sábado, 20 de diciembre de 2014

"AGOSTO 1914", DE ALEXANDER SOLZHENITSYN

Imagen de alcana.es



De nuevo con el genio ruso, con el gran profeta del siglo XX, con uno de los intelectuales que más me ha influido, sino el que más. Y es que de casualidad, como pasa tantas otras veces en la vida, paseando por la feria del libro en el malecón de Miraflores, mi señora se dio cuenta de la existencia de esta obra en algún estante y por supuesto me apresté a comprarla, y muy pronto a leerla.

La novela, como muchas novelas de Solzhenitsyn en particular y rusas en general, es voluminosa: Más de seiscientas páginas. Concretamente en esta, se ve la influencia de Tolstoi, pero por el estilo, no por la filosofía ni nada que se le parezca.

En el contexto de la Primera Guerra Mundial, y más concretamente la batalla de Tannenberg, Solzhenitsyn forja una serie de historias paralelas de Rusia a Alemania que acaban convergiendo en lo mismo: El principio del fin de la Rusia zarista. En la novela aparecen estudiantes, cosacos, aldeanos, militares, tolstoyanos, socialdemócratas, anarquistas... Siendo que poco a poco uno se da cuenta del caldo de cultivo que encontró la Revolución en un ambiente confuso, donde las órdenes llegaban malamente, donde un ejército no sabía lo que hacía el otro, y donde ni el Gran Duque ni el zar sabían ya en quién confiar exactamente, puesto que las culpas siempre iban para los muertos; y donde otros, pocos pero fanatizados y bien financiados, iban sacando tajada.

Es curioso porque adopta técnicas modernas para su época, tales como pasar del formato novelístico al formato cinematográfico en un salto, aprovechando para señalar estilos como los recortes de prensa. Pero en modo alguno hace despistar al lector, porque al contrario que (por ejemplo) Mario Vargas Llosa, es bien constante.

Tal vez habrá quien, conociendo al autor, eche de menos más examen sociopolítico. Pero esta novela no es al caso. Es una mezcla de libro y película que a veces me hacía recordar a "Doctor Zhivago". Hasta el más neófito puede hacerse una idea fidedigna de cómo estaba el ambiente civil y militar en aquella época, donde aún estaba tan reciente la derrota en la guerra contra el Japón. Por eso, hay táctica militar, pero también hay sentimientos, exageraciones, discusiones, descripciones... Y toda la narración vertida a través de unos diálogos que juegan con las escenas y los tiempos. La acción y el drama, eso sí, a veces se hacen lentos, rebuscados; y para lectores impacientes como yo, pierde un poco de latencia en ese instante. Sin embargo al final se comprende mejor la gran armazón que Solzhenitsyn usó para hacer toda una serie de libros donde él fue al principio, a la esencia, a las causas y las consecuencias; algo siempre presente en la tradición literaria y moralista rusa.

Una lectura concienzuda, que ha llevado su tiempo, y no obstante, que ha despertado todavía más mi curiosidad por Solzhenitsyn en particular y los escritores rusos en general. Cada "x" tiempo tengo que leer a Solzhenitsyn, porque leer a Solzhenitsyn es comprender, y es trazar un paralelismo entre las Españas y las Rusias que ya estoy empezando a desarrollar en serio. Pronto se verá...

Con todo, termino mi año literario con Solzhenitsyn y lo comienzo con Valle-Inclán. Ya les contaré...










mis referencias literarias: alexander solzhenitsyn - antonio moreno