miércoles, 1 de diciembre de 2010

RIP MANUEL MORENO BECERRIL (TITO MANOLO)




-Sin duda, este año de 2010 merece la calificación de annus horribilis a fuerza de tantas pérdidas de buena gente.

Ay tito....Te tocó el 29 de noviembre. Creo que al menos no se nos quedó ninguna conversación pendiente. Apenas he asimilado la muerte de mi tía Rosa, "Rosita", como todos la llamabáis, que acaeció el 12 de noviembre, el día del cumpleaños de mi madre, y ahora este golpe, tras verte padecer tanto. Maldito aquel reuma infantil que hace casi 60 años te dejó la lesión de corazón, como se la dejó a tito Felipe, tito Felipe que el 14 de julio hizo 20 años de su fallecimiento. Sabías que ese fue acaso el primer gran trauma de mi vida, pues cuando me enteré de su muerte estabas tú con mi padre, tu hermano pequeño. Mi padre que me está preocupando más de la cuenta, pues tras el último coletazo de tu enfermedad, que ha durado como un año, le he visto pegar un bajonazo importante, más emocional que físico si cabe. Mi padre tenía muy en cuenta tus palabras y consejos y para él has sido una grandísima pérdida.


Hablaba de mi tía Rosa, de la parte materna, y ahora tú te nos vas por la paterna. Es como si me hubieran amputado miembros del cuerpo, como...Qué se yo, como si me hubieran dado bocados a cada lado del corazón. Durante este tiempo no he tenido fuerzas para llorar, pero hoy no he aguantado más y me he roto en un mar de lágrimas. Han sido emociones muy fuertes, una conjunción de recuerdos muy densos. Con respecto a los recuerdos, hablábamos de tito Felipe, que falleció meses antes que yo hiciera la Primera Comunión. Pues bien, recuerdo que me regalaste un libro, un libro de firmas o algo así....En verdad no lo sé muy bien porque cada vez que abría ese libro sonaba una musiquita que no sé por qué razón me recordaba poderosamente a tito Felipe. Por eso he tenido ese librito que me regalaste años y años sin abrir en el cuarto del teléfono, el que era el despacho de abuelo José María. Aquel despacho donde cada vez que se le perdía un papel preguntaba tan inquieta y expresivamente aquello de "¿quién se lo come?". Aquel abuelo al que no conocí y del que eras su viva estampa. ¿Acaso lo conocí a través de ti?

Del asunto del libro jamás he hablado con nadie. Tampoco lo hice contigo. Ahora lo hago. ¿Por qué? Qué se yo....Yo sé muy pocas cosas. Más bien diría que no sé nada. Pero de lo poco que sé, más de una cosa te la debo a ti. Por ejemplo trabajar en el campo, donde estuve como una década en la recolección de la aceituna en tus predios, con aquella cuadrilla de viejos catetos y sabios de los que tanto aprendía y con los que tanto me reía. En alguna ocasión te escuché que te dolían los huevos de hacer tantos favores. Vive Dios que es verdad. No supiste otra cosa. No supiste otra cosa que luchar, dar trabajo, estar con los tuyos, ser sociable, amable y atento.


Ya falta menos para mi partida a la Gran Bretaña, para alejarme de España, de este país de nuestro amor y dolor. "Este es mi sitio y esta es mi espina, Iberia sumergida en sus rumores clandestinos", cantaban los Héroes del Silencio evocando a Gabriel Celaya, aquel genial poeta vasco que sentenció "Soy un ibero, y si embiste la muerte, yo la toreo." Con capote de grana y oro, tú demostraste ser a muerte lo ibero y proyectar en la realidad tan altos mensajes poéticos. Creo que como mi tía Rosa, no tendrás purgatorio, pues ya lo tuviste en vida como quien dice, con tanto padecimiento. Se te complicó la vida con la enfermedad pero tú fuiste echando valor y casta, tal como el galgo tras la liebre, o tal como la perdiz esquiva.

Como decía, no nos quedaron conversaciones pendientes, pero sí se me quedará la espina de que no podrás ver mi novela. No porque vaya a ser gran cosa, sino porque sé que por amor de tío te hacía la mejor de las ilusiones, como te hizo cuando me decidí a publicar "¿El amor es un embuste de poetas?", del que tú fuiste el primer y más ferviente seguidor, tú fuiste el comprador de mis primeras ventas literarias; como tito José María, con el que ahora estarás, no paraste nunca de animarme.

Ay tito....Erais siete hermanos y ya quedan cuatro. Ahora tu esposa, tus dos hijos, tus tres nietos, tus muchos sobrinos, y todo un pueblo te lloran justamente. Reza desde donde estás por mí, que falta hace, por mí y por todos los que te queríamos. Por todos en general, pues dudo que alguien no te quisiera.


Hasta siempre, tito Manolo.

Requiem aeternam dona ei Domine.
Et lux perpetua luceat ei.
Requiescat in pace.
Amen.

http://www.irelandgretchen.com/Images/monasterboice.jpg
Sitio web de esta imagen



P.D.: Antes de A MI TÍO MANOLO, te hice otra poesía que te imprimió mi padre, y aquí que la recuerdo:



¡ÁNIMO CAMPEÓN!

A mi tío Manolo.

¿Quien tanto luchó por la vida,
Ha de temer a la muerte,
Sabiendo como bien sabe,
Que buena ha de ser su suerte?


El desgarro del fandango nos enseña,
Los riesgos que presenta la vida,
Ni tú ni yo nacimos para el cante,
Mas en Flandes eres capaz de poner una pica.


Nunca, nunca te amilanaste,
Al son de las perdices siempre raudo,
Del buen caminante la alegría,
Con la altiva rapidez de los galgos.


Tú me enseñaste las faenas del campo,
Tú, hombre de los olivos;
Tú tienes la garra del león español,
A la que quisiera llegar éste tu sobrino.


Nuestra estirpe fue forjada,
Por Coripe, y de Morón a Utrera,
Por Pilas y Coria del Río,
Con todo, en Bollullos se asienta,.


Veo un retrato del abuelo,
Y estoy viendo tu rostro,
Yo no lo pude conocer,
Pero por ti casi que lo conozco,


Y sí recuerdo la alegría,
En el rostro de abuela Pepa,
Cuando tu presencia divisaba,
Pura y linda sonrisa era ella.


Si bien compartimos el color,
En cabellos y en barbas,
No puedo decir lo mismo en inteligencia,
Pues de ti poseo envidia sana.


Tu valor está en tu esposa,
En tus hijos y en tus nietos,
En los que te quieren desde siempre,
Campeón de la vida eres por derecho.


Recuerda tito lo que dijeron buenos poetas:
Nuestra raza es de águilas y leones,
Y los que galopan a la jineta,
Son los caballos de los conquistadores.


¡Ánimo campeón! La corona de la resistencia,
Aumentarás de nuevo con bellos laureles,
Emulando así, con casta y coraje,
A los legendarios césares hispalenses.



¡Ánimo campeón!, sigue dando ejemplo,
¡Aguante pibe!, como dicen los argentinos,
Adelante, siempre adelante,
Que Dios Nuestro Señor está contigo.