lunes, 6 de mayo de 2013

MIS LECTURAS: "LA NOVELA DE PERÓN", DE TOMÁS ELOY MARTÍNEZ.

 * Imagen extraída de www.escritores.org

-Poco antes de dejarnos, mi suegro me regaló esta novela, una edición de Planeta-DeBolsillo. Si soy sincero, apenas había oído hablar de este escritor argentino que tuvo buena prensa entre la progresía española, cuyo marco referencial nunca dejará de ser "El País". La novela, como bien dice su título, va sobre el general Perón, acaso el personaje más importante de la Argentina del siglo XX. Es mezclar la realidad y la literatura en un personaje poliédrico que abarca muchas etapas, y que como bien dice el autor, al final es una tarea imposible, pues Perón es inenarrable, porque así él lo quiso. Por supuesto, no me fío del criterio de Tomás Eloy Martínez para analizar la figura histórica de Perón. Es la versión del gorilaje, esto es, el liberal-progresismo argentino antiperonista; llena de chismorreo y escatología en el peor sentido de la palabra. Como historia con minúsculas está curiosa, pero como Historia con mayúsculas no sirve. Pero sí que concuerdo en algo con el susodicho, y es que el general le ganó a la historia, porque él mismo fue partícipe de todas las versiones posibles de su vida y obra. Un buen amigo y colega ecuatoriano dice que Perón no jugó a dos bandas, sino que jugó a todas... El filósofo Alberto Buela refiere en una excelente entrevista (*) que un famoso sociólogo italiano se marchó de la Argentina al dejar por imposible el peronismo. Más de una década en el país sudamericano y no le halló explicación. No obstante, eso me consuela, pues mientras más he intentado estudiar el peronismo, menos lo he entendido. Y es que para entender el peronismo, hay que entender la Argentina. Y eso es tan difícil como entender a España, me temo.

En el caso concreto de la Argentina, si no estoy mal, hacia los años 20 del siglo XX el país contaba con un tercio de la población que era extranjera, como se refiere en este libro que comentamos. Desde la "independencia" que se hizo como guerra civil al servicio del imperio británico, en especial los liberales buscaron arrancar de cuajo la tradición criolla y mestiza del país. Mitre, Sarmiento, o incluso Alberdi con su idea de "gobernar es poblar"; -si bien el primero y el tercero tuvieron cierta evolución- tenían la idea de que el español era una especie de pueblo inferior (Y con él, todos los "latinos") y el indio era mejor hacerlo desaparecer. Sarmiento en concreto fue totalmente beligerante en ello y así lo alentó en el brutal genocidio contra el Paraguay. Tuvo el "parche" de Juan Manuel de Rosas pero en absoluto evitó la penetración inglesa, de hecho toda su vida estuvo rodeado por británicos y allí fue a pasar sus últimos días. Por tanto, la naciente república comenzaba una política sin autoridad y con alienación, constante que se extendió durante todo el siglo y que acompañó al siglo XX hasta que llegó el "parche" del peronismo, que en verdad no tiene comparación con España, pues el franquismo fue otra cosa. Franco, de hecho, le ganó a buena parte de su presente pero no a la historia oficial, y en España ocurre un fenómeno contrario: Mientras que en la Argentina "todos son peronistas", chiste-cliché que utilizó el propio Perón, en España nadie quiere ser franquista aunque su pasado reciente sea más que evidente.

Volviendo a la Argentina, hemos de observar que la política inmigracionista se desbordó, pues por encima de armenios, árabes, judíos, alemanes, británicos o incluso luego polacos y balcánicos, los que moldearon la idiosincrasia porteña -distinta a la provinciana- fueron los italianos y los españoles, justo los que los oligarcas liberales no hubieran querido ni en pintura. Por eso creo que el país está que todavía no se encuentra y que necesita esa idolatría para tener algo a lo que agarrarse.¿Han probado a tocar temas como San Martín, Rosas, Perón, Evita y Maradona con un argentino? Ahí entenderán por dónde voy... Y a la idolatría, añádenle la farándula; algo importantísimo para observar a Perón y su legado.

Salvando las distancias, en España es relativamente parecido desde que entra Napoleón y se confirma la pérdida de autoridad. El liberalismo español es un constante rechazo a nuestra identidad en especial desde que el pueblo no secunda el golpe de 1820 (Alan García, ex presidente de la república peruana, ha llegado a decir que el mayor héroe de la independencia es Riego y no San Martín...) y en 1823 acoge a los Cien Mil Hijos de San Luis como libertadores. Al no poder explicar ese rechazo, la culpa la echa a la historia, a la iglesia, a la Inquisición, a la "raza" incluso... Y en nuestro tiempo, a Franco. Dirán que eso es la izquierda... Sí, pero la izquierda no brota sino allá donde el liberalismo ha puesto su oscura semilla.

Todo ese pesimismo endofóbico, aparte, cristaliza en especial con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas -como bien ha observado el mentado Buela-, donde corrientes pesimistas de tronco liberal como el regeneracionismo político y la Generación del 98 literaria se encuentran, a la par que por otro lado se aprovechan para asomarse los separatistas antiespañoles que verán en la II República su oportunidad. Es curioso como el pensamiento hispanoamericano sufre una modificación con esta guerra, siendo ya consciente de que el gringo está a las puertas, e incluso la izquierda de la época (Hipólito Yrigoyen, José Santos Chocano, Rubén Darío...) esgrime el hispanismo. Pero todo eso se fue al....

Y bueno, es en ese contexto donde hay que situarse para analizar el peronismo, o mejor dicho, los peronismos; uno de los episodios más grandes de realismo mágico, superado, eso sí, por el chavismo. Con todo, lo cierto es que para algo ha servido esta lectura.







(*) Véase la entrevista en este enlace:  http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=4335