lunes, 11 de marzo de 2013

CARTA A MI SOBRINO ANTONIO PILAR MOYA.


Mi querido sobrino Antonio:

Antes que nada, he de decirte que como somos tantos Antonios en la casta, he decidido encabezar esta carta con tu nombre y apellidos, para que así no haya confusión. Asimismo, te pido disculpas por haber tardado en escribirte. Y es que últimamente estoy tan ocupado que ni un momentillo puedo sacar. Pero eso es buena señal, lo malo sería que estuviera igual que como estaba en mis últimos tiempos en España, sin trabajo ni perspectivas. 

Y bueno, sobrino, ¡qué ilusión me hizo cuando mi madre me leyó la carta que me escribiste! ¡Muchísimas gracias por acordarte de mí! Cuando estás tan lejos de tu tierra, la sensibilidad se agudiza. Fíjate que hasta vuelven recuerdos que tú ni sentías. Será que el cerebro trabaja más de la cuenta. Y cuando me acuerdo de ustedes, yo no sé ni lo que me entra…

Qué ilusión, Antoñito, qué ilusión. Me entró un pellizco en el corazón….

Por supuesto, espero que algún día escribas una poesía y espero que pronto pueda volver a recorrer las calles de nuestro pueblo. En cada una te podría contar una historia. Cuando seas mayor…. 

Me acuerdo que naciste hace seis años un 3 de mayo, y me acuerdo perfectamente del mensaje que me mandó tu padre: “Ya soy papá.” Tres palabras tan cortas como hermosas que me llenaron de emoción. Y desde que viniste al mundo nos asombraste a todos con tu rostro resplandeciente, con esa claridad angelical y vistosa en cabellos y ojos. Y ahora que te veo tan grande, me abrumas al ponerme por delante el paso del tiempo. Cuando uno es niño, no se da cuenta de la velocidad de los minutos. Fíjate que yo me acuerdo cuando tu padre, en la casa de tus bisabuelos, se sentaba en una mecedora y yo le preguntaba la edad que tenía, y me respondía “primo, yo tengo once”. Él me lleva seis años, así que echa las cuentas.... Y es que os tengo muy presentes siempre, ya sea a tus padres, a ti o a tu hermanita Carmen, que cada día está más linda; así como a los primos Antonio y Esperanza. Pero por las circunstancias de nuestro país me he tenido que ir a la otra punta del mundo. A veces pongo las noticias porque me parece estar más cerca de nuestra patria, pero al momento las quito no sin antes decir una buena ración de palabrotas. El día a día digamos que se pasa relativamente bien, y más si tienes al lado una novia tan guapa y tan buena como es mi caso, una futura tía tuya que está deseando conocerte, por cierto; pero hay momentos, momentos concretos, en los que la falta de los míos supone un puñal de dolor inenarrable. Y ustedes sois una parte muy importante de los míos. Pero yo no sé el tiempo que tendré que estar fuera, y no sólo yo, sino tantos y tantos españoles que no hemos tenido más remedio que hacer las maletas e irnos a trabajar al extranjero porque en esa tierra nuestra que tanto nos gusta y a la vez tanto nos saca de quicio nos han privado de toda oportunidad posible. Mientras más quieres a España, peor, porque España premia a los que la odian y la destruyen. Es algo que a lo mejor te suena muy raro, pero no es una cuestión de edad; cuando seas grande tampoco lo entenderás, porque no puede entenderlo nadie. Pero así es. Cada vez veo a más compatriotas por el Perú, y también hay bastantes por Argentina, Brasil, Colombia, Chile… Y por Inglaterra y Alemania… Y si bien uno crece como persona, no ve crecer a sus sobrinos. Y eso duele. Y veo que el tiempo no lo cura. Por eso te aconsejo que nunca pierdas la fe que tan bien te están transmitiendo en casa. Piensa que cada Viernes Santo, cuando sales de nazareno con tu sacramental estandarte bordado, mostrando así tu apego por nuestra hermandad de la Soledad, estás acompañando a Nuestra Santísima Virgen María y a Cristo, el Hijo de Dios vivo que murió en la cruz por nuestros pecados, el que nunca se olvida de nosotros, el que hace que, aunque nos sintamos solos, siempre tengamos compaña. Nunca te olvides de eso porque no hay mayor tesoro en la vida, porque todo pasa, hasta el dinero. Pero la fe y las tradiciones que de ella emanan y que nos han inculcado en casa nos mantiene vivos y despiertos. Te darás cuenta cuando vayas creciendo que la vida te pone zancadillas así como uno mismo tropieza por despistado o directamente por tonto; pero si uno tiene fe, esa fe que exhalamos cada domingo en nuestra parroquia de San Martín de Tours, esa fe que nos iluminó desde que allí fuimos bautizados…. Sobrino, esa fe es la que mueve montañas y con eso no hay quien pueda. Así que aunque esté tan lejos, te tengo muy presente en mi corazón, y le pido a Dios que al menos cada año pueda verte y abrazarte. Y hablando de la Soledad, yo lo paso peor en Cuaresma y Semana Santa que en Navidad, porque como ya sabes, la Semana Santa, amén de su inherente sacralidad, posee ese encanto telúrico que nos abre las puertas de la primavera de par en par. Es toda una comunión lo que Dios nos ofrece. Y esa imagen que tengo tuya desde chiquitito en casa vestido con nuestro hábito…. Ahora ya hace dos años que no la presencio en vivo y en directo… Y bueno, prefiero no pensar demasiado, porque muchas veces se vuelve uno loco. 

Yo he sido aficionado a escribir desde muy pequeñito, y ya con tu edad escribía cartas, diálogos y algunas historias. Eso sí: Espero, por el bien de la humanidad, que esos papeles hayan desaparecido sin dejar rastro por los siglos de los siglos, amén. Pero hablando en serio: No lo dejes. Siempre que sientas deseos de escribir, escribe. No dejes de leer. Va a ser un alimento constante que te va a tener en un apasionante aprendizaje y va a hacer que llegues muy lejos, y más en esta sociedad tan dura en la que vas a crecer, donde leer y escribir es algo de gente extraña y hasta se ve mal y, sin embargo, salir en la televisión contando cotilleo te da millones de euros. Pero tú no eches cuenta en esas cosas, tú coge tu lápiz y hazte dueño y señor de las palabras. Por lo que he visto, te puedo decir que ya tienes talento. Próximamente, Dios mediante, va a salir mi tercer libro de poemas. Tengo más material para publicar y en verdad no sé cómo, pero algo se hará. Tú sigue, dale ahí sin miedo y sin prisa pero sin pausa. Y cada vez que te acuerdes de mí mira al cielo, porque ahí vas a ver también a tu abuela Rosita, y porque el cielo está trazado por el camino de las estrellas y tiene el mismo color del mar, que es el color de tus ojos, y todo ese paisaje es el que nos trae y nos lleva a los emigrantes deseosos de ver a nuestras familias.

Gracias, gracias de todo corazón, sobrino y tocayo. Espero que sigamos escribiéndonos. Cuídate mucho, estudia y aprende, haz deporte, reza, anima a nuestro glorioso Sevilla F.C. y como te dije, ¡escribe! 


Muchos besos de tu tío y admirador,
Antonio Moreno Ruiz.