lunes, 21 de octubre de 2013

HASTA SIEMPRE, TITO PEPE (II)


NAZARENO DEL JUEVES SANTO

Elegía a mi tío Pepe

Miro hacia la ermita de Roncesvalles,
y siento que falta algo....
¿Algo? No, alguien. Falta un
nazareno del Jueves Santo.


Por eso un gran vacío se percibe,
y la cruz de Malta se inclina,
y las barras de Aragón lloran,
y todo el pueblo se lastima.


¿Dónde está, que no lo veo?
¡No me digan que se ha ido!
Tan lejos como estoy, ¡por Dios!
¡Quisiera en condiciones despedirlo!


¡Se ha ido un mercedario!
¡Un cofrade, un romero!
¡Se ha ido uno de los más
significativos bollulleros!


¡Se ha ido un carácter ibero,
valiente, sin pelos en la lengua,
generoso, agradecido, trabajador,
con la más familiera conciencia!


¡Y se ha ido recogidito en el
manto de Nuestra Señora,
y aferrado al Gran Poder de Dios,
cargando su cruz redentora! 


"¡Niño, que se ha ido el primo Pepe!",
me notifica la familia. ¡Los Cuditos
estamos de luto! ¡Qué gran pérdida!
¡Qué gran pérdida, Dios mío!


El que siempre tenía una sonrisa,
una anécdota, una invitación...
El que en los entierros los ataúdes,
a cargarlos siempre ayudó. 


El que defendía lo suyo y a los suyos,
como un indómito león,
el que tenía los mejores golpes,
coronando un grandísimo corazón.


¡Se ha ido el primo Pepe!
Dios mío, ¿cómo me hago a la idea
de que ya no lo voy a ver más?
¡Qué dolor! ¡Qué triste pena!


¡Parece que me han arrancado
el corazón, y los jirones se esparcen
por el mar, llegando desde Perú
a España mi lacrimoso mensaje!


¡Se ha ido con elegancia, esperando
 a que pasara mi casamiento! 
¡Se ha ido muy prontito,
pero ha luchado con denuedo!  


Cargué con él la tumba de mis abuelos,
cargué también la tumba de mis tíos,
y pensé que el día que se fuera,
su ataúd cargaría con mis primos. 


¡Pero esto ha pasado estando yo lejos!
Qué pena, Dios Santo, qué pena....
Todavía no lo asimilo,
cuánto, cuánto me cuesta.... 


Para qué voy a mentir....
¡Yo no quería que se fuera!
¡Mas no se haga mi voluntad,
sea lo que Dios quiera! 


Y si en la tierra perdemos,
en el cielo se gana. La muerte
no es el final, porque la
resurrección siempre vence. 


Cuando yo tenía nueve añitos,
se fue mi tío Felipe, y desde entonces,
me dijeron que mirando a las estrellas,
su fúlgida faz se reconoce. 


Por eso... ¿Se ha ido? ¿Se ha ido? 
No, no del todo, la verdad; 
porque siempre estará su presencia,
con la fuerza de la inmortalidad.


Y es que su honda y justa huella,
será siempre una saeta pregonando,
una guitarra al compás de una flauta,
una marcha procesional desfilando. 


Siempre estará en la primavera cuaresmal,
siempre estará en el café feriante,
siempre estará en la bandera roja y gualda, 
siempre estará en el sevillismo triunfante.


Siempre estará entre los nazarenos,
porque como nazareno vivió,
y como nazareno del Jueves Santo,
su mortaja con entereza lució. 


Teniendo un entierro tan populoso,
que ya hubieran querido muchos reyes,
Coronado por la Salve mercedaria,
acompañado por su mucha y buena gente. 


¿Dónde está el nazareno del Jueves Santo?
¿Dónde está que no lo veo?
¡No lo veré en la tierra,
pero sí lo veré en el cielo!


¡Primo Pepe, tú eres el nazareno,
el nazareno del Jueves Santo!
¡Jamás te olvidaré! ¡Siempre
serás un referente justo y grato!


¡Y mis lágrimas, con el tiempo, serán
de estímulo y alegría por recordarte!
¡Qué privilegio, primo, poder decir,
que yo soy de tu sangre!