miércoles, 12 de junio de 2013

MUERTE EN MI PUEBLO

*Imagen extraída de padremolleto.blogspot.com

-Como he comentado en ocasiones anteriores, al estar tan lejos de la tierra de uno, que a su vez es también la tierra de los antepasados, las malas noticias parece que dolieran todavía más. La sensibilidad se exacerba, el cerebro trabaja más y las ráfagas de recuerdos remotos asaltan con sorpresas trepidantes; y muchas veces uno mismo no es capaz de controlar sus propias emociones. Es muy difícil de explicar, muy difícil de transmitir, muy difícil de comprender. Como decían los viejos, no es para contarlo, es para vivirlo....

Y es que hay que ver cómo son las cosas. Con mi gran amigo de la infancia, Pedro Gutiérrez, no me escribo mucho. No por nada sino que ni a él ni a mí nos sobra el tiempo. Como entre mis padres y  Edu Riego (Como antes Isa Fernández) me mantienen al tanto de lo que pasa en mi pueblo, con los otros mensajes esporádicos de paisanos que me van llegando me quedo tranquilo. No obstante, ayer, cuando llegué a la oficina y abrí el correo, y vi que había un mensaje de Pedro, enseguida se me vino a la cabeza que era por algo malo. Fue como un presentimiento. Otra vez, no sé explicarlo. Pero antes de abrir el correo, me olí que algo malo iría a leer. Y así fue. Entre otras cosas, me daba dos noticias malas. La primera era que se había muerto Antonio, el Nene. Y la segunda era que se había muerto Lola.

Con respecto al tocayo, al Nene, no sé qué edad tenía el hombre, pero ya estaba mayorcete. Me queda un muy buen recuerdo de él. Hablamos muchas veces. Recuerdo en especial alguna vez viniendo de trabajar en el campo, alguna vez viniendo de borrachera, o yendo al estanco, o en la romería, o en tantas otras ocasiones más o menos cotidianas. Uno de los tipos cuya imagen acompañó en distintos momentos de la vida, como tantos otros paisanos que forman parte de una pintura viva, de una inspiración sempiterna. Una de las últimas veces que lo vi fue en la consulta y lo vi muy desmejorado, en una sillita de ruedas. La verdad es que me conmocionó un poco. Estuvimos charlando un ratillo. Y ya yo me fui al Perú y hasta ayer no tuve noticias de él. Y ahora, cuando voy por la calle, mirando para arriba le digo que descanse en paz, y que lamento mucho que ya no lo veamos en tierra, pero que se dirija derechito al cielo le deseo.

Con todo, por más dolorosa que siempre sea una muerte, para todo en la vida hay grados. El mensaje de Pedro decía que amén del Nene, se había muerto Lola, la hija de Mariola, la nieta de Antonio y Manoli, vecinos de la Plaza de toda la vida, de esa Plaza de Cuatrovitas, de esa Plaza donde en sofocantes los veranos nos sentábamos en las puertas, frente a los naranjos, buscando el aire que dentro de casa se nos negaba, de esa plaza de la iglesia de San Martín de Tours, donde coincidía en misa con Antonio y Manoli. Con tres añitos, un accidente fatal se nos la ha llevado por delante, provocando el impacto en todo un pueblo que se ha echado a la calle para ofrecer su consternación y pésame. Noticias tan terribles como ésta hacen que uno se vea como un imbécil cuando tantas veces se queja de vicio. ¿Qué se puede decir? Pues tanto en la cercanía como en la distancia, dar el pésame y poco más, porque aquí sobran las palabras. Hechos como éste nos demuestran la fragilidad de la vida, ante la cual, qué poco valoramos las cosas que de veras son importantes. Eso que llaman "pequeñas cosas" realmente es lo que constituye el motor de la vida. La verdad es que esta noticia me ha golpeado muy duramente. No quiero ni pensar cómo se tienen que sentir esos padres y esos abuelos. El dolor hace trizas y es muy difícil de superar. Si yo, que con los abuelos que tuve, apenas sé distinguir el cariño que les profesaba del cariño a mis padres -y no es exageración-, raro es el día que no me acuerdo del dolor de perderlos, pues, qué puedo decir ante esto.... Sé que es gente que tiene fe y que eso va a ayudar a salir adelante, aunque es una marca que va a quedar para toda la vida, y a diferencia de la generación de nuestros abuelos, nosotros estamos muy poco acostumbrados a sufrir, por lo que el dolor se hace todavía más insoportable. En fin, Dios Nuestro Señor cuenta con un angelito más en su celestial corte. La muerte ha sacudido al pueblo, pero la muerte no es el final. Que Dios dé muchas fuerzas y que el pueblo entero se vuelque con esta familia, acompañándola en este calvario en vida. Yo, aunque esté a miles de kilómetros de distancia (Como tantos otros compatriotas que no han tenido otra alternativa), tengo el corazón de luto.





Requiem aeternam dona ei Domine.
Et lux perpetua luceat ei.
Requiescat in pace.
Amen.