miércoles, 20 de junio de 2012

"LOS ANDALUCES NO SOMOS ÁRABES" - "ALERTA DIGITAL".


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 Alerta Digital

Sin matices ni medias tintas | Martes, 19 de junio de 2012

Los andaluces no somos árabes

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Cuando uno sale de su país y le preguntan que cómo es blanco si es andaluz, entonces es cuando empezamos a darnos cuenta de que los tópicos-típicos calan más de lo que parece.

Las exageraciones y mentiras sobre Al Andalus han calado en muy distintos autores, desde los románticos hasta Nietzsche, pasando por Alejandro Dumas, quien vio en una supuesta forma de comer de los andaluces un arabismo irrefutable, o Louis Pauwels, quien dice en “El retorno de los brujos” (Obra conjunta con Jacques Bergier) que la peste se alió con los españoles para destruir la esplendorosa civilización de Almanzor, de Córdoba y Granada que podría haber sido la cuna de la Revolución Industrial y de la exploración espacial. Contra todas estas estupideces se podría argüir ipso facto la interesantísima entrevista que esta casa realizó a Jesús Sánchez Adalid: http://www.alertadigital.com/2012/03/31/jesus-sanchez-adalid-la-aritmetica-y-aristoteles-no-se-las-debemos-a-los-musulmanes-sino-a-los-mozarabes/
No obstante agradecemos a Powels que deje claro que los “árabes” no eran españoles.

Ni que decir tiene que Almanzor fue un dictador sanguinario, polígamo y esclavista, características que se dieron bastante en la historia general andalusí. Empero, no se confundan ni crean en ciertas “ingenuidades”, porque detrás de todo esto hay un claro sesgo ideológico, que no es otro que el odio a la civilización hispano-católica. El mismo que llevó a la Alemania protestante y a Francia a intentar sublevar a los moriscos contra la Corona y de hecho a “acoger” una colonia de moriscos en su propio suelo. Lo mismo que intentaron azuzar a los turcos muchas veces mientras España se desangraba por cerrar la puerta a la media luna en el Viejo Continente. Desde hace bastante tiempo toda una pléyade de pseudo-historiadores gálicos y británicos usa a España como su campo de experimentación, al igual que en el pasado –y no tan pasado- nos usaron política y económicamente. Ahora en nombre de Al Andalus…. Cuando en sus países sus coterráneos no mostraron el más mínimo atisbo de piedad al masacrar a sus minorías (1) en su propio suelo, cosa que no parece llamarles demasiado la atención….

Sea como fuere, Al Andalus está lleno de inexactitudes en la “historia oficial” (Y subvencionada), empezando porque no era el nombre de la actual Andalucía, sino de todo territorio musulmán hispano. Tan Al Andalus eran Madrid y Lérida como Cádiz. La misma actual Andalucía data del liberalismo decimonónico, pues hasta 1833, el reino de Granada, esto es, las actuales provincias de Málaga, Granada y Almería, no pertenecían a Andalucía. Sí, el territorio que más tiempo permaneció bajo dominio islamista no entraba en la geografía andaluza. Y es el territorio donde nació Blas Infante, descendiente de señoritos terratenientes, y remontándonos más atrás en el tiempo, descendiente del caballero Garci Pérez de Vargas, uno de los jefes militares del grandísimo rey Fernando III el Santo, que combatió por liberarnos del yugo mahomético. Y recalcamos “Pérez de Vargas” porque los neoandalusíes varios omiten que el segundo apellido del padre de no sé qué no era Pérez a secas, sino Pérez de Vargas. Éste es un dato importante, un dato vital para entender dónde comienza este complejo de inferioridad, esta tontería de renegados que en su día nulo eco halló y que sin embargo nos han colado como gol por toda la escuadra.

Volviendo a Almanzor, sus características son extrapolables a todo Al Andalus. Y es que Al Andalus, entre otras muchas cosas, fue una saga continua de guerras civiles. Ya en el siglo IX los bereberes, los verdaderos conquistadores, se confabularon para expulsar a la aristocrática minoría árabe, que dio a los norteafricanos las peores tierras. Muchos muladíes, esto es, conversos hispanogodos, los apoyaron. Algunos llegaron a encabezar una revuelta interesante comandada por Ben Hafsun, descendiente de hispanogodos, quien se convirtió al cristianismo y entre los siglos IX y X puso en jaque al califato desde el sur. Antes, los árabes ya habían traído a los temibles “samiyyun” sirios, una especie de caballería de élite. Asimismo, sufrimos varias oleadas de invasiones magrebíes, ya almorávides ya almohades ya benimerines, todas con un denominador común: Luchar contra el avance de los cristianos y sojuzgar a los musulmanes ibéricos, a quienes consideraban poco consecuentes con el mahometismo. Por ejemplo: Los terribles cabileños almohades del siglo XII (Que sin embargo dejaron una arquitectura maravillosa), entraron en el Aljarafe sevillano destruyendo viñas, viñas de las que muchos andalusíes disfrutaban su jugo.

Al Andalus, al contrario de Roma, no fue capaz de aunarse siquiera como comunidad político-administrativa coherente. Apenas cuatro siglos duró como tal, independiente, esto es, desgajada del “imperio musulmán oficial”, para a posteriori fragmentarse en interminables taifas. A las guerras entre bereberes y árabes, a los siempre oprimidos muladíes hispanos, que a pesar de ser mayoría siempre fueron gentes de segunda, se le añadió las importantes minorías eslavas (Traídos como esclavos, para variar…) que llegaron a dominar algunas zonas del levante, así como una abundante legión de esclavos negros. Al Andalus fue, acaso, el fracaso del multiculturalismo. En cambio Roma, si bien multiétnica, sí que fue una entidad política y espiritual coherente y duradera, bajo la que España permaneció seis siglos, siendo a posteriori los tres siglos visigodos en buena medida una continuidad, al menos en la mayoría poblacional, de aquel gran legado. De Roma heredamos nuestra conciencia de hispanos, con la lengua y el Derecho. El mismo Marco Valerio Marcial hablaba de iberos y celtas ya en latín. Nuestra “primera literatura”, si se quiere, fue romana. Trajano, Adriano, Séneca y Lucano nacieron en estas meridionales tierras, que se dice pronto. Y a los siglos, San Isidoro. Que ahora haya una especie de “fiebre indigenista” a lo Astérix y Obélix según algunas series televisivas que patean la Historia es ya de cachondeo. Como es de cachondeo que Manuel Pimentel, el ex ministro de Aznar, hable de “nuestros reyes” para referirse a los déspotas andalusíes, que ni fueron reyes (En todo caso califas o emires) ni fueron andaluces. Es el mismo que se opone al patronazgo de Santiago de las Españas, que fuera tan celebrado por Francisco de Quevedo. Ni que decir tiene que mejor nos quedamos con el criterio del autor de “El buscón” que con la post-política chufla. Y es que por más que se digan tonterías a golpe de talonario, lo cierto es que la expulsión de los moriscos fue celebrada por Miguel de Cervantes (A pesar que el complutense reconocía los dramas personales), Lope de Vega, Gaspar Melchor de Jovellanos o Marcelino Menéndez y Pelayo. El criterio de estos sabios me parece mucho más aceptable que el de los progres analfabetos de nuestro tiempo… Y es que los mahometanos, inasimilables a pesar de los siglos, siempre mostraron más inclinación hacia los piratas berberiscos y turcos que hacia los habitantes de una tierra que en verdad nunca fue suya, por más que muchos tuvieran sangre ibérica. Eran una quinta columna dentro del país y contra el país, que tras siglos de guerras afirmaba su identidad como para tener que soportar encima más conflictos creados en su propio solar. Por eso le volvemos a agradecer a Louis Powels su precisión. Tan preciso como fue ibn Jaldún exponiendo cómo no juntarse con cristianos en una sociedad totalmente excluyente…

Damas y caballeros, a pesar del romanticismo extranjero del siglo XIX que usó nuestros pagos como su laboratorio, a pesar de un Blas Infante que nunca tuvo predicamento en nuestro pueblo, incluso a pesar de Américo Castro y toda su corte de malos seguidores, los andaluces no somos árabes. Y por supuesto, no es lo árabe-musulmán lo que nos diferencia del resto de los españoles como una identidad determinista que nos podría llevar a pedir la separación de nuestra patria. Al contrario, los andaluces somos el corolario de España, porque de aquí partió la primera lengua romance del país y aquí se encontraron españoles de distintas regiones en las repoblaciones, y de aquí salieron los primeros barcos hacia el Nuevo Mundo. La primera gramática de la lengua que nació en Castilla fue hecha por Elio Antonio de Lebrija. Gracias a andaluces y extremeños y al afortunado puntal de Canarias fue que nuestra lengua se fue expandiendo, encontrándose modismos nuestros desde las Antillas a Chile. Con nuestro vecino portugués, el mundo euro-mediterráneo, Canarias y América forjamos nuestra identidad. Fonéticamente, no tenemos nada que ver con los árabes. Nuestras aspiraciones de las “s” y las “j” son mucho más suaves y musicales que la guturalidad propia de aquella lengua oriental. Es más, siendo simplistas, hay algo hay algo impreso en la identidad andaluza que es totalmente repugnante para lo arábigo-islamista: La imaginería, la carne de cerdo y el vino. Los moros estuvieron más tiempo en Valencia que en Córdoba y sin embargo en el Levante no está creada esa especie de pseudo-conciencia, como tampoco existe en el Algarve portugués. Porque no es historia ni cultura ni tradición, sino ideología barata, que por desgracia, ha ido calado mansamente.
No vamos a negar la fuerte influencia arábiga en nuestra repostería, ni en ciertos estilos arquitectónicos que en verdad entraron ya mestizos e influenciados de otros países desde la India a Italia, o el mismo arco de herradura que ya usaban los visigodos. En la música también se da el influjo, aunque ya cada vez más difuminado, pero ahí está, de una manera u otra. Seríamos imbéciles si dijéramos que en nada nos influenciaron, porque es que no es así. Aún conservamos frutos y topónimos en abundancia de aquella época, así como muchas otras palabras ya moldeadas por el paso de los años o bien muchas en desuso. Pero como decía José María Pemán, la influencia, como todo lo árabe en general, no deja de ser superficial, “de relleno”. Los mismos estudios genéticos nos dicen que la “incidencia afro-semítica” es marginal.

Si los andaluces fuéramos moros, los moros no tendrían problemas de adaptación en esta tierra. Seríamos la misma cosa y tan en paz. Con todo, la realidad es muy otra y tan poco se adapta un moro a Andalucía como a Cataluña, Galicia o Asturias.

Y es que una forma de atacar a España fue esa “imagen mora” tanto para bien como para mal: Para bien, como decía el recientemente fallecido Carlos Fuentes (El conocido novelista mexicano), lo bueno de España se debe al carácter moro; o para mal: España fue muy mala por liberarse de lo único civilizado que tuvo nunca… O como dice el américo-castrismo: El espíritu español es netamente semítico, moldeado por lo moro y lo judío, y sin embargo, fuimos muy malos por echar a moros y judíos… Sin entrar en otras consideraciones que ya fueron contestadas entre otros por Ramón Menéndez Pidal y Jean Dumont y en nuestro tiempo por Serafín Fanjul, podemos decir que estamos ante un conjunto de contradicciones e hipocresías cuyo fundamento es muy débil, y su consigna, repetimos, es bien clara: El odio a España en particular y a lo que representó la Monarquía Católica en general. Y como vivimos en tiempo en los que el complejo de inferioridad inoculado por la oligarquía masónica desde hace dos siglos ha calado y ya no se contesta, una buena salida parece lamentarse de ese paraíso perdido e insultar continuamente a un catolicismo que no se va a defender, con los consiguientes aplausos extranjeros por nuestra debilidad. Y en fin, aunque hay quien piensa que “miente, miente que algo queda” o que una mentira dicha no sé cuántas veces se convierte en verdad, lo cierto es que es la verdad la que nos hace libres, y cierto y claro es que los andaluces no somos árabes. Y que vaya desde aquí mi aprecio hacia los cristianos árabes, los auténticos oprimidos y olvidados por toda la caterva roja y liberal, que en eso (Como en tantas otras cosas) están unidos y, como buenos anticristianos, odian a aquellos cristianos más antiguos y con los marines a la cabeza hacen todo lo posible por su desaparición.



(1)Y no tan minorías. Véase la brutalidad de los británicos contra irlandeses y afrikáners, ya en forma de esclavismo ya en forma de directo genocidio.

http://poemariodeantoniomorenoruiz.blogspot.com