viernes, 11 de abril de 2014

MIS LECTURAS: "LOS OJOS DEL TUAREG", DE ALBERTO VÁZQUEZ-FIGUEROA



Siguiendo una máxima valleinclanesca, yo nunca leo a mis contemporáneos. Es por eso que me resisto muchas veces a leer a escritores "actuales". Con todo, me habían hablado bien de Vázquez-Figueroa, y una vez, bicheando por el centro de Lima (¡cuánto le debo a la feria del libro de Punta Umbría, a los libros de ocasión de Sevilla y al centro de Lima para con mi conocimiento!), vi un libro suyo y bueno, lo compré así por probar... Y ahora le estoy hincando el diente y en verdad ya puedo juzgar que fue una buena adquisición. Lo que pasa es que no sé si considerar como "actual" a Vázquez-Figueroa, ya que no es "actual" propiamente dicho, sino de la generación de mi tío Ramón; gente que hablaba claro y sobre lo que sabía, y que valoraban al que sabía más. Por encima de las respectivas ideas políticas que bulleron sobre esa generación, definitivamente, eran otra gente, otra "raza".... Y eso se le nota, por ejemplo, cuando habla sobre la demagogia ante los acontecimientos de los corresponsales de guerra. Y es que a día de hoy no hay más que mierda por todos lados.

Leyendo a Vázquez-Figueroa sobre los tuaregs, me cercioro de algo: Es curioso cómo, a pesar de las diferencias que ya harto nos separan, todavía hay coincidencias más que sorprendentes entre los pueblos ibéricos y berberiscos. Por ejemplo: Una vez que se dice que NO, es que NO, y quien intenta "negociar" o cerdear, está incurriendo en una falta de palabra y/o respeto, haciéndote pensar que el individuo pesado de turno te hace una persona sin criterio. Por otra parte, no se entiende el concepto de "hablar por hablar". Decía el sociólogo y filósofo Walter Schubart en su interesantísima obra "EUROPA Y EL ALMA DEL ORIENTE" que, de los pueblos europeos meridionales, el español es el más parco en palabras, y que como el ruso (comparaba mucho a rusos y españoles, y creo que muy bien), participa de la cultura y el valor del silencio. Creo que todo va relacionado; pero claro, estoy hablando en clave pre-progre... Con todo, reitero que es curioso es cómo esos rasgos se han conservado tan tenazmente desde vascos hasta tuaregs.

La vida de este autor es fascinante: Estamos ante un aventurero en el auténtico sentido de la palabra. Es por ello que su género es como una novela de aventuras realista, con mucho conociendo de causa, dominio del terreno y unos diálogos tan frescos como rápidos, haciendo que el lector se apasione desde primera hora.

Con todo, hay un fallo importante al cual por desgracia estamos tristemente acostumbrados: "Fascismo" es sinónimo de maldad.... A tal punto que resulta ridículo, pues para este autor, "fascistas" son los serbios, en especial Milosevic (un socialista de toda la vida) y los Tigres de Arkan... Supongo que alguien que se pegue un pedo en un ascensor también estará haciendo una apología de "fascismo". Supongo que los bosnios musulmanes son todos dulces corderitos, al igual que los albaneses, y bueno, al final gracias a la prensa y a los marines tenemos lo de Kosovo. La culpa fue de los "fascistas" serbios, faltaría más. Y nada importa que la democracia liberal y el comunismo sigan provocando esa cantidad de millones de muertos en todo el mundo, porque siempre les podremos llamar "fascistas", siempre podremos acudir a los derrotados de la Segunda Guerra Mundial para creer en el progreso y todo eso. ¡Ah! Y por supuesto, siempre podremos admirar valores en pueblos exóticos que nos traen buenos recuerdos pero criticar eso mismo si algún europeo trata de cumplirlo en su ambiente. En fin, el fundamentalismo democrático (término que tomo del eximio filósofo Gustavo Bueno) arranca de antiguo y sus efectos nos están dejando como un solar, porque al contrario de lo que piensan, con esta mentalidad no se va a ninguna parte.

Con todo, reconozco que me ha encantado la novela y que me gustaría seguir conociendo a este buen escritor, dicen que ídolo de juventud de Arturo PÉREZ-REVERTE. Otro "fundamentalista democrático" que sigue con las monsergas del liberalismo del siglo XIX... En fin... Cal y arena...