sábado, 26 de octubre de 2013

UN AÑO SIN PISAR MI TIERRA…



No hace mucho escribía sobre mis dos años en el Perú (*). Ahí contaba básicamente mis impresiones. Ahora vamos hacia otra efemérides, y es que la última vez que pisé mi tierra fue del 18 al 25 de octubre del 2012. Fue un viaje relámpago para la boda de mi hermana… Y en verdad ni una semana siquiera, pues entre una cosa y otra, dos días me los pasé en aeropuertos. El vuelo Lima-Madrid es de doce horas; luego, tuve que esperar varias horas para el vuelo de Madrid-Sevilla… Y entre que son siete horas de diferencia… Salí de Lima el 18 de octubre por la tarde y llegué a Sevilla el 19 de octubre por la noche…

Recuerdo que de Lima a Madrid dormí varias horas del tirón, por lo que el viaje se me hizo mucho más liviano. Tenía miedo que, siendo tan grandísimo el aeropuerto de Barajas y siendo más grande todavía mi despiste, organizara allí el caos del siglo. Pero, amén de estar con dos valencianos que, como miles de compatriotas, no nos ha quedado otra que intentar “hacer las Américas” (Para que encima el personal se crea que aquí se hace uno de oro al momento), las indicaciones son tan claras que no me hizo falta ni preguntar. En aquellas horas de espera, a pesar del cansancio, tocaba comer, leer y dar más vueltas que un maricón en una feria. Y cuando por fin cogí el vuelo de Madrid a Sevilla, había dos niños al lado que me decían estar nerviosos porque llevaban semanas sin ver a sus padres. Cuando yo les dije que llevaba trece meses los pobrecillos me miraron como si fuera un marciano.

Y cuando llegué al aeropuerto de San Pablo… Dios mío, aquellos cuarenta minutos se me hicieron eternos…. Como es mucho más pequeño que el de Barajas, uno puede ver del tirón quién está esperando, y entre el gentío vi a mi madre y a mi hermana y ni me acordé de la maleta, fui a abrazarlas… ¡Qué sensación! Por más que uno intente escribir, es para nada… Tanto tiempo lejos de la familia de la que no te has separado en treinta años y de repente verla ahí… Pffff….. Luego, quise entrar para esperar la maleta y me querían poner problemas porque se creía la muchacha que yo era de los que estaba esperando.

Cierto es que el aeropuerto de San Pablo es más pequeño que el de Barajas. Y que el Jorge Chávez de Lima. No obstante, cuando compré el billete en la oficina de Iberia de Lima, me dijeron que el equipaje no lo podía mandar directamente de Lima a Sevilla aunque viajara con la misma empresa, así que en Madrid me tuve que entretener en facturar de nuevo el equipaje, y en gastarme unos cuantos euros. En cambio, en Sevilla me dijeron que por supuesto que eso era posible, así que una vez que facturé allí el equipaje, ya no me preocupé hasta que llegué a Lima. Así son las cosas…

Y bueno, ese día, para casa, a disfrutar de mi familia, a entregarle los regalos a mi hermana, luego a esperar a mis tíos, y luego a irme con mis amigos, que me habían preparado una fiestecita allá por el camino de Monesterejo, con buena comida, buena bebida, y una candela para calentarse de la blandura ante el insistente mar de olivos del Aljarafe. Mis amigos, siempre atentos, aquellos que días antes de partir para Lima me hicieron aquel magnífico cumpleaños en la Cruz del Ponce.... ¡Qué afortunado soy en parentela y amistades! Creo que no hay mayor tesoro que ése.

Cinco días mal contados… Después de estar en la otra punta del mundo… Se me quedaron tantas cosas pendientes por hacer… Fue un choque emocional del cual me costó mucho recuperarme, si es que me he recuperado…

Y, aun en tan poco tiempo, me di cuenta del bajón que había pegado mi país en todos los sentidos. Trece meses pueden dar para mucho.

Poco puedo añadir sobre mis dos años de estancia en el Perú. Pero desde la óptica de estar un año sin pisar mi tierra, puedo decir lo siguiente:

-Mal que bien, mi pueblo siempre será el ombligo del mundo. Al menos de mi mundo. No podría hacer nada sin pensar en mis más íntimas y hondas raíces. Si García Márquez se inspira en el Caribe para todo, yo hago lo propio con Bollullos de la Mitación y sus alrededores.

Lo que más anhelo es la Semana Santa, esa Semana Santa embadurnada de incienso y azahar… Con todo, mi visita fue en una época muy dulce del año: El otoño; ese otoño de poleadas, castañas asadas y olor a tierra mojada, ese otoño que siempre está llamando a Cuatrovitas, como ahora mismo…. Ese tipo de imágenes impregnan la retina y el paladar, y renunciar a eso sería renunciar a las raíces, y renunciar a las raíces es renunciar a uno mismo. Estando lejos, esos puntos claves se hacen más nítidos y se van traduciendo en forma de inspiraciones y melancolías varias, saboreando sensaciones hasta ahora prácticamente desconocidas.


-Soy un hombre felizmente casado. Mi mujer es lo mejor que me ha pasado en la vida. Naturalmente, me hubiera gustado poder compartir aquellos momentos con mi familia, pero no pudo ser… No obstante, con mi mujer y mis amigos de la Asociación de Jóvenes Españoles del Perú me sentí como en casa. Solo tengo palabras de agradecimiento y gratitud. La adaptación no es fácil  en ningún sentido y entre todos me ayudan mucho. Y con mi mujer al lado siento que todo lo puedo.


-Volveré a España cuando pueda… De vacaciones. Procuro no hacer muchos planes a futuro, pues en estos dos años me ha cambiado tanto la vida que mi visión no es tan cuadriculada como podía ser antes. Ya la palabra “planear” va despojándose de sentido. Con todo, está claro que a España no se puede ir. Un país desmoralizado, envilecido, encanallado, empobrecido, extranjerizado, alineado, donde mafiosos y terroristas campan a sus anchas y donde lo importante es Sálvame Deluxe y una liga de fútbol más bipartidista todavía que el politiqueo… Un país sin trabajo ni expectativas, con un régimen de una oligarquía criminal y corrupta que quiere vivir de una leyenda rosa de la “transición” que nunca se creyeron ni ellos y una gente que no es precisamente mucho mejor que lo que dice criticar. Antes, cuando veía a un compatriota, me paraba a hablar con él y me daba mucha alegría, pero ya, sinceramente me da igual. La gran mayoría de las veces es encontrarte cara a cara por qué te tuviste que ir de tu país y por qué seguramente no podrás volver en muchísimo tiempo. Y para llevarse una decepción, siempre hay tiempo.

Por supuesto, como español nací y como español moriré. Defenderé a muerte mi cultura, mi historia y mi tradición, aunque sea la España oficial y mis compatriotas los que me intenten "desautorizar".... Que es el gran problema que tienen los hispanistas americanos, porque por lo visto, no hay nada más español que odiar a España… Pero sí, soy español, a fuer de ser andaluz integral e irredento; cada vez más lusófilo y americanista, ya acriollado… Empero, por otra parte casi empiezo a entender al caudillo sudamericano José Gervasio de Artigas cuando, cruzando hacia el Paraguay, dijo aquello de “yo ya no tengo patria”: Aquí siempre seré un extraño y allí me quitaron el sitio. O me lo dejé quitar, como tantos otros que hemos hecho las maletas. Sin embargo, en España ser solidario siempre significa serlo con extranjeros, porque del español emigrante nadie se acuerda. Y aquí soy profesionalmente mucho más valorado de que lo que jamás lo seré en mi país. En cuanto a la enseñanza y la traducción, que es lo que me estoy dedicando, he aprendido muchísimo y he cogido muchísimo experiencia. Justo lo que en mi país ni pude ni me dejaron, aunque volvemos a lo mismo, porque todos somos culpables en alguna medida.


-En este período de tiempo me ha tocado enfrentar uno de los hechos más duros de mi vida: La muerte de mi tío Pepe (**). Como he intentado explicar en otras ocasiones (Y digo intentar porque explicar, lo que se dice explicar, no se puede…), cuando uno se entera de la defunción de un paisano estando tan lejos, parece que sienta peor… Porque de hecho, el pueblo que dejaste ya no va siendo el mismo, y eso es muy difícil de asimilar al perder la continuidad física, al perder tu presencia en el que creíste que era tu sitio. Y cuando ya se trata de tu sangre, para qué vamos a hablar…

Antes hablaba de mi añoranza ante la Semana Santa de mi pueblo. Bien, pues mi primo Pepe ocupa un lugar muy importante en eso, porque para mí, siempre fue un referente en el Jueves Santo. Últimamente lo veía desde el balcón de mi prima Mari Carmen… Y recuerdo cuando mi primo Manuel era un chiquillo chico y ahora lo veía de costalero… Es pensar en la Semana Santa de mi pueblo y ponerse por delante la imagen de mi tío como un referente arquetípico, siempre al lado del paso, o en la ermita con su vara de hermano… Dios mío, si tengo siempre esa imagen como centro de mi mundo, y resulta que mi tío formaba parte intrínseca, sin él, el vacío resulta tan inmenso como agobiante y desolador…

Y hay más: Mi tío Pepe no era solo un familiar muy querido, próximo especial, amén de un ser humano único, extraordinario, que por supuesto… Para mí, mi tío Pepe constituía todo un símbolo. En España hay una gran ruptura sobre todo para con la gente que ya se crió en los años 60 con respecto a la de sus abuelos. Fue el freudiano “matar al padre”. La gente que por una cosa u otra no estaba en esa onda era de otra pasta, de otra “raza” o qué se yo… Empezando porque no estaban tan obsesionados con eso de lo “políticamente correcto”… Ese tipo de gente me impresionaba y me recordaba que en verdad hubo un país que se llamó España y con merecimiento. De hecho, pienso en mi tío Pepe y es que era una persona que lo daba todo, que trabajaba con muchísima energía, que era bravo como un tejón y no le importaba decir lo que pensaba; que pensaba en la familia como un clan, como un todo, y lo mismo era el primero en las fiestas que en los entierros. Por ello, escribí este poema poco antes de que se fuera:


DÉJAME DESPEDIRME DE TI

A José Sánchez Riego, mi tío Pepe

Por favor, no te vayas todavía.
No, todavía no. Déjame
despedirme de ti, quiero
decirte adiós. Espérame.

Déjame despedirme de ti
aunque sea, me conformo con eso,
con poder darte un abrazo,
unas palabras y un beso.

El único disgusto que me has dado,
Es este triste adiós. Qué pena.
Me muero de pena, Dios mío,
¿cómo puedo hacerme a la idea?

No, no, no… No puedo,
sólo puedo rezar… Y a Dios le pido,
que no sufras, y que pueda verte,
antes de tu celestial camino.

Déjame una última vez,
déjame despedirme de ti,
no te vayas tan rápido,
no te vayas sin mí.


Porque, hablando de entierros, con él cargué las tumbas de mis abuelos y mis tíos, y siempre pensé que el día que se fuera, que fuera muy tarde y que yo cargara su féretro. Y mira por donde se nos va prontito y yo en la otra punta del mundo…. En fin, los caminos del Señor son inescrutables. Pero mirad cómo mi tío sigue estando tan presente que hasta mi mujer, a quien no tuve la dicha de presentarlo, ha soñado con él. El otro día, cuando iba del trabajo a casa, me sentía los ojos empapados en lágrimas en plena calle, pensando que ya no lo iba a ver más, y sin embargo, muchas veces, acordándome de él, esas lágrimas son por mor de las risotadas que pego acordándome de sus buenos golpes. Sin duda, cuando el chaparrón de amargura amaine, su recuerdo será una fuerza viva que desde el corazón nos haga tirar para adelante. No obstante, va a costar mucho asimilar que ya no va a estar presente físicamente, y yo siempre tendré clavada la espina de no haberme podido despedir de él como hubiera querido, aunque lo he intentado a la distancia y mis primos me confirman que él, antes de irse, así lo entendió y abrazó con todo su sincero cariño. Pero esa espina a mí no hay quien me la quite… Como la de no haber podido ser pregonero de mi hermandad por las dificultades de la distancia. Lo segundo puede tener remedio, ojalá; lo primero… Solo nos queda rezar y mantener viva su siempre justa presencia a base de nuestra fe y nuestro cariño.

Y no voy a mentir: Si hubiera sido otra persona, no me hubiera afectado. Pero mi tío Pepe era "exagerado" (tal y como se dice en mi tierra).


-Sigo escribiendo, redescubriendo cada día que es mi máxima vocación. Próximamente tenemos novedades en forma de novela: Una historia actual sobre la mafia napolitana en Sevilla, con Bollullos de la Mitación como gran telón de fondo. Ya iré dando datos…


Y de momento, ahí quedó.







P.D.: Si a alguien le molesta o malinterpreta lo que un servidor dice, he de decirle desde lo más hondo de mi corazón que me importa una soberana mierda y que, en todo caso, haga el favor de no molestarme con sus pamplinas. Gracias.






(*) DOS AÑOS EN EL PERÚ



(**) HASTA SIEMPRE, TITO PEPE (II)