martes, 1 de noviembre de 2011

CARTA PÓSTUMA A UNA VECINA/PEPI BARBA PICHARDO, IN MEMORIAM.

IGLESIA SAN MARTIN DE TOURS
Sitio web de esta imagen: panoramio.com

Querida Pepi:

Te escribo mirando al cielo, consternado, muy consternado desde que supe la fatal noticia. A lo mejor sueno muy cursi y muy tonto, pero sería deshonesto de mi parte si no te digo que estas cosas, a la distancia, parece que duelen más todavía.

Nos vimos pocos días antes de mi partida al Perú. Era un verano algo atípico, pues mezclaba el calor sofocante con el fresco sorprendente en un descaro desconcertante. No te voy a negar que te encontré desmejorada por culpa de esta maldita enfermedad que tanto está golpeando, mas con todo y con eso, te hallé con muchas ganas y mucha fe. “Será lo que Dios quiera”, me dijiste. Yo me quedé sorprendido, sin muchas palabras para darte ánimos, pues en verdad no hacía mucho que me había enterado de tu enfermedad y todavía estaba como estupefacto.

Ay Pepi, la Plaza se nos está quedando sola. Justa, Félix, José, Rafael, Juan Ramón… Ahora tú… ¡¡Y cuántos y buenos recuerdos de la vecindad, de este pueblo que llevamos en la sangre!!

Yo sigo vivo, pero estoy lejos, muy lejos, de la tierra que me vio nacer y crecer… Estaba muy contento y con muchas ganas… Ahora estoy con lo segundo, porque no puedo estar contento sabiendo que te has ido. Aunque sé que el cielo gana contigo, los que nos quedamos en la tierra tendemos a ese egoísmo, y más con los vecinos de toda la vida.

Nos despedimos a nuestra manera, pues. Cosas del destino. Destino que nos da unas señales que a veces no comprendemos, pero conforme uno va cumpliendo años y adquiriendo experiencia, más o menos aprende a descifrar.

Descansa en paz querida Pepi, vela desde lo alto por nos y da muchos recuerdos a la buena gente que te ahora te rodea. Hasta siempre.


Requiem aeternam dona ei Domine.
Et lux perpetua luceat ei.
Requiescat in pace.
Amen.