domingo, 8 de agosto de 2010

MIS REFERENCIAS LITERARIAS: RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN

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Hacía mucho tiempo que no leía al genial gallego, joya de la Generación del 98. Recuerdo perfectamente cuando en el instituto nos mandaron leer Luces de bohemia. Si mal no recuerdo eran tiempos del BUP. Es una obra de teatro impresionante, muy cálida y sincera, con unos ambientes y diálogos bien directos; muy apta para el cine; y cómo olvidar los magistrales los papeles de Paco Rabal, Agustín González e Imanol Arias. La película fue muy fiel al original, como hizo Garci con El abuelo de Benito Pérez Galdós. Luces de bohemia lo recuerdo con mucha viveza como digo. Para mí era una obra realmente totémica, muy insertada en cierto regusto modernista, con la consiguiente admiración por Rubén Darío, y definición creativa de lo que Valle-Inclán argumentó como esperpento, esto es, definición de deformación grotesca. Aparte, recuerdo algunos extractos sueltos sobre su trilogía de la Guerra Carlista, pero mucho más difuminados.


Ahora le ha tocado el turno a Tirano Banderas, en una edición de Espasa Calpe dirigida por Alonso Zamora Vicente, adquirida en la feria del libro de Punta Umbría (Huelva). ¿En la línea de El señor presidente de Miguel Ángel Asturias? Pues hay quien dice que sí, aun con estilos muy diferentes. Valle-Inclán consideraba a Tirano Banderas como su primera gran novela y estaba muy orgulloso de ella. Yo lamento no poder opinar lo mismo. La obra se me ha hecho confusa, y la estructura tan rígida a veces se me hacía incómoda. Lo que sí me admira muchísimo es su “experimento lingüístico unificador”: Valle-Inclán crea un universo único con modismos de Argentina, Paraguay, México, Guatemala, algunos casticismos castellanos y gallegos, y algunos términos incorporados del caló gitano. Por tanto, una de cal y otra de arena en esta veraniega lectura.

Curioso es que los genios se adelantan en su tiempo. Este caso fue claro en Gilbert Chesterton. Valle-Inclán se basó en imágenes de Rosas, Melgarejo, el mariscal López o Porfirio Díaz para recrear su Tirano Banderas, y en este sentido no se me hace muy realista, al menos hablando en plata historiográfica. Sí me parece totalmente visionario el discurso que el avezado galaico pone en boca de un revolucionario opositor a Tirano Banderas; discurso que hoy están siguiendo (A mi juicio, por desgracia) no pocos gobernantes iberoamericanos.

Como rasgo anecdótico, Valle-Inclán va a plasmar en esta obra sus obsesiones por el mundo del ocultismo.

Por supuesto, he de reconocer que supone el reencuentro con uno de los maestros de nuestra literatura, un maestro al que hay que reivindicar en justicia por su calidad renovadora.

Valle Inclan



Museo Valle-Inclán



Asociación Cultural Amigos de Valle-Inclán. Vilanova de Arousa