miércoles, 23 de octubre de 2013

"DE TÓPICOS Y GALLEGOS" - "DIGNIDAD DIGITAL".



De tópicos y gallegos


Por Antonio Moreno Ruiz

Injustamente, desde hace mucho tiempo se esgrimen chistosos tópicos contra los gallegos en Hispanoamérica. El gallego es el tonto, el bruto, el ingenuo, el despistado, el que no sabe hacer la “o” con un canuto… Dizque se deben a que los emigrantes que llegaban a América masivamente desde el siglo XIX eran mayormente analfabetos y que quizá por eso se creó esa imagen… Pero ese analfabetismo existía en toda Europa. Los italianos, árabes, judíos, alemanes, británicos o armenios que también componían comunidades por todo el Nuevo Mundo no estaban exentos. Sea como fuere, este rasgo falso demuestra el atrevimiento de la ignorancia. Si algo tiene el gallego, es su capacidad de trabajo, esfuerzo y sacrificio, aunado a una inteligencia y una astucia a prueba de las peores vicisitudes. Es algo que comparten con extremeños y portugueses.
En la historia española, rara es la época donde no ha habido gallegos en los puestos de mando. Felipe V, el primer rey Borbón, tuvo de ministro a José Patiño. Siguiendo en época borbónica, en 1731, el marino Juan León Fandiño fue el artífice del apresamiento, cerca de las costas de Florida, de un navío contrabandista inglés, capitaneado por el pirata Robert Jenkins. Según el testimonio del ladrón marino, que compareció en la Cámara de los Comunes en 1738, como parte de una campaña belicista por parte de la oposición parlamentaria en contra del primer ministro Walpole, el mentado Fandiño le cortó una oreja, al tiempo que le decía (según el testimonio del inglés) «Ve y di a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve». En su comparecencia, Jenkins denunció el caso con la oreja en un frasco, y al considerar la frase del gallego como un insulto al monarca inglés, Walpole se vio obligado a regañadientes a declarar la guerra a España el 23 de octubre de 1739. No en vano, el imperio británico había trazado ya en 1711 su “Plan para humillar a España”, con el lema “A España hay que vencerla en América y no en Europa”. La invasión de Sudamérica a través de Cartagena de Indias era el eje, y la piratería, una vez más, facilitaría las cosas. El problema fue que el desembarco más grande de la Historia (Sólo superado hasta hoy por el de Normandía) fue un fiasco, y 32.000 ingleses fueron humillados por 3.600 españoles, teniendo que regresar a la Pérfida Albión con el rabo entre las piernas.
Volviendo al protagonismo gallego, nos permitimos la licencia de saltar en el tiempo: En el siglo XX contamos con la figura de José Calvo Sotelo, todo un líder social de la derecha española, quien fue Ministro de Hacienda en la dictadura del general Primo de Rivera y más tarde jefe de la oposición en la II República, siendo asesinado por militantes socialistas. Este crimen fue la gota que colmó el vaso para que se iniciara la Guerra Civil; donde también veremos el protagonismo gallego entrambos bandos: En el nacional, Francisco Franco, en el republicano, Enrique Líster. Y en el mismo siglo encabezaría la Revolución Cubana Fidel Castro, hijo de un hacendado gallego y que todavía no ha soltado el poder, ahora con su hermano mediante. Y es curioso cómo Franco y Fidel mantuvieron excelentes relaciones diplomáticas, algo que daría para escribir un libro. O dos…
En la política actual, Zapatero tuvo como portavoz a José Blanco, y el presidente hoy en día es Mariano Rajoy. Como también estuvo Manuel Fraga, ministro de Franco y luego presidente regional gallego.
Y bueno, todos estos personajes podrán suscitarnos diferentes opiniones, pero una vez más nos hablan de cómo los gallegos, a lo largo y ancho de la historia, se sitúan en los puestos de mando. Nada de tontura hay en la tierra de Ramón Verea, el que inventó la calculadora en el siglo XIX. Así las cosas, podrán seguir con los absurdos tópicos que no dejan de ser un espectro de la impotente hispanofobia que durante dos siglos llevan promocionando las oligarquías (Pues los gallegos y su cultura son ciertamente arquetípicos); pero por lo menos, que sepan, con datos en la mano, que están mintiendo y haciendo el ridículo.