lunes, 15 de agosto de 2011

EL ODIO AL PEQUEÑO EMPRESARIO.

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-La verdad es que no se entiende el odio que el nefasto sistema oligárquico que nos arruina profesa al comerciante, al pequeño empresario. Algunos países entienden que precisamente la iniciativa de la pequeña empresa constituye el motor económico nacional. Aquí sin embargo tenemos un gobierno que da todas las ventajas a grandes banqueros y multinacionales y que se dedica a hacerle la puñeta por sistema a los autónomos. Autónomos que tienen que pagar impuestos astronómicos y sin embargo gozan de menos “prebendas” sociales, asfixiados por una burocracia ilógica, infernal. ¡La que hay que liar para abrir un negocio, para contratar a alguien! Es normal que muchos emprendedores, que muchos que tienen ganas de trabajar, de esforzarse por salir adelante, acaben hasta allí donde dijimos, así como es normal que muchos potenciales inversores salgan huyendo de aquí. Matan la iniciativa, patean la inteligencia, golpean el mérito. Lo que vale es el enchufismo, el narcotráfico o el contar los cuernos en el televisor.

No contentos con una fiscalidad espantosa que siempre afecta a los más débiles (Los más fuertes prefieren los paraísos fiscales mientras el Estado les premia constantemente), muchos municipios que viven del turismo se dedican a poner parquímetros, esto es, a cobrar bastante dinero por aparcar. Si no del tirón, para que vayas cada “x” tiempo a la maquinita. A pagar, siempre a pagar. Como las arcas municipales están más vacías que “ojú” (“Ojú”, qué vacías están) hay que sacar dinero hasta debajo de las piedras. Los poquitos que se pueden permitir alguna escapada buscan, lógicamente sitios que no les saqueen por dejar su coche. Muchas, digamos, playas concurridas, se van a ir vaciando… Y así, el comerciante, el hostelero, el autónomo, el de siempre, es el que sufre las consecuencias de esta ridícula política, ridícula política que no sabemos si se hace por el odio clasista, por ese resquicio de capitalismo de Estado que queda del marxismo en esa para-religión progre que nos tiene amenazados y atenazados, y que siempre se ensaña contra los menos favorecidos, menos favorecidos a los que este odio irracional y supersticioso nunca dará tregua.