miércoles, 1 de agosto de 2012

"UN 23 DE FEBRERO" - "ALERTA DIGITAL".


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Alerta Digital

  Sin matices ni medias tintas | Miércoles, 1 de agosto de 2012 

Un 23 de febrero


Hace tiempecillo, estando una tarde-noche tan ricamente en mi casa, enchufé el televisor: Ponían el programa de historia que Alfonso Arteseros dirige en Intereconomía. Estaban invitados el comandante Ricardo Pardo Zancada y un ex-diputado que por lo visto ahora preside la Fundación Antonio Machado, cuyo nombre es Manuel Núñez Encabo, al que yo desconocía completamente. Más o menos, y en muy escaso tiempo, con algunas imágenes y documentos, se debatió sobre qué ocurrió verdaderamente en la intentona golpista del 23 de febrero del 1981, época en la que mi señora madre andaba embarazada de mí, mientras el paro, la inflación y el terror apresaban a España.

De chico sí que fue algo que intenté seguir mucho. Ya fui cumpliendo años y digamos que me desinteresó casi totalmente. Con todo, hace varios veranos, leí una obra de Xavier Casals sobre la extrema derecha en España donde me volvió a interesar este hecho tan importante y falseado. El historiador catalán desarrolla una teoría sobre aquel golpe de Estado que parece interesante. Fue matar dos pájaros de un tiro: Engañar al teniente coronel Antonio Tejero Molina y al teniente general Jaime Milans del Bosch, proponiéndoles un “gobierno de salvación nacional”, quizá al estilo de la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Se les haría ver que así se pararía la insoportable situación de la patria; aunque, según parece, Armada no comunicó a Tejero que sería un “gobierno de concentración” donde también entrarían socialistas y comunistas… Se conoce que cuando Tejero supo esto dijo que nanay…. Y ya nos vemos con varios golpes juntos y revueltos… Sin saber si aquello era a la turca o a la griega… La violencia de extrema izquierda se estaba disparando en España y parecía no tener control, y Fuerza Nueva, el partido que más jóvenes movía de toda España, aún tenía un apoyo popular importante. De hecho se hablaba que de un diputado se iba a subir a cuatro, a pesar de un sistema electoral oligárquico y anti-representativo.

Casals habla de la “estrategia de la tensión”, del equilibrar la balanza del terror hacia los dos extremos, pues la izquierda radical ya se había quitado la careta demasiado, en especial con la ETA o los GRAPO. Había que quitarse a ese incómodo partido, esa incómoda masa que era Fuerza Nueva, en esa España donde, asimismo, operaban franceses, italianos y argentinos vinculados a la extrema derecha. Y bueno, esa violencia aupada por el Estado haría que las masas acudieran mansamente al redil demoliberal. Según Casals, Tejero mantuvo que lo habían engañado. Incluso se llegó a esbozar una teoría de un doble del general Armada para el engaño a través de alguna conversación…. A saber. El caso es que tanto Tejero como Milans del Bosch fueron abandonados a su suerte. Milans del Bosch, el que movilizó Valencia, murió reiterando que él no sabía lo que pasó y que él creía actuar por orden de Juan Carlos. Y Armada, allá por los pazos gallegos, diciendo que él todo lo que había hecho era para servir a la “monarquía” y para salvar a los políticos.

Yo adobo otra teoría: Era algo que le venía muy bien a Juan Carlos. Un Juan Carlos profundamente impopular. Los monárquicos, o bien estaban D. Javier de Borbón-Parma (Los carlistas, los defensores de la monarquía tradicional española), o bien con el liberalismo de Battemberg. Aun queriendo finiquitar el carlismo por la obra y gracia del felón Carlos Hugo y Fraga, a Juan Carlos no lo quería nadie. Y él lo sabía de sobra. El abucheo de Guernica fue quizá una gota en un vaso ya colmado. Juan Carlos podía salir beneficiado tanto si apoyaba el golpe como si no, en una situación de desorden donde se añadían las presiones geopolíticas internacionales comandadas por Angloamérica. Si en un principio pudo apoyar un golpe incruento para un posterior “gobierno de concentración nacional”, pudo encontrarse sin apoyos en los mandos militares y se presentó como el más demócrata del mundo. De una forma u otra, reforzaba su autoridad. Y así, ha estado viviendo de esta renta hasta nuestros días. Renta que le ha permitido obtener pingües beneficios con corruptos y mafiosos de todo el orbe y firmar leyes injustas y sangrientas como la del aborto. Y no nos olvidemos que si el terrorismo comunista/separatista golpeó y golpea fue porque, entre otras cosas, Juan Carlos se dedicó a sacar de la cárcel, con Adolfo Suárez (Ambos hombres del régimen franquista. Memoria histórica…) a muchos asesinos para insertarlos en una “democracia feliz” que no se sostiene por ningún lado.

Con ETA se pudo acabar en el 1975 y, según Mikel Lejarza (“el Lobo”), aquel intrépido que se infiltró en la banda criminal (Nada sospechoso de fascismo, por cierto), las “nuevas autoridades” –postfranquistas- no quisieron.

En la misma onda, los servicios secretos se infiltraban en todas las asociaciones consideradas como “extrema derecha”, desde Fuerza Nueva a la Agrupación de Juventudes Tradicionalistas y tantas otras. Los servicios secretos han destinado más hombres y dineros en dividir y joder a la “extrema derecha” que en acabar con el terrorismo ultraizquierdista. Dejaron, pues, a los separatismos a sus anchas, y el PSOE, con la máxima jacobina de “ningún enemigo a la izquierda”, iría engullendo a los extremos.

Hubo una importante parte de un golpe real contra una base social española importantísima, que, también por muchos deméritos propios, ahora se veía sin capacidad de lucha, de reacción posible, deslegitimada, atemorizada; y una sociedad ya conducida hacia el nuevo orden, en el caos de una violencia “artificial”. La “estrategia de la tensión”, también empleada por Zapatero, tal y como le dijo a un ensimismado Iñaki Gabilondo, dio sus frutos a la derecha, pero no a la izquierda.

Y es que la historia reciente del espionaje nacional que organizó todo aquel entuerto es tan oscura como “friki”.

A Tejero se le ofrecieron jugosas prebendas, por ejemplo volar para la Argentina, así, por las buenas. Parecía que estaba todo planeado….. Pero Tejero no quiso. No quiso traicionar a sus hombres y él mismo asumió toda la culpa, cumpliendo condena en la cárcel.

Cuántos diputados, como el tal Núñez Encabo, se callaron y se agacharon como…, presos del miedo. Ahí quedó lo que les importa a ellos la representación de los españoles, representación/participación que niega un sistema cada vez más replegado en la plutocracia….

En el anecdotario, los concejales socialistas del sevillano pueblo de El Arahal se fueron huyendo a Portugal. ¡La valentía de la izquierda, siempre tan proclive al tiro en la nuca y a avasallar al indefenso!

El único que mostró arrojo fue Gutiérrez Mellado, que por cierto, arrastra tras de sí una historia bastante oscura, aún no contada. El único, de un congreso que estaba mandando a España a la miseria, donde la UCD se gastaba el dinero financiando a los socialistas por miedo al crecimiento del PCE, y donde todos, incluida una muy buena parte del clero, estaban de acuerdo en que había que acabar con la base social católica española sin complejos; a la que encima, con la mayor poca vergüenza del mundo, se le achaca el terrorismo.

No me creo la versión de Juan Carlos, cuya personalidad recuerda peligrosamente a la de Fernando VII. Ya con su escandaloso perjurio demostró lo que vale su palabra. La propaganda oficialista ha convertido aquél 23 de Febrero en un mito que no tiene nada que ver con la pura realidad. Y es que han tenido que pasar como tres décadas para que se empiece a saber el inicio de la verdad. El avezado Ismael Medina, un periodista de raza que no hace mucho nos dejó, venía denunciando estas mentiras durante mucho tiempo. A los años, Jesús Palacios y algunos otros se están atreviendo a hablar a las claras, comenzando por el célebre “a mí dádmelo hecho” del jefe de la Zarzuela. El mismo que entregó vilmente la muy española tierra del Sáhara a sus aliados de la tiranía alahuita, riéndose de la abnegada y admirable soldadesca, para culminar su poder con esto. Como decía el nombrado Medina, desde las Cortes de Cádiz, nuestra nación ha padecido una historia de conspiraciones, engaños e iluminismos sectarios que nos han traicionado hasta el ahogo.

Vivimos una consecuencia muy clara de todo eso, a pesar de que algunos, como Pérez-Reverte, siga viendo la “culpa reaccionaria” por todos lados. No obstante, parafraseando a José María Del Nido, lo mejor está por llegar….


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