sábado, 21 de diciembre de 2013

UNA ANÉCDOTA NAVIDEÑA



-Algunos de mis sufridos y escasos lectores habrá tenido que padecer alguna salida de tono en mi muro de Facebook sobre algún que otro problema de adaptación en la tierra donde estoy emigrado desde septiembre del 2011. Pero tal y como decía en DOS AÑOS EN EL PERÚen mi casa me enseñaron que de bien nacido es ser agradecido. Por supuesto que me siguen irritando cosas. El transporte público y el concepto del tiempo me siguen poniendo hecho un psicópata. No obstante, hay que valorar también lo bueno. Y resulta que hoy, cuando iba para la comida de empresa, me bajé del taxi y al buscar mi móvil, vi que no estaba ni en el bolsillo de la camisa ni en los pantalones... Luego no había que desarrollar mucho la lógica para comprender que en el taxi se había quedado. Entré en el restaurante con más mala cara que un gato envenenado y eso tiene su mérito, pues ya de fábrica vengo de regular para atrás, y claro, me preguntaron qué me había pasado. Conté el reciente suceso y mi jefe me preguntó si había llamado a mi propio número... Y yo, con la poca agilidad mental que me caracteriza, ni lo había pensado. Me prestaron un móvil y llamé, y se puso el taxista, y me dijo que justo estaba yendo al restaurante a llevarme el teléfono. Tardó poquísimo, y cuando llegó, lo que más lamenté fue que no me sobrara el billete para darle una propina como Dios manda. El hombre me dijo que menos mal que se había dado cuenta, porque sino, se lo hubiera quedado cualquier pasajero. Le di mil gracias y la propina que me podía permitir.

Parecerá una tontería, pero la verdad es que me llené de emoción.


Por desgracia, la Navidad ya es igual en todos lados. Cada vez más comercial y más yanqui, y menos espiritual. De nada sirve una tradición si se le vacía el contenido y encima se la "globaliza". Pero hechos como éste me llenan de alegría. Nunca recuperé algo que perdí en España, mi país, el mismo que nos echa a patadas para regocijarse con la telebasura y los futbolistas. Nunca me valoraron profesionalmente, salvando, por supuesto, que mi pueblo, mi Bollullos de la Mitación del alma al que tanto añoro, se ha volcado cada vez que he presentado un libro.

No siento especial nostalgia en Navidad. Quizá por eso de la "globalización". Siento mucho más nostalgia por la Semana Santa en particular y la primavera en general. Pero será que hoy estaba sensible, pues con un buen amigo portugués, hemos evocado aquella hermosa tierra que siempre me cautivó, y luego me pasa esto y claro...

El año 2013 ha sido un año intenso y fructífero en todos los sentidos. Cómo será el 2014 sólo Dios lo sabe. De momento me quedaré por aquí, y que ustedes lo vean.

¡Feliz y Santa Navidad y próspero 2014!