domingo, 4 de mayo de 2014

RIP CONCEPCIÓN RIVAS (II)



A CONCEPCIÓN RIVAS, IN MEMORIAM

Dime Concepción: ¿En qué estrella
del cielo has montado el kiosco?
¡Dímelo para mirar hacia arriba,
que me estoy sintiendo muy solo!

Cerraré, pues, los ojos, y aspiraré
el azahar de los naranjos y el dulzor
de las chucherías, y pondré frente a frente
el depósito del agua y la infantil algarabía

que desde el colegio te reclamaba.
Sigo con los ojos cerrados, y voy hasta
tu casa blanca, de portón, aldabón y
quicios hondos, allá en la Barriada.

Y mirando hacia la Viña y la Florida,
al mítico bar Jiménez acudiré
con tu hijo Francisco, y entre cervezas
o cafés a escuchar y aprender.

Y sigo cerrando los ojos, y veo a
tus hermanos, tus sobrinos... ¡Tu gente!
Y pienso en lo mucho que los echo de
menos, estando tan lejos de mi sede.

Tu amable sonrisa queda inmortalizada,
en los buenos recuerdos de varias generaciones,
cuya infancia reverdece al pasar cerca
de la Puerta del Perdón con vivas emociones.

¡Ah! Pero cierro los ojos otra vez,
y te pregunto sobre historias de la extinta
Rianzuela, y sobre la molienda del trigo,
y ensimismado espero tu respuesta.

Con todo, dime, querida Concepción,
en qué lugar del firmamento te hallas,
dime y te pediré un polo de nieve,
y me iré corriendo para la Plaza,

sabiendo más de mi pueblo,
gracias a Francisco y a Alfonso,
y rezaré al Santísimo por tu alma,
aferrado a la Vera Cruz con fervor devoto.

E iré a Cuatrovitas con Jeromo,
e iré con Pedrín a repartir publicidad,
e iré con Pedro a jugar al fútbol,
y por un momento, todo será igual,

porque, aunque te vas, no te vas,
puesto que en nuestros corazones permaneces,
¡Hasta siempre Concepción! Con gusto de
verdeo vayan mis versos y mis preces.