martes, 17 de septiembre de 2013

CARTA A MI TÍO PEPE



-Tito:

El sábado pasado, mientras mis alumnos hacían sus actividades, se me ocurrió una poesía. Me había enterado que estabas pachucho y me puse muy triste. Cuando estás lejos y te enteras de algún mal, la sensibilidad se te pone por los suelos. Y si es de alguien al que quieres mucho.... Ya mejor ni hablar.

Como le he dicho a tus hijos, entre las muchas razones por las cuales podría expresar por qué te aprecio tanto, hay una muy especial: Recuerdo que el 14 de enero de 1998 falleció mi abuelo, tu tío Morante, en el hospital de Reina Mercedes. Como mero formalismo, había que reconocer el cadáver. Y fui yo con mi tío Rogelio y contigo, entre otros. Al ver a mi abuelo muerto, me dio mucha impresión y me brotaron las lágrimas a puñados, preso de la tristeza. Y recuerdo que en ese momento, me apartaste para que no siguiera sufriendo más ante aquella imagen y me abrazaste. Nunca olvidaré ese gesto, como nunca olvidaré cómo abrazaste a mi madre el día que falleció tu prima, mi tía Rosa, aquel infausto 12 de noviembre de 2010. Resulta que el 12 de noviembre es el cumpleaños de mi madre, y digo yo que anda que también se le va a olvidar....

La verdad es que siempre fuiste muy bueno, atento y cumplido conmigo. Raro es el día que no me acuerdo de alguna anécdota o de alguna conversación de las nuestras, y eso me da estímulos para seguir adelante. Porque la fuerza de la familia se siente siempre, y no hay mar de por medio que la borre. Y creo que si sé apreciar a la familia, es gracias a ti, entre otros; porque eres una imagen presente en las penas y en las alegrías. Eres una imagen presente en toda mi vida, porque siempre has estado ahí, lo mismo en las bodas que para ayudar a cargar el ataúd de mi tía, tu prima Aurora, a la que todo el pueblo quería. Te vi justo antes de irme a Lima: Estabas en la puerta de la iglesia, era un entierro... Y luego, cuando vine para la boda de mi hermana, recién llegado al pueblo también te vi. Y te pienso volver a ver, faltaría más.

Aquí en el Perú no me puedo quejar. Tengo lo que no tengo allí: Mujer y trabajo. Tengo una niña estupenda al lado, que me quiere y hasta me aguanta, que se dice muy pronto eso. El trabajo no falta, al contrario. No como allí, que me llevé un año amargado sin trabajo ni pensamiento. Pero la nostalgia no hay quien me la quite. Y todavía no lo sé sobrellevar. Y este año, entre una cosa y otra, han sido muchos gastos y en verdad no sé cuándo podré volver. Bueno, digo "volver" de visita, porque vaya tela como está el patio, y peor todavía que se va a poner. Y la verdad es que cuando escucho las noticias, o cuando veo la actitud no ya de los políticos y los banqueros (que por supuesto), sino también la de muchos compatriotas.... Yo no sé ni lo que me entra. Pero con todo y con eso, reitero que la nostalgia es muy mala. Y más en determinados momentos. Fíjate que por ejemplo, en Navidad no lo paso tan mal. No es que lo pase bien, pero peor lo paso en Semana Santa. Mucho peor. El no estar Jueves y Viernes Santo en el pueblo, el no asistir a los oficios en la Plaza, el no poder aspirar los aromas del azahar y el incienso, el no poder regodear mi fe en el paisaje en el que me he criado.... Madre mía de mi alma, yo no tengo palabras para explicar todo lo que se me viene a la mente y al corazón. Porque mira que yo no me considero especialmente "capillita", para eso quizá soy más minimalista, pero la Semana Santa y la romería de mi pueblo que no me la quiten. Y en la Semana Santa, una de las imágenes que tengo grabadas desde la más tierna infancia es el verte en la ermita y en la calle Sevilla franqueando a tu mercedaria hermandad. Recuerdo cuando el primo Manuel era un chiquillo e iba contigo y con tu mujer, y ahora os recuerdo desde la Calle Larga, desde el balcón de la prima Mari Carmen, viendo a Manuel ya con la sudadera burdeos de costalero. Nunca he sido un experto en marchas cofrades, pero ahora me llevo todo el día escuchando música de Semana Santa porque así me parece que estoy más cerca de ti. Nunca pensé que me tendría que enfrentar a una situación así estando tan lejos, pero así Dios lo ha querido, y Él sabe por qué pasan las cosas. Yo lo que puedo hacer es rezarle muchísimo por ti para que te dé fuerzas, muchas fuerzas, porque la valentía y las ganas te sobran. Una vez me dijo un paisano que llegó a conocer al bisabuelo, a tu abuelo "Perico Cudito", que era un hombre que no conocía el miedo. Y así es. La casta de los Sánchez no conoce el miedo. Tú no lo has conocido jamás. Nunca has sabido ni has querido ser falso, y ésa es una de las características que más admiro de tu persona, de tu espléndido y generoso corazón que siempre que ha podido me ha prestado un oído amigo, un pésame, una historia, una reivindicación familiar, un chascarrillo, un cigarro o una cerveza.

Cómo me gustaría estar tu lado.....

Pero ya, basta ya de pucheros. Tú lo que necesitas son fuerzas y ánimos, y no un sobrino melancólico perdido en la otra punta del mundo. Tú tienes a Nuestro Señor del Gran Poder a tu lado cargando la cruz que todos tenemos que cargar para imitarle en condiciones, tienes a una familia te adora y a muchos paisanos que quieren que te recuperes cuanto antes. Y tus padres, mis tíos José y Segunda, y mi abuela, tu tía Antonia, que tanto te quería y que tanto hacía contigo, están pendientes de ti en todo momento y empujándote a la pelea, capitaneando a tu hermano Perico y a tus mentadas primas que ya se fueron, y te van a empujar hasta que derrotes a la "malajá" que tiene ahora chunguete, pero que pronto se quedará en un mal recuerdo. La fe que has transmitido a tus hijos y que has mantenido en el pueblo está de tu parte.

¡Ah! Que sepas que me he comprado una tarjeta telefónica sólo y exclusivamente para hablar contigo, cuando se pueda, que aquí no hay prisa ninguna. Tú tranquilo y a lo tuyo. Con dos... Bueno, eso.

Por ahora me despido, dejándote una poesía que ya te han leído, pero nunca está de más inmortalizarla aunque sea en mi blog.

Un fuerte abrazo, cuídate mucho y estoy deseandito verte.

Te quiero mucho, tito Pepe.

Tu sobrino, tu primo, o como me quieras llamar, Antonio.



A MI TÍO PEPE

Pienso en la sangre Sánchez,
y me vienes a la mente,
desde la casa de la Carretera,
con una imagen sonriente.


Al fin y al cabo, pensar en la
patria es pensar en la familia.
Nada es uno sin Dios y sin raíces,
y estando lejos, eso se agudiza.


"Primo" fue el vocablo que siempre,
le escuché a mi madre. Por eso, "primo"
te digo. Aunque en verdad mi tío seas,
un tío cercano, amable, amigo.


Con un carácter tan indómito como sincero,
con grandes chispas de ingenio trabajador,
heredando el oficio familiar, eres
bohemio, sevillista y soñador.


Alma romera y mercedaria que estalla
de júbilo en la ermita de Roncesvalles,
viviendo la plenitud del Jueves Santo,
entre el incienso, la cruz y los varales.


Don José Sánchez Riego,
Para el pueblo, Pepe el de Segunda,
cómo echo de menos una buena conversación,
llena de chascarrillos e historias concienzudas.


Se puede uno adaptar a muchas cosas,
pero estar lejos de la familia... No,
a eso es imposible adaptarse. Y tú
tienes un gran lugar en mi corazón.


No sé seguro cuándo podré volver....
Bueno, como está el panorama, hablo de visita...
Pero el día que vaya, iré corriendo
para tu casa, y verte me dará vida.


Tu casa, que es símbolo de nuestra casta,
la casa que fue del bisabuelo,
primo, yo te aprecio mucho, y sólo
Dios sabe cuánto te echo de menos.