sábado, 27 de octubre de 2012

"LIBERALISMO Y REPÚBLICA EN EL MUNDO HISPANO" -"DIGNIDAD DIGITAL".

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 Liberalismo y República en el mundo hispano

 

Cuando se independizó el Brasil no lo hizo bajo un régimen republicano. La familia real portuguesa se había exiliado en Río de Janeiro a principios del siglo XIX huyendo de las tropas napoleónicas que en mala hora invadieron la Península Ibérica y D. Pedro de Braganza proclamó la independencia del país luso-americano bajo una forma monárquica, nominalmente imperial. Dizque hubiera sido también el plan de Carlos IV, de Madrid a Sevilla y de ahí hacia América, aunque nunca se pudo concretar…. Años antes, el conde de Aranda le había presentado un plan clarividente a Carlos III. Viendo el desarrollo de los Estados Unidos y observando la rapidez del devenir indiano, propuso enviar un príncipe español a cada virreinato, gestándose así una independencia pacífica, conservando las vastas formas territoriales y que no se perdieran los vínculos militares, diplomáticos y económicos con España: Hubiera sido nuestra “Commonwealth”. Los británicos habían trazado en 1711 su plan para humillar a España y habían fracasado estrepitosamente: La derrota más grande de su historia radica en el intento invasor de Cartagena de Indias (1741), y décadas después pérdida de la América del Norte tuvo mucho que ver con la ayuda de España a través del gran Bernardo de Gálvez, cerrando en banda desde el Caribe a la Luisiana. Y es que en Estados Unidos se recuerda la historia española más y mejor que en España…. Con todo, volviendo a nuestro tema, el mentado conde sabía que era cuestión de tiempo que si no se actuaba en este sentido, todo estallaría en mil pedazos, con los correspondientes beneficios para una ávida y resentida Londres. No se concretó nada y así pasó, nuestra América se ensangrentó y se dividió en no sé cuántas republiquetas, mientras que el Brasil, un país con una diversidad nada desdeñable, se fue consolidando como una nación continental, conservando su territorio original y expandiéndose a costa de sus peleados, confundidos y contradictorios vecinos.

 

En la América Española, el país que pudo haber sido similar fue México, de haberse consolidado la forma imperial. Cuán distinta habría sido su historia, y quién sabe si también del resto de nuestra América… Pero los continuos golpismos y la mano del vecino anglo, amén de continuos deméritos, desbarataron tan interesante proyecto, que luego ya fue imposible de retomar a mediados del siglo XIX con Maximiliano de Austria y bajo la batuta del maquiavélico Napoleón III, volviendo de nuevo a consolidarse el liberalismo republicano. Asimismo, en el Ecuador hubo tentativas monárquicas importantes pero nunca llegaron a materializarse.

Y es que en verdad no falla: Cada vez que en el mundo hispánico el liberalismo y el republicanismo logran triunfar, nos asola la miseria. La misma monarquía brasileña cayó presa de las contradicciones liberales de su -en verdad- problemática fundación.

 El liberalismo no entró en el mundo hispánico como una especie de revuelta popular. Nunca ha sido popular, porque lógicamente el mismo concepto de pueblo le repugna. Siempre entró por la vía del golpismo militar o de la conspiración pseudo-elitista, o en su defecto, con una mezcla estrambótica de este par de facciones. El iluminismo minoritario siempre ha venido aupado por las clases más altas, es por esto que podríamos emplear el término “orleanismo” para describir el proceso revolucionario en nuestro mundo, desde las Cortes de Cádiz a las independencias americanas. ¿Y es que se podría entender la Revolución Francesa sin los Orleáns y las facilidades prusianas? Y también, ¿se podría entender el triunfo bolchevique sin que Lenin antes hubiera pasado por los bancos de Zurich?

 Con todo, es un hecho objetivo que en el siglo XVIII, con los tan injustamente denostados Borbones, España era considerada la tercera potencia europea, y tras la infausta invasión bonapartista y el consiguiente aprovechamiento revolucionario de la Península al Nuevo Mundo, nos convertimos en presa fácil de la miseria y de la voracidad extranjera, especialmente la anglosajona. Los liberales se niegan no ya a explicar su sangriento fracaso, sino a echar siempre la culpa –como por ejemplo hace el escritor Arturo Pérez-Reverte- a una supuesta y sempiterna conspiración reaccionaria que desbarata el paraíso de la libertad. Pero la realidad es muy otra. La realidad es que la que no gusta a los hijos de la guillotina, cuya historiografía (Digna predecesora de la marxista) nunca comprenderá que el pueblo español no quiso revolución y que por eso acogió como libertadores a los Cien Mil Hijos de San Luis. Pero ya se sabe lo que ocurre cuando esa voluntad popular no gusta: O el golpe o la conspiración pseudo-elitista o una mezcla desastrosa de ambas cosas.

 El caso es que en estos dos siglos apenas hemos levantado cabeza. En España tuvimos una oportunidad histórica medio envidiable, y fue cuando murió el general Franco. Tras siglo y pico de guerras alentadas por el liberalismo y los intereses extranjeros, con todos los fallos que se quieran (Que desde luego no fueron pocos), nuestro país logró ir limando las terribles asperezas del subdesarrollo al que nos había condenado la Revolución. En el año de 1975, España era un país apto para entrar en el concierto de las potencias. No digo que hubiéramos sido como en el siglo XVI, lo que sí digo es que estábamos entre los diez primeros países del mundo, y que de haber mantenido nuestra industria, nuestra pesca y agricultura, de haber reforzado las clases medias y uno de los mejores sistemas educativos del Viejo Mundo, y de haber orientado una política exterior sensata y acorde a nuestros intereses, nuestra historia reciente habría sido muy distinta. No obstante, el propio régimen franquista le había otorgado una constitución liberal a nuestra Guinea. A los Estados Unidos se les había dejado muy claro que aquí habría “democracia” a la muerte del jefe de estado, no obstante, se podría pensar como modelo en la República Federal Alemana o en el bipartidismo anglosajón, probablemente, pero claro, abierta la caja de pandora, todo se descontroló...

Poco antes del fallecimiento del mentado Franco, Juan Carlos, uno de los máximos artífices de nuestras modernas desgracias, había acordado con las barras y las estrellas y la tiranía alahuita entregar nuestra región sahariana. Como se había hecho también con Ifni, y con nuestra costa norteafricana, a excepción de Ceuta y Melilla, pero tiempo al tiempo… Y es que nuestra antimonarquía liberal no es sino una fábrica de republicanismo desde los tiempos de una Isabel al que algunos malamente llamaron “II”. Fue esta pseudo-monarquía farandulera la que consolidó el liberalismo en nuestra tierra. Y la izquierda no germina sino allá donde el liberalismo y su pútrida y contradictoria filosofía puso bien su semilla. El franquismo fue un parche, acaso un bonapartismo a la española. Algo parecido fue el imperialismo brasileño en el contexto iberoamericano. Tuvieron sus virtudes, no lo negamos, pero cuando la autenticidad falta y desde dentro sigue el virus, el edificio se desmorona pronto. Cuando desde el mismo régimen se cometió la terrible canallada de perseguir a Manuel Fal-Conde y sin embargo agentes dobles con sangre inocente en sus manos como Gutiérrez Mellado se movían como pez en el agua ya lo quiere decir todo. Fueron los mismos franquistas quienes, pactando con los peores antifranquistas, desde los democristianos a Santiago Carrillo, no hicieron este sistema de taifas caciquiles por miedo a que los separatismos (Productos minoritarios) se radicalizaran, ni tampoco pagaron el pato de una supuesta inexperiencia; no, esas excusas están ya muy vistas; por el contrario, llevaban décadas aguardando el profesionalismo politiquero con muy buenos contactos. Les vino muy bien el ambiente de miedo creado por no sé cuántos grupos terroristas de ultraizquierda, cuyos coletazos hasta hoy nos asfixian gracias a un sistema que no deja de favorecerles. El mismo sistema que ha ido engordando su torpeza burocrática y su ideada corrupción hasta cotas insospechadas, pero todo es por lo mismo, porque se hizo con mala conciencia y nulos escrúpulos desde primera hora. Aquí no hubo ingenuidades o candideces, hubo mala leche, arribismo, sinvergonzonería y mediocridad. Se sofisticó el nefasto turnismo de Cánovas y Sagasta, el mismo que bajo la antimonarquía liberal nos llevó a una II República tan mediocre como criminosa, que pretendió convertirnos en una colonia de la URSS. Ahora se nos vuelve a negar la participación política, el orden y el trabajo. Ahora, el liberalismo y el comunismo vuelven a ir de la mano, fundiéndose al estilo chino como máxima expresión del Nuevo Orden Mundial. Mucho me temo que los hispanoamericanos países emergentes, si no salen de esta tónica, vuelvan a caer en el abismo pasado este “ciclo económico”.

Y sí, definitivamente: Liberalismo y república en el mundo hispano son sinónimos de desgracia, hambre, frustración, anarquía y desesperación. Cada vez que nos tocan con su varita de magia negra nos hunden. Ya es hora de que nos demos cuenta y pongamos remedio.


Antonio Moreno Ruiz

http://poemariodeantoniomorenoruiz.blogspot.com