lunes, 27 de agosto de 2012

"FLAMENCO INDIANO" -"DIARIO DE AMÉRICA".



Flamenco indiano   

Por Antonio Moreno Ruiz

 Hace ya unos meses pude disfrutar de una noche de buena música en la Peña Del Carajo, en ese genial puntal limeño que es Barranco. Cuando en el escenario vi a un mulato grandón tocar el cajón al tiempo que flirteaban sonidos como de castañuelas y esas palmas que parecían de rumbas… En ese momento parecía fundirme en mi terruño…


Desde hace tiempo se está incidiendo en que la influencia americana en el flamenco es mayor de lo que a priori se pensaba, esto es, no sólo en los denominados “cantes de ida y vuelta”. Ortiz Nuevo nos fue destapando muchos datos. Los hermanos Hurtado Torres (Profesores de música y sobrinos-nietos del gran Juan Valderrama, que se dice pronto…), en su genial “La llave de la música flamenca” (Signatura Ediciones) nos dicen a las claras, principalmente desde un punto de vista musicológico y sin renunciar a lo cultural/antropológico, cómo el contacto con América y en especial con lo negroide ha sido determinante para la conformación de lo que a finales del siglo XIX pasó a llamarse “flamenco”, que antes se conocía como Cante o Género Andaluz; prácticamente al alimón de la eximia figura de Silverio Franconetti, quien por cierto, estuvo emigrado en el Uruguay.

A este factor añadamos, pues, en genial coctelera, la base que nos quedó de la herencia arábiga (Que en absoluto negamos) y de lo que eclosionó en el Barroco, forjando así una de las músicas más ricas del Occidente.

Y es que como dice el mentado Faustino Núñez: Si América supuso todo un impacto en cuanto a la antropología, el derecho, la dieta, la botánica, la medicina… ¿Cómo iba a escapar de ello la música, y más los puertos de Sevilla y Cádiz, que eran los que más contactaban con las Indias? Y como él dice: Se han intentado injertar en el flamenco muchas fusiones e instrumentos, ya de músicas hindúes, norteafricanas, judías… Y sin embargo, poco o nada cuajan, a pesar de algunos buenos resultados. En cambio el cajón, instrumento musical que exportó el guitarrista Paco de Lucía desde el folklore peruano (Muy relacionado con los negros), no necesitó ni “proceso de adaptación” y hoy figura naturalmente en cualquier repertorio flamenco, sin que muchos sepan su origen. ¡Acaso el enésimo aldabonazo del Nuevo Mundo, con quien tanta interacción tenemos a pesar de la leyenda negra y el olvido premeditado y politizado!

Y es que aún en Sevilla existe la Hermandad de los Negritos, como existe la Hermandad del Calvario que fue de mulatos, como hubo otra hermandad de negritos en el señero barrio de Triana in illo tempore. Y acordándonos de ese aire festero que sólo en Cádiz se paladea –A la memoria del genial Chano Lobato-, los tangos aparecen en el repertorio flamenco ya avanzado el siglo XIX como el “Tango Americano” o el “Tango de los Negros”… “Tango”… Palabra con la desinencia afro "ngo", al igual que “fandango”... Los que han intentado hacer del flamenco una ideología probablemente abominarán de esto; es normal, nunca han recurrido a la verdad… Aún hay quien, en un ramplón “subjetivismo” adobado de “exotismo romántico” sin argumentos ni documentos, prefiere decir que el flamenco es una suerte de “cante puro gitano-andaluz nacido en la fragua y en la cueva y nunca por artistas profesionales, reproduciendo, pues, eternos lamentos de campesinos moriscos sin tierras…”… Vale que en buena medida la consolidación del flamenco sea una suerte de "alquimia romántica", pero de ahí a que una pléyade de sabihondos siente supuestas cátedras de grandeza y pureza sin probar absolutamente nada, pues va a un abismo.  Máxime cuando con estas actitudes se ha despreciado durante años y años a muchos buenos cantaores de voces limpias y habilidosas, y flaco favor se hace al legado de muchos y excelsos artistas calés que como la Niña de los Peines o el Gloria emplearon toda una gama de sutilezas, matices y hasta refinamientos que nada tienen que ver con ciertos tópicos actuales de voces más o menos rotas situadas en “relación genética” con este pueblo según las mentadas “cátedras”… “Cátedras” que por cierto, no tuvieron problemas en el franquismo sino todo lo contrario.

Desde aquí, que poco o nada sabemos, recurrimos a los que saben, a los que nos han ayudado a diseccionar un fascinante decurso histórico-estético. Si bien para toda España el contacto con América fue determinante en todos los sentidos, para extremeños meridionales, andaluces y canarios lo fue y es aún mayor si cabe. En las Islas Afortunadas están vivas muchas músicas que los Hurtado Torres señalan como “preflamencas”. En nuestras formas de hablar, desde el sur español hasta las Antillas y los Andes se siguen dando entrañables coincidencias…

Así, pues, para un andaluz indiano supone una gran emoción el constatar en carne propia la fértil comunión de sangre y cultura que a través de muchos aspectos se sigue dando en nuestras tierras; la misma comunión que atesora el flamenco como tesoro de unidad en la diversidad; flamenco cuya reminiscencia me golpeó con dulzura y ritmo en la Peña Del Carajo de una manera u otra.



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