martes, 7 de febrero de 2012

"¿CASTILLA LA MALVADA?" - "DIGNIDAD DIGITAL".

¿Castilla la malvada? - Dignidad Digital

La inquina a Castilla es consecuencia del odio a España. La constitución del 78 pactada por unos políticos sin poder constituyente, sin conceptos claros y expresión corta, entre nación, nacionalidades y regiones, los almirantes de Castilla quedaron si salida al mar y los españoles sin esperanza de futuro

Café para todos y España invertebrada.


¿Castilla la malvada?

Como aclaración premonitoria, valga resaltar que uno es consciente de las diferencias entre la Castilla propiamente dicha, esto es, el reino de Castilla/Castilla la Vieja, y la Corona de Castilla que englobó a una parte muy sustanciosa de España. Este artículo no va por ahí, aunque yo, como andaluz, quiero decir que preferiría seguir inmerso en la Corona de Castilla y a mucha honra y no en la “autonosuya” cuya hiriente y vergonzante simbología islamista no explicaron bien al pueblo, tal vez por miedo, porque si muchos andaluces supieran lo que significa la verdadera historia de todo esto, otro gallo cantaría. Y es que en su día el pueblo andaluz no prestó adhesión alguna a semejantes disparates. Lo mismo es aplicable a otras tantas nuevas taifas. Y es que desde los antojadizos inventos de Javier de Burgos, todos los engendros que se han hecho han sido en perjuicio para toda España, y desde luego, Castilla ha sido con diferencia una de las más perjudicadas sino la que más, sobre todo con el remate del régimen del 78.

Desde hace bastante tiempo, se ha instalado un discurso más o menos “oficial” que consiste en hablar mal de Castilla. “Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho” llegó a decir el filósofo José Ortega y Gasset. La importantísima institución histórica que representa la Corona de Castilla es motejada habitualmente de malvada, centralista y acaparadora cuanto menos. ¿Pero de veras se corresponde ello con la realidad? De ninguna manera, sino todo lo contrario. En esos clichés insoportables no se dice que, por ejemplo, Castilla no tenía enemistad con Francia. Al contrario, tenía muy buenas relaciones con la corte parisina. Asimismo, Castilla no tenía interés ninguno en meterse en el Mediterráneo. Su “mar natural” era el Atlántico y miraba muy de cerca a la costa norteafricana (Esto es, la Hispania Tingitana o Transfretana, la Reconquista pendiente), y le hubiera venido mejor una fuerte hermandad con Portugal, con quien compartía intereses y lógicas afinidades. Joaquim Pedro de Oliveira Martins señaló este interesante hecho en “A vida de Nun´Álvares Pereira”.

En cambio, la Corona de Castilla tiene que sacrificar su política para mantener los dominios de la Corona de Aragón, y así, se mete en los berenjenales italianos, donde Francia quería una especie de trampolín para organizar cruzadas. Con el andaluz Gran Capitán y con extremeños como Pizarro, sacrificando hombres, armas y dinero, se mete en unas guerras duras y se gana una poderosa enemistad en Europa.

La posterior “política europea” de la Casa de Austria tampoco ni le iba ni le venía, y también sacrificó presupuestos y hombres para ellos, cuando los fueros castellanos habían sido pisoteados por activa y por pasiva desde Carlos I, al que no por ello estoy denigrando. Más bien lo digo por aquellos “aficionados a los Borbones”, de lo cual también se culpa a Castilla; cuando no se dice que los más entusiastas con Felipe V fueron vascongados y navarros, a los cuales no sólo no es que no tocara los fueros, sino que los potenció. El insigne Blas de Lezo combatió por el nombrado monarca, que, guste más o guste menos, era el rey legítimo de las Españas, y no como el austríaco archiduque, usurpador e irresponsable que entró aliado de jansenistas y protestantes holandeses que se dedicaron a violar monjas en El Puerto de Santamaría y con la alianza británica cuya vergüenza todavía ondea en la colonia narco-contrabandista de Gibraltar. Reductos austracistas propiamente dichos hubo en Cataluña y Valencia y no fueron mayoría; también hubo alguno que otro por Castilla, que conste. Y digo que no fueron mayoría por aquellos del “fundamentalismo democrático”.

Otra cosa que se le achaca a Castilla es que los hijos de la Corona de Aragón no podían embarcarse y/o comerciar con América… No es para tanto. Cierto es que según las leyes, a las Indias solamente podían ir los vasallos de la Corona de Castilla (Desde gallegos a murcianos, pues). Igual si los aragoneses hubieran embarcado mucho para América, con una demografía bastante más débil, ¿qué hubiera sido entonces de las itálicas posesiones, adonde tenían que ir castellanos por activa y por pasiva? Sea como fuere, Fernando Serrano Mangas en “La encrucijada portuguesa: Esplendor y quiebra de la Unión Ibérica en las Indias de Castilla, 1600-1668” ya documenta la presencia de soldados napolitanos en América para la Guerra del 1640. En el siglo siguiente, los Borbones liberalizarán puertos como Barcelona y los Alfaques de Tortosa para el comercio con América… Y sí, los Borbones hablaban de adecuar las leyes a imagen y uso de Castilla, tal y como ya lo venía proponiendo el conde-duque de Olivares a Felipe IV… Un conde-duque que con todos sus muchos yerros, lo que buscaba era que el duro peso tributario no recayera cuasi exclusivamente Castilla, algo de lo que también se quejaba el gran literato Francisco de Quevedo.

Así las cosas, ¿de veras es Castilla la centralista, la malvada y la acaparadora? La propaganda parece que así lo ladra, en cambio la ciencia histórica dice todo lo contrario. Como colofón, en la confección del régimen del 78 a Castilla se le quita Cantabria, La Rioja y Madrid. Café para todos y España invertebrada.


Antonio Moreno Ruiz

http://poemariodeantoniomorenoruiz.blogspot.com/