jueves, 27 de septiembre de 2012

"PARALELISMOS ENTRE JOSÉ TOMÁS BOVES Y RAMÓN CABRERA" -"DIGNIDAD DIGITAL".


 

Paralelismos entre José Tomás Boves y Ramón Cabrera

 

La raza hispana a lo largo de la Historia ha demostrado que no existe potencia extranjera que le imponga un yugo que los españoles no acepten, siempre se rompen en las espaldas de los agresores aunque tengan las testas coronadas. Ahora bien, el pueblo español sabe que la vida es milicia, no necesita generales, mandos y soldados reglamentados, el genio militar es consustancial a los españoles. El pueblo español tiene espirítu castrense, los eunucos aunque recientes estudios afirmen que viven más están castrados y los españoles saben que para saber vencer hay que morir.

Por Antonio Moreno Ruiz 

 Hace tiempecillo fui forjando con el yunque de la atrevida intuición una teoría que parecía peregrina. No obstante, con el paso de los días fui madurando aquella volátil idea hasta transformarla en un esquema de pensamiento que se me antojaba medianamente congruente. Dicen que las comparaciones son odiosas…. Y dicen bien. Empero, no podemos evitar los paralelismos dados en la Historia, y más cuando se coincide en el siglo y en ambientes harto parecidos –sorprendentemente-;  siempre, por supuesto, salvando las lógicas distancias. Así pues, yendo directamente a nuestro propósito, podemos decir lo siguiente:

 -Ambos vienen de ambientes marineros y, sin embargo, se enrocan en el interior, en el corazón de una tierra que aman y comprenden y a cuyos moradores más profundos atraen a su bandera. Ambos son marineros en tierra, valga la poetización.

 -Sin experiencia militar previa, logran organizar un ejército de miles de hombres, de la nada, sin medios a priori de la logística oficial. Dicen que Cabrera llegó a movilizar un ejército de 30.000 hombres. No somos muy aficionados a las “cifras exactas” en según qué apartados de la historiografía; empero, creo que nos pueden ayudar al menos a hacernos una idea, más cuando Boves y Cabrera coinciden en despertar a todo un pueblo por el entusiasmo de la causa que defienden.

 -Ambos se ponían con su caballo y su espada al frente de sus hombres, con ellos comían, con ellos compartían en primera línea la dureza de la guerra, con ellos se divertían en las pocas ocasiones festivas que le tocaron. Ambos encarnaron el caudillismo pero al servicio de una institución: La Monarquía Católica. Tienen talento innato, felino, como conductores de masas. Son líderes naturales, brotados en momentos de desorden, de terremotos físico-emocionales. Como decía el polígrafo luso Joaquim Pedro de Oliveira Martins, los pueblos ibéricos acuden como por instinto a sus tradiciones más primigenias. Ahí surge la Devotio Iberica que ellos conducen y engrandecen, reiteramos, al servicio de una institución política. No estamos hablando, pues, de “militarismo”.

 -Como gobernantes son austeros, prácticos, resolutivos. Son conscientes del tiempo que les ha tocado y entienden que pueden aprovechar lo mejor de una tradición que bien conocen sin renunciar al progreso. A pesar de su apriorística inexperiencia, no son improvisadores. Tampoco tienen aires de grandeza, no tiran la casa por la ventana, no gastan más de lo que ingresan.

 -Ambos son hijos del mérito y por eso mismo, se ganan la enemistad y la envidia de los políticos de la camarilla, de la retaguardia. Camarilla de torpes e indeseables, sin más mérito que el descarado enchufismo y el “peloteo” y las amaneradas poses. Por desgracia, esto es algo muy común en la cultura hispana, y quizá se ha ido agudizando más con el tiempo. Muchos no entienden que un hombre, a base de su esfuerzo, de su valía, de su tesón, prospere en la vida frente al que todo lo tuvo y sin embargo nada hizo. Y no sólo es ése el que desprecia al hombre meritorio que está dispuesto a dar su vida por una causa noble, es buena parte del común la que actúa también como tal. En España mismamente esta situación es burdamente trágica, con tantos héroes olvidados y/o vilipendiados y, por la contra, tantos personajillos ensalzados desde el Estado y la televisión…. Muy relacionado con este tema, podemos decir que ambos fueron víctimas de las élites revolucionarias, élites en verdad venidas del régimen anterior y que para limpiar –supuestas- culpas de sus antepasados se distinguieron con terrorífico celo sobre buena parte de la población. Estas élites revolucionarias emergen utilizando su poderío e influencia, y van a tener la habilidad no sólo de clarificar el destino de estos brillantes militares, sino también de ir causando la ruina en las hispanas tierras, y cuando parece que la ruina se va a despejando, otro grupo de presión de este estilo se viene y nos devuelve a la miseria. La élite liberal golpista va a ir a cazar a Cabrera y a tipos de su gremio, esto es, católicos y realistas; años antes, el mantuanaje “ilustrado” la tomó con Boves con muy malas artes.

-Tanto Boves como Cabrera son víctimas de una leyenda negra que les hace muchos enemigos, e incluso los que fueron sus amigos mayormente los relegaron al olvido al “adaptarse a las circunstancias”. Boves al menos siempre tuvo en Tomás Morales su “reivindicador”, con mayor o menor éxito. La verdad es que Ramón Cabrera y Griñó dejó patidifusos a propios y extraños en uno de los últimos actos de su vida, después de tantos sacrificios personales y económicos por el carlismo, para acabar ¿reconociendo? en medio del fragor bélico (De una guerra que él, uno de los hombres mejor informados de España, siempre insistió en que estaba perdida de antemano) a un Alfonso al que llamaron el XII del que él conocía su incurable ilegitimidad tanto de origen como de ejercicio. Pocos amigos le quedaron a Cabrera y no sólo en el carlismo, pues la propia camarilla liberal que creyó convencerlo jamás reconoció su valía más que de boquilla. Nunca creímos que Cabrera fuera un ingenuo y que se dejara engañar, reiterando lo bien informado que estaba, por una camarilla alfonsina que algunos dicen que engañó hasta al Vaticano. Creemos que a Cabrera, por la contra, le jugó peor tanto su carácter bronco y vanidoso como la insoportable política de camarilla que tanto daño había hecho a su causa y que a veces había hecho que el movimiento político más antiguo del país casi quedara en caricatura, haciendo inútiles sus muchos esfuerzos, así como los de muchos de sus hombres con los que compartió penas y durezas. Esperamos que no se confunda nuestra postura y que no se caigan en otras comparaciones, pues jamás se comparará a Cabrera con Maroto. En ese sentido comparto la opinión de Román Oyarzun en “Historia del Carlismo” y por parte propia pensamos que Cabrera fue un campeón de la legitimidad, un campeón abnegado y enhiesto, que tal vez estuvo envanecido al ser más reconocido en el resto de Europa que en la España a la que tantísimo amó (Como tantos otros catalanes; como los catalanes que iniciaron el levantamiento de Cumaná contra los insurgentes, por ejemplo) y que una vez más, entre una camarilla y otra le amargaron la vida, hasta tal punto de que murió profundamente afectado por propios y extraños. Quienes fueron más vocingleros contra Cabrera usando la palabra “traidor” luego resultaron ser, cuanto menos, muy sospechosos de eso mismo…. ¡Qué cosas!

 Para nos, amén del mentado R. Oyarzun, Fernando Martínez Laínez (1) hace una buena disección del valiente tortosino, aunque demasiado a su libre estilo, lo cual deforma muchas veces tanto la realidad como la personalidad del personaje. Con todo, la biografía de Javier Urcelay (2) es sencillamente genial. Ambas lecturas son complementarias y han ayudado a que nos atrevamos a definir estas comparaciones nacidas al alimón de la intuición. Difícil es calibrar si la leyenda negra se ha ensañado más contra Cabrera o contra Boves, hasta tal punto de desfigurar sus vidas para la historia hispánica. Y en esa leyenda negra se suele omitir la brutal represión sufrida por Boves, azotado públicamente y acusado sin trámites por la oligarquía venezolana…. ¿Y qué diremos de Cabrera, a quien por ventura de la brutalidad de Nogueras asesinaron a su pobre y piadosa madre? Y no con ello estamos “disculpando” acciones posteriores. Lo que sí subrayamos es la cantidad de mentiras y deformaciones vertidas sobre dos personajes que tanto y tan bien lucharon contra los enemigos de España, de una España que, valga la paradoja, siempre parece premiar a sus enemigos.

¿Fue Boves, pues, el Cabrera americano? Más bien por tiempo sería Cabrera el Boves del Maestrazgo. Y con todo y con eso, añadimos un dato curioso: La mucha probabilidad de que el padrastro de Cabrera hubiera conocido a Boves en América(3). No sabemos si este hombre le contó algo del León de los Llanos al entonces joven Ramón, de qué manera le pudo influir en caso de que pasara…

Y es que creemos que se ha hecho justicia con Cabrera al erigirle una estatua en Morella, su bastión. Boves apenas cuenta con una calle en Oviedo. De los pocos que lo han reivindicado, hacia la segunda mitad del siglo XX se encuentra su paisano J. Evaristo Casariego. No sólo pedimos estatuas y recuerdos para él, sino para todos aquellos valientes que en América se jugaron la vida y la hacienda contra la desgracia separación; y no pedimos ni estatuas ni recordatorios para la camarilla y los enviados directos de ésta que con su miopía mandaron al garete al mejor ejército de la Tierra Firme. Más memoria por los hombres que lucharon por España y menos Leyenda Negra, complejo de inferioridad y auto-odio. Y Boves y Cabrera son dos ejemplos de la Historia que deben guiarnos hacia el futuro.




 (1) El rey del Maestrazgo. Luces y sombras del caudillo carlista Ramón Cabrera, de Fernando Martínez Laínez. MR Ediciones. Madrid, 2005.

(2) Cabrera. El Tigre del Maestrazgo, de Javier Urcelay Alonso. Editorial Ariel. Barcelona, 2006.

(3) “Coronel Bobes: La epopeya de un infante de marina”. Por José A. Fernández-Acero.
http://sapiens.ya.com/terciosnet/2epocaBobes.htm