domingo, 10 de febrero de 2013

"DESTROZANDO IDIOMAS" - "DIGNIDAD DIGITAL".


Por Antonio Moreno Ruiz 

Decía el añorado Alexander Solzhenitsyn que los males característicos del Occidente moderno eran la precipitación y la superficialidad. Para el tema que nos compete, es muy válido, puesto que en nuestra pseudo-cultura de lo rápido, lo “exitoso” y la ley del mínimo esfuerzo, nos creemos que aprender un idioma es cosa de poco tiempo y que, de hecho, sólo hay que aprender lo “necesario” del sitio al que específicamente se irá un tiempo. Con esta mentalidad, nos estamos enterando que, por lo visto, existe “portugués de Portugal y portugués de Brasil”, así como existe eso del “español de España y español latino”. Sí, porque esa es otra, resulta que españoles, portugueses, franceses, italianos y rumanos hemos dejado de ser latinos, ahora son sólo latinos los iberoamericanos. Y esto es como decía Unamuno: “¿Latinoamérica? ¿Es que acaso hablan latín?”. El término que se sacó de la manga Michel Chevalier, ministro de Napoleón III, y que secundaron enseguidita las logias argentinas ahítas de hispanofobia así de esperpéntico está acabando…

Y bueno, una cosa es que el profesor de turno se tenga que hacer acopio de–digamos- ciertos usos y vocabularios que se emplean más en América que en Europa… Hasta ahí de acuerdo…. Mismamente podemos poner el ejemplo de España: Desde Extremadura a Murcia, pasando por toda Andalucía, y también en las Islas Canarias, un supuesto “castellano estándar” no existe ni por asomo. Por supuesto, alguien capacitado para enseñar el idioma tendrá los conocimientos necesarios para explicar esas diferencias dentro de un lado y de otro. Y es que cuando se sabe un idioma, se sabe en todas partes donde se habla. Aunque al principio se pueda tener problemas con el acento o con ciertos modismos o jergas. Pero teniendo bien la base, no hay problema mayor en el asunto. Nada de prejuicios o complejos de superioridad, todo lo contrario. Y sin embargo, en nuestro tiempo se llega a la paranoia de, por ejemplo, no contratar a un profesor por ser natural del país donde se originó la lengua…. Ese surrealismo mágico-esperpéntico ya está pasando. O sea, que al final el prejuicio es al revés….

Así las cosas, pronto hallaremos que un inglés que quiera aprender español en España exija aprender “español de Cádiz”; así, cuando se encuentre con un santanderino, no entenderá ni papa.

Y es que hay que ser conscientes de que un idioma no está “para salir del paso”. Uno, cuando empieza, puede pedir preferentemente aprender unas cosas sobre otras. Pero si uno dice “yo quiero aprender portugués de Brasil” ,”inglés de Australia”, “francés de Quebec” o “español de España” o “alemán de Austria”; en fin, con estas tonterías no está aprendiendo un idioma, a lo sumo, una “jerga”, que es probable que olvide pronto y que desde luego no le va a servir para comunicarse en condiciones. Y con esta mentalidad como enésimo producto del mundo moderno, con tanto “lenguaje sms”, tanta teclita y tanto “Homo videns” (*) suelto, no se está llegando al “hombre práctico”, sino al doctor Liende, que de nada sabe y de todo entiende.







  (*) Véase: http://poemariodeantoniomorenoruiz.blogspot.com/2012/04/mis-lecturas-giovanni-sartori-homo.html