domingo, 18 de agosto de 2013

"DE ROUSSEAU AL FUNDAMENTALISMO DEMOCRÁTICO" - "DIGNIDAD DIGITAL".

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De Rousseau al fundamentalismo democrático

 Por Antonio Moreno Ruiz



El problema no es echarle la culpa a alguien o a otro en vez de asumir uno mismo los propios errores, fracasos o culpas. Eso es algo muy infantil, y si se quiere, “muy humano”. El problema es cuando eso se dogmatiza por obra y gracia de Rousseau, y penetra en el mundo hispano por los revolucionarios liberales –siempre apoyados en el golpismo militar- y las oligarquías criollo-mestizas. Así, la creación constante de mitos contra España, al alimón de la revitalización de la Leyenda Negra esgrimida por traidores españoles, Francia, Inglaterra u Holanda, va viento en popa a toda vela, porque es la misma España la que la propaga y hasta la financia. 

Si un español va a Sudamérica, se encontrará con que más de una vez será acusado de descender de malvados delincuentes, ladrones de oro y violadores insaciables. Y más cosas. ¿Qué funciona mal el transporte público? Ya… Pero es que hay atraso porque fuimos colonizados por los españoles…. Se le podrán espetar las palabras del historiador Salvador de Madariaga: "perdona, pero creo que estás en un error al condenarme a mí, porque mis abuelos jamás abandonaron la península, e incluso murieron en el mismo pueblecito en el que nacieron... En todo caso, si deseas atacar tan injustamente la memoria española, ataca mejor a tus propios abuelos, aunque quiero que sepas que serás siempre un malnacido por hablar así de los que te dieron tu propia sangre... Yo te aseguro que, mis abuelos jamás pisaron, ni de lejos, esta tierra...". Y aun así, no lo entenderán. Porque los españoles son una especie de marcianos que vinieron a privar a los buenos salvajes de un paraíso en la tierra. Y en esta concepción, se mezcla todo lo que decimos, por supuesto, con el refrito marxista correspondiente. 

Mas, ¿podremos culpar a los hispanoamericanos? Fijémonos cómo en la propia España florecen los flacos mitos del tontiloco racista Sabino Arana, la “Diada” en Cataluña, los comuneros en Castilla, los moros en Andalucía, los guanches en Canarias… En todo ello se cumplen esos presupuestos ideológicos, que lejos de ser contradictorio, se complementan bastante bien. Además que es muy cómodo. 

Y esto pasa en el mundo donde todo está prohibido y donde el hecho de viajar supone una burocracia tan brutal como ineficaz

Sea como fuere, la idea del contrato social de Rousseau luego es el plebiscito de Renan y Ortega y Gasset, idea fuertemente criticada por Antonio García Trevijano, sirva como curiosidad. La patria no es un contrato ni un plebiscito, ni es una especie de gran tertulia, eso que tan de moda está en la cada vez más insufrible televisión. Y desde luego, nada se puede explicar desde el fundamentalismo democrático (Término empleado por el filósofo Gustavo Bueno), donde hasta los buenos días parece que son votables. Eso sí, si el voto sale para quien no nos gusta, no vacilamos en llamar a los tanques de la OTAN…. Y no por nada los ladrados “derechos humanos” se hicieron desde la guillotina al gulag. 

Como decía Oswald Spengler, al final es un pelotón de soldados el que salva la civilización. Y él, como Gaspar de Jovellanos, le daba mucho valor a la tradición. Casi nada en la vida es “democrático”. Nada tiene que ver el sistema de partidos ideado principalmente por la Revolución Norteamericana con la democracia tal y como la concebían los griegos. En la democracia griega no podían votar ni las mujeres ni los extranjeros, por ejemplo… Y de hecho el ideal griego no era el de un absolutismo democrático, sino una poliarquía: Monarquía, aristocracia y democracia. Hasta hace relativamente poco, Inglaterra tenía un sistema así. En honor a la verdad, su sistema electoral me parece el más correcto, un sistema de distrito electoral. Lo ideal, sobre 100.000 habitantes, y con obligación de oficina electoral en la misma zona. Por lo menos, se conoce al que se vota, y no estamos ante una lista cerrada de candidatos que impone el partido. En los Estados Unidos las listas son abiertas y el voto es libre, tanto de electores como de diputados, no existe la monstruosa y totalitaria disciplina de partido. En cambio, son sistemas muy carcomidos por la bancocracia y la hipocresía. El sistema suizo es diferente. Ahí sí podríamos hablar de una democracia, pero directa, con referéndums vinculantes. Y resulta que el servicio militar es obligatorio… Y es el país europeo que más armas tiene por barba. Y uno de los más multiétnicos. Y sin embargo, uno de los países más pacíficos y con menos problemas de separatismo. 

No son paraísos en la tierra. No tenemos que importar modelos extranjeros a la fuerza, pues nuestra tradición, bien desempolvada y desarrollada, siempre nos va a ayudar muchísimo. Pero lo que tenemos que percibir ya es que nuestro sistema tiene todas sus desventajas multiplicadas y ninguna de sus ventajas. 

Está claro que este modelo no sirve, que ya se acaba. Pero hemos de ir a la raíz del problema, pues son sus farsantes y corruptos moldes la cabeza visible de la podredumbre. Esta crisis tiene mucho de “psicología”. Desde Rousseau al fundamentalismo democrático, con el engrudo rojo de por medio y todo por el posterior establecimiento progre-liberal, las contradicciones histéricas, el complejo de inferioridad provocado por las mentiras contra nuestra historia y esencia, la obsesión por el lujo sin esfuerzo, la falta de una sana y justa autoridad y la división artificial engendrada por caciques analfabetos, cleptómanos e inescrupulosos, España se nos está muriendo. Sólo identificando bien el mal podremos caminar hacia el bien. Y en verdad sabemos lo que hay que hacer. Ya es hora de ponerlo en práctica. Debemos ser ese pelotón del que hablaba Spengler.