lunes, 9 de abril de 2012

GROSERÍAS (IX).

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EL HOMBRE GARGAJO

Corto era de estatura,
Feo, renegrido y cejijunto,
Mas con su gran habilidad,
Al más pintado ponía iracundo.


Con sus dientes picados,
Lavárselos era un dolor,
Además que ello estorbaba,
A su salivero pundonor.


Lo demostraba todos los días,
Pero en especial por la mañana,
Cuando en la sucia taberna,
Con aguardiente se despachaba.


Después venía el cigarrillo.
Fuerte y picado tabaco negro,
Comenzaba a crujirle la garganta,
Con el gargajo que le salía de dentro.


Carraspeaba roncando en día,
Acobardando al porcino gruñido,
Entre marrón, verde y sanguinolento,
Resultaba su salivazo florido.


Y en esto que un día,
El esfuerzo le fue traicionero,
Y así se convirtió en chamusquina,
Lo que asomaba como pedo.


Llegó a su casa almidonado,
Mas a la calle no privó,
De un escupitajo olímpico,
Que en el suelo bien selló.


Su buena estrella permanece,
En aquellos que le recuerdan bien,
Cuando sus entrañas escudriñaba,
A primera hora haciendo llover.


Así, intentando una de sus proezas,
Un buen día la palmó,
Pues de lo grande que era el gargajo,
A nuestro pobre héroe ahogó.


Gargajo verde, verde esperanza,
Verde como viejo verde que era,
Lanzamientos de campeonato,
Potencia viscosa y hociquera.


Benito Cármela se llamaba,
Más conocido como el hombre gargajo,
Lo que se pierden los más nuevos,
Por no haberlo conocido, carajo.


GROSERÍAS (I).


GROSERÍAS (II).


GROSERÍAS (III): ACLARACIONES.

GROSERÍAS (IV).


GROSERÍAS (V).


GROSERÍAS (VI).


GROSERÍAS (VII).


GROSERÍAS (VIII).