viernes, 18 de octubre de 2013

HASTA SIEMPRE, TITO PEPE



-Primo, dicen que las despedidas son duras, pero más duro todavía es no poder despedirse....

Ayer estuve hablando con la prima Rocío y me advirtió que la cosa estaba muy mala, cosa que me refrendó luego mi primo Pedro.

Dios mío, yo no sé ni lo que me ha entrado cuando me he enterado....

Las dos últimas veces que nos vimos fue en la iglesia. La penúltima, faltaban pocos días para mi partida a Lima. Creo recordar que era el entierro de la abuela de mi amigo Isco. Me viste y como siempre, me saludaste. Ya sabías que me iba a ir, y me deseaste mucha suerte. Hacía calor. Era septiembre, y el verano allá siempre es más largo de la cuenta. Me fui con el buen sabor de haberme despedido de ti, y sabiendo que pronto había de volver. Así las cosas, la última vez que nos vimos fue en la boda de mi hermana; porque a la boda de la prima Mercedes no pude ir. Pero qué alegría me dio cuando vi las fotos.... Y disgustado que estabas en la ermita.... ¡¡Cómo me hubiera gustado estar con ustedes, tal y como estuve en la boda de la prima Rocío y en la de la prima Mari Carmen, o en tantos otros momentos que compartimos entre chanzas y cervezas!!

Y bueno, el caso es que yo llevaba ya trece meses en el Perú, e ir y venir al pueblo solo una semana (en verdad cinco días, porque con las horas que se pasa uno entre aviones y aeropuertos...) fue un mazazo emocional del cual me costó mucho recuperarme. El no haber salido nunca de casa hasta los treinta años y el haber estado en la otra punta del mundo y vivir tantas cosas en tan poco tiempo, y luego regresar y tantas cosas pendientes como se me quedaron por hacer, fue algo muy extraño y muy duro. Gracias a la fe que tengo en Dios y a la inestimable ayuda de la que hoy es mi señora, pude ir mitigándolo, pero hasta hoy, todavía me cuesta. Porque por más jodida que esté nuestra tierra y peor que se va a poner, no deja de ser donde nos hemos criado y de donde proviene nuestra estirpe, quedando ello por siempre en el paladar de nuestra memoria. Y como te decía, eso sucede especialmente en Semana Santa, en esa Semana Santa de nuestro pueblo que se tiñe de incienso y azahar y de la cual tú has sido un buque-insignia, una imagen viva que he tenido en la mente y que me conduce a recuerdos tan agradables como entrañables, a recuerdos que son la esencia de un pasado en marcha, que es lo que de verdad guía hacia adelante.

¡Ah, no, pero no te lo dije! La última vez que te vi fue no hace mucho, y te vi en sueños. Soñé que estaba en mi casa, en la Plaza, y que había una procesión, y que yo me había metido dentro, muy triste porque no te veía. Mientras se lo comentaba a mis padres, en ese momento entraste en casa y me abrazaste. Y me desperté sobresaltado perdido, preso de una imagen tan vívida y anhelada.

Me parece increíble que no te vaya a ver más... Que no te vaya a ver más blanqueando en casa de Juan Ruiz, o por la cafetería Juaica, o por esa peña sevillista que ya no existe.... O que vaya paseando por la Carretera y no te vea en la puerta de tu casa, la casa Sánchez por antonomasia, y no me pare a hablar contigo... O que ya no pases con tu vespino por la Plaza, como durante años y años te vi.... O que vaya un Jueves Santo,  ya sea por la calle Larga, la calle Sevilla o la calle del Prado y no te vea con tu hermandad..... O que no coincidamos en el cementerio, en algún entierro, y no te vea inclinarte ante la tumba de tus padres, mis tíos-abuelos José y Segunda, situada entre el panteón de mi familia paterna y los nichos de mis bisabuelos y abuelos maternos, a donde han ido a parar los huesos de mi tía, tu prima Rosa....

Qué agrio es el amargor que entra al saber estas cosas estando tan lejísimos... Qué difícil de explicar.....

¿¿Cómo podré acostumbrarme a tu ausencia?? Sólo Dios lo sabe.... Así como sabe que me siento muy orgulloso de haberte conocido, de haberte tratado y querido. Me siento muy orgulloso de haber recibido tu cariño y tu atención, de haberme reído contigo, de haber aprendido cosas de nuestra familia, de coleccionar un anecdotario impagable e incontestable. Me siento muy complacido de que hayas sido hasta confidente de algún furtivo secreto. Me siento muy honrado de haber percibido de cerca aquel carácter sincero, explosivo, indomable, generoso, férreo, con una simpatía natural y desbordante, una socarronería mordaz, una energía directa y envidiable.....

¡¡¡Qué buen recuerdo me queda de ti!!!

Mis padres y los primos me dijeron que te gustaron mucho mis palabras y versos. Ésa ha sido mi forma de despedirme, como también los vídeos que te hice. Cuántas veces te me viniste a la mente el día de mi boda...

Desde ayer no he parado de darle vueltas a la cabeza. Antes de acostarme me salió un poema que ahora te transcribo; con algunos versos añadidos hace unos minutos, en estos minutos en los que todavía no digiero la noticia.... Y es que la única forma es encomendarse a la fe en la Resurrección, sabiendo por Cristo, con Él y en Él, que la muerte no es el final; esa fe que te ha hecho luchar como un león y estar a las buenas y a las malas.

Cuánto te voy a echar de menos....

Te quiero primo, siempre te llevaré en mi corazón, y cuando mañana partas de la ermita de Roncesvalles al cementerio, aunque te falte en cuerpo, no lo haré en el alma.



DESPEDIDA

A la memoria de mi tío Pepe

Las despedidas son duras,
pero más duro es no poder
despedirse.


Podemos hablar de ida y vuelta,
mas terrible es la soledad de la
lejanía.


Máxime cuando la lejanía
es provocada, lo cual se llama
exilio.


Por muy criticable que sea
tu tierra, tu tierra es.
Es tu tierra.


Y con tu tierra está
tu gente, tu sangre, tu raíz.
Es tu vida.


Y esa vida se va desmoronando,
cuando sus miembros se van yendo;
ya no estarán


para cuando se quiera volver.
Nada será igual, solo queda el
recuerdo


al que uno se aferra con lágrimas
nerviosas. Mas al irse esa persona
importante,


que forma parte de ti, de lo tuyo,
quieres decirle adiós. Quieres
despedirte.


Acompañarle en su último paseo,
que es al cementerio. Quieres
estar con él.


¡Y no puedes! ¡Y eso duele mucho!
Porque aunque nada puedas hacer, es
parte de ti.


Pero él se va, y tú también te estás
yendo. Y encima no estás cerca,
estás lejos...



 Requiem aeternam dona ei Domine.
Et lux perpetua luceat ei.

Requiescat in pace.
Amen.









CARTA A MI TÍO PEPE


A MI TÍO PEPE (II)