viernes, 1 de junio de 2012

GROSERÍAS (XI).


 LA BURRA CELOSA

Él era un mozo apuesto,
El mayor de cuatro hermanos,
Con su querida borrica,
Iba todos los días al campo.


Con los otros hermanos,
La burra andaba bien servida,
Pero era con el mayor,
Con quien sentíase más querida.


Veíala el rústico mocetón,
Y su pelo se engominaba,
Silbando sibilinamente,
Qué bien se entallaba.


Y la burra, en la cuadra,
Cuando oía sus pasos,
Daba botes de alegría,
Por lo que estaba esperando.


Con todo, a los años,
El buen mozo se casó,
Con una moza del pueblo,
A la que preñada dejó.


Y cuando campanas de boda,
La burra fue a escuchar,
El suelo dejó líquido,
Porque se hartó de llorar.


Decían que era meado,
Pero meado no era,
Eran lágrimas de celos,
Celos de burra burrera.


Celos que la mataron,
Pues se negó a compartir,
A su mozo con otra,
Antes prefirió morir.


El mozo se mosqueaba,
Cuando ello se le refería,
Porque hallaba que la gente,
Mucha verdad decía.


Y así acabó la burra,
Muerta, muerta de celos,
Su amante, de luto puro,
No volvió a engominarse el pelo.


No muy lejos de Sevilla,
En la ruta de la plata,
De la burra celosa,
Aún, aún se habla.


Y aún en esos pueblos,
Pasa esto que digo:
Que hay muchísima gente,
Que tiene cara de borrico.






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