lunes, 17 de febrero de 2014

MOZARABÍA Y BIZANTINISMO



¿El Renacimiento? Decía Oswald Spengler que el espíritu español lo quebrantó. No sé, demasiados amaneramientos. Los bizantinos (con muchos matices, vale) habían entendido armónicamente cómo había que filtrar la herencia pagana en el cristianismo. En cambio, tras la caída de su imperio y el desparrame por Europa, a partir de Italia se dan muchas indigestiones intelectuales.

¿El Barroco? Me gusta y sobre todo me embelesa en cuanto a lo que significa como legado creativo, explosión artística y comunión andaluza, canaria y criolla. Pero en su justa medida, claro.

¿El Neoclasicismo? Tiene cosas interesantes, mas demasiada rigidez y demasiado despotismo.

¿El Romanticismo? Pues cada vez lo soporto menos, se presente de la forma que se presente. Las deformaciones y confusiones que ha provocado, y más llevado al politiqueo, no ayudan a mi simpatía.

En cambio, la mezcla del gótico y el mudéjar que se da en Sevilla (donde se suavizan ambos estilos), y el manuelismo portugués, me parecen estilos muy interesantes y poco valorados.

Con todo, creo que en estos decadentes tiempos de esquizofrenia social y suicidio orgiástico, viene bien el redescubrimiento de la mozarabía y el "bizantinismo" (en un buen sentido) para reforzar la hondura de nuestra artística alma, recreando unos patrones sobrios, sencillos, claros y alimentados de una fecunda raíz que en verdad nunca se ha ido, por más que nos hayan querido estorbar con exotismos y barbarismos de mediocre pelaje.

¿No decía el historiador portugués Oliveira Martins que los pueblos ibéricos, cuando se ven presa del desorden, acuden a sus raíces más primigenias? Algo así como un arcano férreo y místico. Pues eso.