lunes, 7 de abril de 2014

MIS LECTURAS: JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN: "CASTELLANAS / NUEVAS CASTELLANAS / EXTREMEÑAS".



-No hace mucho conocí a este poeta salmantino prácticamente de casualidad (como tantas cosas en la vida), recordándome mucho por estilo y temática al también salmantino ventura ruiz aguilera. Y un día también de casualidad (permítaseme la redundancia), estando con mi amigazo José Manuel Babío en el Centro Español para grabar un programa de HUEVOS REVUELTOS, cuando vi un libro de la Colección Austral, bastante avejentado, que contenía varias obras de Gabriel y Galán, y me puse a leerlo sin disimulo. De ahí que me lo llevé a casa y lo he estado degustando estos días, alimentándome de ese olor a tinta, a máquina de escribir Olivetti cuyo ruido golpeaba las inspiraciones como latidos de un corazón ahíto de sueños.

Gabriel y Galán no es un poeta muy conocido, y ahora entiendo por qué: Hijo de labradores y criado en el ambiente del campo, siempre hacia el oeste de la Península, escribe liras y romances dedicados a la naturaleza, a los cultivos, a las estaciones, a los animales, a la inocencia, al compromiso nupcial, a las anécdotas, a la Historia, a los sentimientos más hondos y puros... Se atreve con el castúo extremeño y con todo tipo de vocablos regionales/terruñeros; sin perder el gusto de la rima corta y constante, tan insigne de nuestra cultura literaria.... Y por sobre ello, a la religiosidad; así que es un poeta escamoteado por el sistema, prohibido en unos planes de estudio cada vez más idiotizados.

En esta época de nostalgia, reencontrarme con el paisaje de robles, encinas y ganados a través de una lírica sencilla, amable, despierta, y que sabe juntar, como en la más sabia tradición hispánica, lo culto y lo popular, supone un lujazo para mis sentidos e inspiraciones. Con todo, hay una pega: Y es el "castellanismo mal entendido" de muchos en el siglo XIX, lo cual afecta al poeta, siendo de León, y no de Castilla; porque una cosa es la Corona de Castilla, en la que nos introducimos históricamente desde gallegos a andaluces, y otra la Castilla propiamente dicha, en la cual nunca entró ni Salamanca, ni León ni Zamora. Esta desfiguración de lo propiamente castellano al final ha costado caro, siendo Castilla, paradójicamente, la región más perjudicada de España y con diferencia, sobre todo en la transición, cuando de golpe y porrazo le quitaron Cantabria, La Rioja y Madrid. Probablemente, Gabriel y Galán no tenga una culpa consciente de esto, así como de la deriva surrealista de los regionalismos por mor de la politización antiespañola; con todo hay que tener cuidado con los términos, porque resulta que durante más de un siglo, parece que León no existió, ¡cuando es el alma mater de la unidad hispánica!

Pero bueno, dicho esto, ha sido una lectura interesantísima y enriquecedora, una más de esa Iberia sumergida, en términos de Gabriel Celaya y Manuel Fernández Espinosa, que algún día saldrá más nativa que nunca ante el desorden, evocando lo que decía el historiador Oliveira Martins
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