viernes, 19 de septiembre de 2014

MIS LECTURAS: "LA LEVA Y OTROS CUENTOS", DE JOSÉ MARÍA DE PEREDA.

Imagen de m.ztopics.com


-Tras mis lecturas galaicas, le tocó el turno a la Montaña. Y ya era pecaminoso eso de no conocer a Pereda, quien, como decía su paisano Menéndez Pelayo, era un hidalgo que escribía libros. En el mercado Amazonas encontré una edición de Alianza Editorial que incluía los cuentos La leva, El fin de una raza, El raquero, La buena gloria, Las brujas, A las Indias y Blasones y talegas. Después de bichear mucho la página José María de Pereda y de los consejos de buenos amigos, la curiosidad era mucha. Y desde luego, no desmerece en nada. Al principio, no voy a mentir, me pareció un poco farragoso, pues no en vano, no soy demasiado ducho en el lenguaje montañés que nuestro autor plasma tan fielmente; con todo, a Pereda se le va cogiendo el gusto con el tiempo, y como los buenos vinos, cuando uno no está acostumbrado al estilo, hace arquear las cejas, hasta que termina agradando el paladar de una forma sublime.

En Pereda hay lamento y hay queja, pero también hay ternura, y no por ello deja de expresar la aspereza de las cosas mundanas en su cara más directa. Es el fin de un tiempo, es la incertidumbre de un porvenir nada halagüeño, pero es lo entrañable de estar apegado al terruño y de ver lo universal a partir de lo local.

Se habla mucho de Pérez Galdós y compañía, pero no se habla de que la narrativa realista española tiene un precursor clarísimo, y es Pereda. El realismo español a caballo entre el XIX y el XX es, con el realismo mágico hispanoamericano (y entre medio acaso el esperpento de Valle-Inclán) acaso el estilo que más me ha influenciado, y nunca he visto la raíz tan clara como cuando he leído a este cántabro por derecho. El ambiente social, los diálogos, las descripciones, la forma de introducirse y dirigirse al lector, la capacidad de moldear la acción desde la soñolienta melancolía a la rapidez y el humor, la ironía... Todo ello convierte a Pereda en un maestro de nuestra lengua, y claro, como el hombre, amén de católico era carlista, pues viene el sistema y nos lo escamotea, tratando de taparlo para que no se conozca, mientras estudiamos sólo a los que ellos consideran ideológicamente afines.

En fin: Un realista con mayúsculas, en el mejor y más completo sentido de la palabra. Precursor y estandarte en el que he de profundizar mucho más. Empero, la primera toma de contacto no ha sido poca cosa.