosto de 2010

CARTA A SERAFÍN MARÍN

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-Querido y admirado torero:


Le escribo sinceramente consternado tras la ominosa consumación del prohibicionismo politiquero. Rafi Camino ha dicho que pocos como usted habían defendido su patria y su profesión con tanta dignidad, y eso es muy cierto. Quizá por eso le escribo. Quizá por eso y porque me emocionó verle con barretina y con la senyera, enseña heredada por los condados catalanes de la Corona de Aragón; enseña en la que se inspira la bandera roja y gualda que empezó a ser ondeada en la marina de Carlos III. Me gustó mucho ese noble y sublime gesto suyo y me dolió profundamente que hubiera tipos que le abuchearan; tipos a los que yo no llamo gilipollas, pues si lo hiciera me quedaría muy corto. Tipos que me recuerdan muchísimo en su cortedad de entendederas a aquellos que se hacen llamar antitaurinos.


Verá vuesa merced, yo no soy lo que se dice un aficionado taurino. Si me hablan de verónica o manoletina a mí eso me suena a motes femeninos. Creo que las muletas son para los cojos y nunca supe a ciencia cierta porque ningún torero se deja las barbas. Lo más cerca que he estado de ir a los toros ha sido en un par de capeas en El Ronquillo (Sevilla), donde no me atreví con la vaquilla no fuera a que, debido a mis ciento noventa centímetros de estatura, me motejaran de torero cigüeño. Siguiendo en el tema, puedo decirle que conservo una foto autografiada con la que Morante de la Puebla obsequió a mi abuelo materno, quien por coincidencia ostentaba el mismo apellido como apodo; de lo poco que he visto de Morante de la Puebla me parece que es un torero de clase. Me impresiona el salto de la rana del Cordobés y el extremo arrojo de Juan José Padilla, y algún debate recuerdo de mis mayores sobre Curro Romero. Y poco más le puedo decir sobre una tauromaquia que nunca me llamó la atención. Sin embargo, desde hace tiempecillo cada vez me pica más la curiosidad. Una vez le escuché a Javier Conde, en el programa “Toros para todos” de Canal Sur, que los antitaurinos le estaban haciendo un gran favor a la fiesta, pues con sus historietas, estaban haciendo que muchos pintores, literatos, actores, etcétera, que podrían sentir una apriorística indiferencia hacia los toros, cada vez se están acercando más. Yo no me meto en ese saco, don Serafín, porque a lo más que llego es a ser un intento de poeta y licenciado en Historia que nunca ha podido ejercer en algo mínimamente relacionado con la carrera. He publicado un libro de poesías y muchas veces cuando las releo siento sonrojo.


Pero bueno, que nos vamos por las ramas. Antes que otras cosas, vamos a ir con los argumentos de los antitaurinos:



-LA TAUROMAQUIA ES BARBARIE Y SALVAJISMO, LO MÁS CONTRARIO A LA INTELECTUALIDAD. No es serio, máxime si mentamos ilustres personalidades que se inspiraron y gustaron de los toros, tales como Francisco de Goya, Federico García Lorca, Miguel Hernández. Gabriel Celaya, Ramón del Valle-Inclán, Ernest Hemingway, Roy Campbell, Rafael García Serrano, Orson Wells, Salvador Dalí, José María Pemán, Pedro Muñoz-Seca, Rafael Alberti, Pablo Ruiz Picasso…Incluso Hillaire Belloc hizo algún “símil taurino” en uno de sus controvertidos artículos y Alexander Solzhenitsyn pidió ver una corrida de toros cuando estuvo en nuestro país. Hombre, nombro estas personalidades - tan dispares entre sí - como podría nombrar hoy las de Juan Manuel de Prada, Antonio Burgos, Albert Boadella, Alfonso Ussía, Fernando Sánchez Dragó, Antonio García Barbeito o Pere Gimferrer. Boadella y Gimferrer son catalanes como catalán era Dalí, como catalán es el gran cantautor Joan Manuel Serrat, quien también se ha dejado ver por muchas plazas de España con su colega Joaquín Sabina.



Hay un individuo de “La Fura dels Baus” que dice que hoy Picasso no pintaría sobre toros. Sin duda es toda una gran especulación filosófica. A lo mejor a día de hoy tampoco Sergio Leone haría spaghetti western, Oscar Wilde no escribiría sobre Dorian Gray o Rubens* no pintaría las tres gracias. Quién sabe….


Puedo admitir, intentando adentrarme en el subjetivismo ajeno, que los toros puedan provocar una sensación de antigüedad desagradable. Más allá del chiste de Paco Gandía situado en Itálica, dudo que nuestros remotos antepasados usaran capotes de grana y oro; pero no me cabe duda, y a los cronistas antiguos me remito, que tenían una cultura trascendental táurica, sobre todo enraizada en lo tartéssico y lo ibero, que entroncaba con pueblos mediterráneos como Creta. El problema es que los “historicistas” no saben que la Historia no es un supermercado donde escoger la oferta que más conviene, y por eso yerran ridículamente una y otra vez. Así pues, comprobamos que no existe objetividad alguna en este argumento, así como tampoco podrán acusar a la República Francesa, que les ha llevado la contraria, de barbarismo inculto; y menos a ese sur francés que tan profundas raíces catalanas tiene y donde tanto gustan los toros. Tierras que perdieron su catalanidad entre el mal gobierno del conde de Olivares y la incompetencia de Pau Claris, hablando de historia y cultura. Más de un siglo antes, Juan de Austria se había destacado en su juventud a caballo frente al toro. Y más o menos del XVI al XVII se puede leer una crónica en la que se habla de los moriscos como muy aficionados a los toros.


Ah, y un detallito: Ernesto “Che” Guevara disfrutó de una corrida de toros cuando estuvo en Madrid en pleno franquismo.




-LA TAUROMAQUIA NO ES NINGUNA FIESTA NACIONAL: Bueno, en eso estamos de acuerdo. Porque yo pienso que la tauromaquia es más que fiesta nacional. La tauromaquia, como tantas vocaciones hispánicas, proyecta una luz universal, que brilla sobre la Ciudad de México, Quito, Lima, Barquisimeto o Bogotá; como en su día llegó a brillar sobre Tetuán y Maputo. La tauromaquia es una fiesta de fuertes raíces ibéricas expandidas sobre una diversidad de territorios que comparten un espíritu afín por más que los avatares de la historia sean de una u otra manera.


Reconozcámoslo, ahí llevan razón. Eso de “fiesta nacional” se queda corto.




-LOS TOROS SON UNA IMPOSICIÓN DE ESPAÑA CONTRA CATALUÑA. Vamos a la raíz. La palabra “español” no es original del castellano; viene de los antiguos romances del sur de Francia y Cataluña. Sus antepasados, don Serafín, antes de nombrar a su tierra como Cataluña la nombraban Marca Hispánica, término que también usaban los francos a los que se acogieron frente al islam. Los que habitaban aquella hermosa parte del nordeste ibérico eran conocidos como “hispani”, y de “hispani” se comenzó a hablar de “hispani-ol”, una terminación muy típica en lengua catalana, culta lengua latina que como dijo Marcelino Menéndez y Pelayo fue pionera en España para escribir sobre filosofía, por ejemplo. Podríamos quejarnos de que esto es una imposición catalana. ¡Pero fíjese que es al revés, que muchos nos sentimos orgullosos de que los catalanes nos enseñaran a llamarnos españoles!


Muchos culpan a los emigrantes de otras regiones españolas de la imposición taurina. Es como si en Sevilla culpáramos a los catalanes emigrados siglos atrás del nombre de la calle Catalanes o del origen de la hermandad de Montserrat. Este personal no es serio, señor Marín. Mucho antes del desarrollismo de la segunda mitad del siglo XX del que tanto disfrutó Cataluña había toros allí. Creo que la cosa lleva como siete siglos. Y si nos remontamos atrás como decíamos antes, los antepasados de los catalanes que bien iberos eran pues….No, los emigrantes andaluces, extremeños y gallegos que fueron a Cataluña a trabajar, siguiendo dentro de su patria, no llevaron los toros. Entre ellos los habría más y menos aficionados, mientras Cataluña contó siempre en su cultura propia con un dilatado currículum taurino. En cambio, lo que es un hecho es que muchos hijos de emigrados se han hecho separatistas y han secundado un antitaurinismo cerril y atroz, mientras que el toro lleva mucho tiempo formando parte de la cultura catalana, intrínsecamente ligada al resto de España; mientras que la única imposición es la prohibición de los politicuchos.




-SER ANTITAURINO ES SER ECOLOGISTA: ¡Y un cuerno, nunca mejor dicho! Si la tauromaquia desapareciera, más allá de la ruina económica que produciría ipso facto, sería el paraíso para los especuladores inmobiliarios. Los constructores de chalets adosados, a pesar de la crisis económica, brindarían con champán. O a lo mejor con cava. Miles y miles de hectáreas quedarían “improductivas”, perdiéndose ecosistemas únicos y típicos, perdiéndose toda una flora y fauna que respira gracias al mundo del toro; perdiéndose en pro de la contaminación y el mal gusto. Eso por no hablar que desaparecería una raza única en el mundo, el toro bravo que como símbolo vivo va de la Península Ibérica a las Américas y también pisó suelo africano. Animal señero que es el que más cuidados recibe, que no se olvide. Yo no sé muy bien qué es el ecologismo pero sí sé que soy un defensor acérrimo de la naturaleza, como lo era John R. R. Tolkien, y más de la naturaleza de mi nación, tierra de mis padres y antepasados más remotos.


La desaparición de los toros supondría una ruina ecológica y económica. Como estoy de acuerdo en que todo programa para la preservación del lince ibérico es poco, también estoy de acuerdo en no exterminar al toro de lidia.


Si uno fuera ingenuo y creyera medianamente en ciertas “sensibilidades”, vería que si tuvieran lógica pedirían a lo mejor una tauromaquia a la portuguesa, sin que se matara al toro y dándole más protagonismo a los forcados. Si fueran lógicos, pues pensarían, como tanta gente piensa, que a quien le guste vaya y que a quien no le guste pues no vaya. Preferirían eso si fueran conscientes del bien natural que representa el toro. Pero lo de este personal ni es lógico ni es coherente, no le podemos pedir peras al olmo. Su “sensibilidad” es selectiva, así que no prohíbe los canarios enjaulados, no prohíbe las granjas que utilizan “métodos transgénicos” con cochinos, vacas y gallinas, ni prohíben el foie gras. No cabe la confusión: Esto no es más que una herramienta politiquera, un pulso de odio.; táctica que no se atreverían a usar en el País Vasco, Navarra, Extremadura o Andalucía porque en seguida sabrían de sus nefastas consecuencias de cara a un pueblo cada vez más cansado de sus tonterías.


Poniendo otro ejemplo, respeto profundamente a los vegetarianos pero lo que no respeto es que me digan que ser vegetariano es una especie de prurito moral superior. Les recuerdo que Adolf Hitler era vegetariano y por cierto, también muy antitabaco. También les recuerdo que los nazis siempre fueron antitaurinos. Y en esta línea, vamos con otra cosa:


-EL TORERO ES UN ASESINO: Volvamos al poeta Gimferrer, el cual nos dice que, atendiendo a esta consigna, igualaríamos el animal a la persona, y eso es un disparate sin fundamento alguno. Yo soy bisnieto, nieto y primo de carniceros; no eran asesinos. La cacería y la pesca no es asesinato. El toreo no es asesinato. El aborto sí es un asesinato, y más de un millón de asesinatos infanticidas hemos padecido en España en poco más de dos décadas, con la bendición de muchos que se dicen antitaurinos, ante la pasividad de los mismos politiquillos que nos han llevado a este desastre. Un feto sí es un ser humano, ya sea de tres días o de siete meses, por más que disguste a ministros analfabetos. Un toro no es un ser humano, es un noble animal y a mi juicio, totémico para con el mundo hispano.


Más sufre el toro en los correbous - que no quieren quitar porque ese espectáculo se da mucho en zonas de voto separatista – que en la Monumental de Barcelona que quieren cerrar a cal y canto por mera bellaquería ignorante. Yo creo que ni saben que el toro bravo es capaz de embestir en un momento dado….


¿Regularán que los menores asistan a la caza? ¿Prohibirán la pesca por televisión? Nos permitimos el beneficio de la duda….Pero no dudo en que me tacharían de asesino si mato a una mosca que me está molestando. Así son las cosas: Ni seriedad ni razón.




-PUES EN CANARIAS SE PROHIBIERON Y NADIE SE DIO CUENTA. No sé si en las Canarias se prohibió por decreto como ahora ha pasado en Cataluña, pero si así se hizo, mal me parece. Resulta ser que en las Islas Afortunadas, tan españolas como Cataluña, no había afición a los toros y el tema se estaba muriendo por inanición. Bien, pues eso me parece “lógico”, si no hay afición, a santo de qué tiene que haber toros; no tiene sentido. Pero no es lo que ha visto Cataluña con José Tomás.


Con todo, lo que no dicen es que en las Canarias sigue habiendo muchísima afición por las peleas de gallos.




Podríamos seguir, ¿pero para qué? Sabemos que todo este embrollo no ha sido decidido por el pueblo catalán. Ha sido decidido por los politiquillos como una muy sucia herramienta ideologizante-electoralista, mientras no se plantean bajarse el sueldo, modificar la ley electoral o atajar el despilfarro que nos está llevando a la ruina moral y material más absoluta. Sin listas abiertas ni circunscripciones pequeñas y claras, ahora rompen su totalitaria disciplina de partido en pro de la “conciencia”. Pero ya hemos repasado la conciencia (Y la vergüenza) que gastan estos que no saben ni lo que hablan, sean de izquierda, derecha, el centro y para adentro.



En fin, Serafín, disculpe la extensión de mi carta pero si no lo digo reviento. No podía callar contra este atentado al arte, a la cultura, a la tradición, a la naturaleza, al sentido común, a la sensatez. No puedo callar frente a zafios acomplejados y bananeros soplagaitas que se creen novedosos cuando no hacen más que repetir errores muy viejos. Ni puedo ni debo ni quiero.



Mantengo que este absurdo prohibicionismo me pilla consternado, y más viéndolo abatido frente a los mandamases. No se deje abatir maestro, no se deje abatir. Esta reata de malhechores no merece su abatimiento. Hace tiempo leí una carta de un excelente pintor paisano suyo, Augusto Ferrer Dalmau, como usted catalán hasta la médula, se ha marchado de la bella tierra de Raimon Muntaner por hartazgo. De la misma tierra que Jacint Verdaguer, Joan Maragall y Josep Pla, la tierra de la sardana, la jota y el espanyolet, la tierra de donde salieron los repobladores de Camas y Coria del Río, la tierra que tanto nutrió a los almogávares hacia Sicilia, Atenas y Neopatria ; tierra que dio tantos soldados en los Tercios de Flandes, tierra de la resistencia frente a Napoleón con Álvarez de Castro al frente; la tierra de esa gente constante, laboriosa, aventurera, culta e intrépida que a finales del XIX controlaba el comercio con Cuba y era un espejo en todo el Mediterráneo. Una tierra abierta y acogedora, celosa de su identidad sin rechazar aspectos que nunca le fueron realmente ajenos.



A pesar del pesimismo latente, pienso que no todo está perdido y Javier Conde tiene razón. Muchos vinieron, muchos están viniendo y muchos otros vendrán en defensa de la tauromaquia, sin imposiciones maniqueas y artificialidades inhóspitas. No hay mal que por bien no venga ni mal que cien años dure. Estos politicuchos nos han llevado a tremendas anormalidades, como que exhibir una bandera de España en España esté mal visto; pero ya ve usted que buena parte del pueblo está harto de tantas tonterías y ha aprovechado un triunfo futbolístico para mostrar su españolísimo orgullo. En el deporte se ha visto que cuando gentes de todas las regiones españolas nos unimos no hay quien pueda con nosotros. Apostemos por esa unidad frente al rencor y la mezquindad de los politiquillos. Yo le puedo decir que soy español por andaluz y andaluz por español y que carezco de complejos irritantes, no diferencio una cosa de la otra porque es parte de un todo, un todo maravilloso que tenemos que compartir y defender, también con el mundo hispanoamericano. No sé si usted seguirá los mismos pasos que Augusto Ferrer Dalmau, ahí nada se me ocurre. Pero sí sé de buena mano que usted será muy bien recibido en cualquier tierra de España, y que podré recitar con usted a Gabriel Celaya: “soy un ibero/y si embiste la muerte/yo la toreo”; y ojalá algún día pueda aclamarle en la Maestranza de Sevilla agitando el blasón de la Corona de Aragón, evocando la libertad, la libertad que nos llevará a muchos a unirnos para demostrarle a los oligarcas de tres al cuarto que les ha salido el tiro por la culata.



Ya que me he extendido más de la cuenta en mi pseudo-barroquismo, aquí le dedico unos versos que hace tiempo hice, pensando mucho en la imagen del toro de España de Miguel Hernández:


TORO BRAVO



Toro de piel curtida,
Toro de férrea arrogancia,
Toro, toro bravo,
Iberia, Hispania.


Raza inflexible,
Raza indomable,
Templo de fortaleza,
Alcázar agradable.


La vida como lucha,
Aire puro del campo,
Con el caballo es,
Centinela mediterráneo.


Toro de cultura y tradición,
Toro de constancia y valentía,
Hacia América navegó,
Con su briosa maestría.


Toro de dehesa y encina,
Toro de sol y albero,
Señor de la naturaleza,
Caudillo del centeno.


Toro de sangre y espada,
Toro de furia empapado,
Toro de purificado arte,
Toro, toro bravo.



Sinceramente suyo,

Antonio Moreno Ruiz.

http://poemariodeantoniomorenoruiz.blogspot.com


http://imagenes.solostocks.com/m130453/bandera-espanola-emblema-toro-osborne.jpg