miércoles, 3 de noviembre de 2010

MIS REFERENCIAS LITERARIAS: ÓSCAR MUÑIZ. "BOBES, LA CÓLERA DE DIOS".

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-Ediciones Azucel, 1990.


Bueno, bueno, bueno. Hemos aquí la penúltima entrega de mis lecturas sobre Boves. De momento haremos un parón. De momento....

Este libro, al igual que La División Infernal. Boves, vencedor de Bolívar, lo adquirí en Librerías Ojanguren.

I.S.B.N.
Estado
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Autor
Editorial
Colección
P.V.P.
978-84-86546-17-5
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Bobes, la cólera de Dios.
Muñiz, Oscar
Azucel, Ediciones
7,81


Estamos ante una "novela histórica", al estilo de Boves, el urogallo, de Francisco Herrera Luque. O una "biografía novelada" o una "historia fabulada". En cierta medida es una "contestación". En Francisco Herrera Luque se aprecia más Boves desde una óptica ultramarina y en Muñiz desde la peninsular (Y no en vano nuestro autor es asturiano, al igual que nuestro personaje histórico). En las formas de apreciación y escritura; empero, ya saben mi oposición a fijar esto como un "conflicto entre peninsulares y americanos"; simplemente intentamos describir los estilos, que no son excluyentes sino complementarios.

A mi juicio, eso sí, la obra de Muñiz está mejor documentada.

Vamos con un esquema crítico, pues, añadiendo a todo lo que venimos coligiendo:

-Tenemos otro dato importante: El "bestia" Boves, al entrar triunfalmente en Caracas, salvó el tesoro botánico de Celestino Mutis que el "santito" Bolívar tenía apalabrado para vender a Gran Bretaña.

El mismo que nos pintan como brutal analfabeto resulta que estudió en el Real Instituto Asturiano fundado por Gaspar M. de Jovellanos, que en cierto modo fue su "tutor" y dio relación del Examen de Náutica de nuestro histórico protagonista. Boves sacó el título de piloto con unas notas más que aceptables en un ambiente ilustrado, en el cual aprendió conocimientos militares que luego aplicó a la "improvisación llanera", situándose minuciosamente en un terreno que amaba con locura.

Ahora bien: Creemos que nuestro autor patina en exceso, aun en su licencia literaria, al situar a Boves como "partidario de las Cortes de Cádiz al igual que Jovellanos". Sí es cierto que Jovellanos fue entusiasta de recuperar las Cortes y más en el momento de la invasión francesa, pero no es menos cierto que el mismo sabio asturiano se mostró crudamente crítico con el desarrollo de las mismas. Creemos, pues, que Nocedal empleó la exactitud al definir a Jovellanos como "un monárquico a la inglesa". El gran Jovellanos entendía que tradición y progreso no son conceptos reñidos; y esto es algo que los españoles parecemos no captar por más que pasen los siglos.

Ahora que estamos de aniversarios, seguimos teniendo ese "despotismo ilustrado mental" que ya mentábamos en nuestros comentarios a la obra de Juan Uslar. Para un repaso "desapasionado" de las Cortes de Cádiz y del proceso rupturista para con América recomendamos las pertinentes explicaciones de Fernán Altuve en Los Reinos del Perú. Ojo con decir que se buscaba "la igualdad con las provincias americanas", porque los intríngulis jurídicos son mucho más "peligrosos" y complejos que lo que el presentismo deseara.

Repetimos: Las reformas se podían hacer sin "revolución". En la Historia de España hay muchos antiesclavistas (San Pedro Claver, Sandoval, el arzobispo Montúfar....) desde el siglo XVI y antes que en absoluto eran "revolucionarios", como no eran "revolucionarias" las hermandades de negros de Sevilla en las postrimerías del Medioevo; ni lo fueron las Leyes de Indias.

Por otra parte, sí tenemos constancia que Boves recibiera una educación ilustrada, pero no que fuera amigo de "ideas revolucionarias". En sus escritos desde luego la respuesta es negativa. También sabemos que su sobrino Benito Boves combatió hasta última hora con el pastuso Agustín Agualongo, que no fue el más revolucionario de los realistas. Ahí contestamos a lo primero, y también a aquellos que ponen en duda la lealtad de Boves a la corona, como el mentado Juan Uslar.



-Como decimos, Boves, el urogallo y Bobes, la cólera de Dios, son novelas absolutamente complementarias. No obstante, sabemos que Francisco Herrera Luque adjudica a Boves una especie de alcoholismo crónico. Nosotros, con Óscar Muñiz, aún estamos esperando las pruebas de tal dictamen. Parece imposible que un hombre que se llevara todo el día borracho planteara las batallas de una manera tan magistral y venciera tantas veces a Bolívar. No sé si se acude a la tajada para explicar su valor temerario, pero no nos parece motivo, y más para un hombre que se llevaba casi todo el día a caballo, aguantando presiones psíquicas y físicas en la que el delirium tremens no parece jugar baza.

Volvemos a subrayar el "complemento" pues Muñiz, al igual que Herrera Luque, explica en un epílogo detallado qué es historia y qué es imaginación. Por ejemplo, si Boves estuvo o no en la batalla de Trafalgar, ahí se deja la duda.

Muchas más dudas ofrece el carácter de violador. En cambio, sí sabemos que Boves castigó severamente a los violadores que usaron su bandera en Caracas. Como siempre, la documentación parece jugar en contra de la "mitología ideologizante". Aún seguimos esperando documentos sobre el contrabandismo y el encarcelamiento en sus años de pulpero antes del conflicto.

Así como la idea de Boves como un Toussant-Louverture a la venezolana, o un precursor rastafari; tema que a nuestro juicio explica muy bien José Semprún. Los llaneros de Boves componían una comunidad en verdad harto heterogénea que iba más allá del "mesianismo negro". Fueron los cabecillas canarios, fueron las masas de pardos libres, fueron los indios aliados, fueron algunos criollos y peninsulares. Fue toda una realidad hispanoamericana por encima de la "fijación racial" y de "¡mueran los blancos!" como grito de guerra.

Sí es verdad, y de nuevo lo advertimos, que fue una "guerra de excluidos" frente a la república de los mantuanos.




En resumidas cuentas, con sus más y sus menos, una buena novela, realizada en forma epistolar, dando cuenta de muchos aspectos reales (Aun patinando) y posicionándose de cara frente a las mentiras que se dan por sentadas, en un contrastado estilo literario.

El Boves real fue muy distinto del que nos han pintado durante dos centurias de leyenda negra y manipulaciones estrafalarias. Pero de nuevo decimos que la mentira tiene las patas muy cortas y que los insultantes silencios cada vez están más agrietados, por más que los españoles nos empeñemos en odiar a quienes lucharon por España.



Óscar Muñiz Martín - Wikipedia, la enciclopedia libre




*De nuevo gracias a "AllerAstur" por las referencias bibliográficas.


**Asimismo, pedimos disculpas si en anteriores comentarios sobre la vida y obra de Boves nos hemos hecho excesivos ecos de los "supuestos" que pululan sin documentación.