jueves, 1 de septiembre de 2011

A MI ABUELA MATERNA.


-Hace poco hacía versos a mi abuela paterna. Ahora le toca el turno a la materna. ¿Qué decirles al respecto? Ya falta menos para mi limeña emigración y toda la vida se pasa por los ojos a través de los seres más queridos.

Como dije, yo tuve la suerte de criarme con mis abuelos. Mi abuela paterna vivió en mi casa pero yo era muy pequeño en aquel tiempo, no obstante, tengo un recuerdo vivísimo de aquella época. La casa de mis abuelos maternos fue mi segunda casa y mis abuelos mis segundos padres. El primer recuerdo de mi existencia lo tengo en ese ambiente, criado entre abuelos, tíos y primos; una infancia prodigiosa que, como todas las infancias, se fue marchitando con los avatares del tiempo. En ese contexto tan entrañable mi abuela materna ocupó un lugar preferente. Por ella van estos versos de mi puño y letra.


A MI ABUELA MATERNA

Mantuve el trocito de un pero,
en la punta de un cuchillito,
recordando abuelita cómo,
la fruta me servías cuando era niño.


Antonia Sánchez Calero,
Antoñita la de Tomás,
hija de Pedro y Aurora, hermana de José...
recordándote siempre me voy a emocionar.


Fuiste elegante y humilde,
cariñosa, comprensiva, educada,
la dulzura por carácter,
la belleza absoluta en tu cara.


Por no molestar, ni te quejabas,
así padecieras los dolores más duros,
qué buena eras, abuela,
la garganta se me llena de nudos...


Te criaste en varios sitios,
te casaste y para la calle del Prado,
en la Marquesa, tus últimos días,
tus hijas, sobrinos y nietos jamás te hemos olvidado...


Evoco tus sueñecillos en la mecedora,
tus canas, tus pendientes, tus ojos, tu piel...
evoco lo feliz que tu lado,
abuela, yo llegué a ser.


Ay abuela, abuela Antonia,
no pasa un día que no me acuerde de ti,
abuela, abuelita de mi alma,
¡vela desde el cielo por mí!