miércoles, 1 de febrero de 2012

POESÍA MÍTICA (IV)

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DE TROYA

Oh, Ilión orgullosa,
De murallas labradas,
Espléndidos frigios,
Bien te custodiaban.


Mas la guerra contra el griego,
Mucho te hizo perder,
Aquel colosal caballo,
Ruina te hizo ser.


A las líbicas costas,
Llegan troyanos abatidos,
Desconfiando del futuro,
Llorando por lo perdido.


Los vientos los empujaron,
De la Italia deseada,
Complejos designios divinos,
Hasta la Cartago arribada.


La Troya destrozada,
Su última imagen fue,
La cuna de Príamo,
De Héctor la piel.


Congregación del destierro,
Desgracia inmerecida,
Imperio del Asia,
Lágrima sentida.


Hijo de Anquises y Venus,
Oh, valeroso Eneas,
Llave sanguínea de Troya,
Fragua de piedad completa.


El África fenicia avistará,
Gran tragedia amorosa,
Dido, de la tiria estirpe,
Espinada será como las rosas.


Mas Eneas mira hacia la orilla,
Sabiendo de su destino italiano,
Y que Roma verá la luz,
Por el linaje troyano.


Roma será sacra y guerrera,
Será imperio, leyes y cultura,
Dardanias cenizas la elevarán,
Por mediterránea altura.


¿Acaso un renacimiento legendario?
¿Acaso un premio tras el castigo?
Mucho fue lo que surgió,
De aquellos teucros abatidos.



POESÍA MÍTICA.


POESÍA MÍTICA (II).


POESÍA MÍTICA (III).