miércoles, 27 de julio de 2011

JOSÉ TOMÁS.

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-De la tauromaquia creo que ya opiné bastante en aquella CARTA A SERAFÍN MARÍN. Sigo pensando lo mismo sobre el asunto y nada nuevo puedo decir al respecto. Lo que sí me llama la atención es, por ejemplo, la expectación que genera el torero José Tomás en la mayor variedad de criterios. Parece que o se le admira hasta el paroxismo o se le odia hasta el veneno; vamos, que no hay término medio, como ha ocurrido en la Historia con tantos otros buenos artistas. No obstante hay quien dice, como el admirado Antonio Burgos, que a muchos supuestos seguidores de José Tomás los toros le importan un comino. Puede ser, pero piense el señor Burgos que si por ejemplo no hubiera sido por Fernando Alonso, muchos españoles seguirían/seguiríamos sin saber qué es eso de la Fórmula Uno. No veo nada negativo en “José Tomás como fenómeno”, más bien al contrario. Otra cosa es que el toreo (Del que yo sigo sin entender ni papa) del susodicho guste más o guste menos; eso ya lo dejo a gusto de “entendíos”, “enteraos” y “conoseores” varios. Lo que sí subrayo es que si a lo mejor no fuera por José Tomás, el toreo moriría todavía más pronto por pura inanición. Las críticas en ese sentido de Antonio Burgos vienen siendo muy certeras, pues por más ignorancia de una oligarquía politiquera y por más hipocresía de una sociedad suicida, el mundo del toro se está muriendo por muy variados factores, y entre otros, por la propia y carera miopía de ese mundo que nada hace por perpetuar y expandir la afición, y que al cabo de los años parece verle las orejas al lobo. Como ven, una de cal y otra de arena por mi parte.

Así las cosas, aun en mi desconocimiento, esta figura de la tauromaquia me ha inspirado una poesía que aquí les transcribo:


A JOSÉ TOMÁS

Se yergue la impavidez,

Lo lejos se hace cerca,

El ibero majestuoso,

Abarca hasta Creta.


Titila el ruedo como el sol

Floreciente en dulce verano,

La taurina tarde reverbera,

Con aroma de triunfante estado.


Grita el respetable enfervorizado:

¡José Tomás! ¡José Tomás!

Las emociones se destilan,

En paroxismos sin par.


Irrumpe el toro bravo,

Se encogen los corazones,

¡Por la Virgen de Guadalupe,

Que brillen las ovaciones!