miércoles, 1 de febrero de 2012

MIS LECTURAS: MANUEL GONZÁLEZ PRADA. "PÁGINAS LIBRES".

Archivo:Manuel González Prada.jpg
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Y bueno, de nuevo venimos con otra lectura peruana. La verdad es que hace bastante tiempo que no leo de "temas filosóficos", aunque tildar lo de González Prada de "filosofía" es un piropo demasiado grande.

Una avalancha de nihilismo con su correspondiente dosis nietzscheana (Venida a menos, todo hay que decirlo) embadurna esta colección de artículos y conferencias recogida por Ediciones Cultura Peruana. A veces Arturo Pérez-Reverte recuerda a esta onda.

Ni que decir tiene que los conocimientos de González Prada son muy amplios. Tiene un fondo literario innegable, es un torrente, una voz que se hace escritura en rápidas ráfagas que se quieren suceder como novedosas, y en verdad son compendios de muy viejos errores. La vastedad de su cultura se fue derritiendo en la mímesis de corrientes extranjeras mal asimiladas. Todo su pregón es una apología del anticatolicismo y la deshispanización, algo harto presente en muchos gobernantes del mundo hispano, de la Península al Nuevo Mundo. Va siempre relacionado, y es curioso cómo también con una visión digamos muy fácil y muy tópica del mundo protestante. Luego todo esto se va a ir reflejando en la literatura cada vez más. Apología del desarraigo siempre enhoramala.... Acaso la desmedida fascinación por Víctor Hugo no es sino una muestra del desaforado y cursi afrancesamiento de las oligarquías criollas peruanas, que tan malos resultados ha producido en la práctica.

González Prada parece que quiere decir mucho pero al final no dice nada. Su talento y capacidad se desparraman en desorden. Es curioso que dentro del anarquismo, muchas veces parece un nacionalista, sobre todo en la fijación de la Guerra del Pacífico, una guerra tan cruel como injusta, tanto como tantas otras guerras entre hermanos en nuestra América. En ese sentido pienso que en España en esos campos ideológicos se ha sido más coherente y directamente se ha sido antipatria.

En fin, un descubrimiento interesante, un refrescón de memoria y una comprobación de tristeza.