sábado, 7 de febrero de 2015

MIS LECTURAS: "UN CORRESPONSAL EN ESPAÑA. 50 CRÓNICAS DE LA TERCERA GUERRA CARLISTA", DE ENRIQUE ROLDÁN GONZÁLEZ

Imagen de www.agapea.com


-De la Colección Hernando de Larramendi. He aquí una de mis ibéricas adquisiciones; más en concreto, un regalo de un buen amigo que es tan utrerano como nervionense. La III Guerra Carlista fue un conflicto que suscitó mucho interés internacional, y los ingleses algo sabían del carlismo, en especial desde que el general Cabrera se exiliara allá. En la Segunda Guerra Carlista, hubo varios ingleses implicados en favorecer la causa de Don Carlos, y la Tercera, de 1872 a 1876, no podía ser menos. Así, nos situamos ante el periodista McGraham, que era un hombre que había servido en el ejército, y que amén de corresponsal de guerra nos traza todo un libro de viajes, un género que ya parece pertenecer a la arqueología. McGraham no oculta cierta simpatía carlista; con todo, dado que buena parte de la prensa occidental estaba en contra, tampoco es para tanto. El siglo XIX fue un siglo para los románticos viajeros, y lo cierto es que en muchas ocasiones, no entendieron bien la realidad de España, dejando muchos "vanos exotismos" que luego, para colmo, se han politizado. Sin embargo, no es el caso de McGraham en tanto y en cuanto a que él se ciñe al papel bélico, al teatro de operaciones de la Corte de Estella y alrededores, y si bien hace descripciones culturales y psíquicas, más se escora hacia lo militar y lo político, conociendo de muy primera mano la sociedad y la programática del carlismo. Entre Amadeo de Saboya y la I República, España yacía presa de duras convulsiones, y la bandera de Carlos VII comenzó a ser alzada hacia 1869, cristalizando definitivamente en 1872 como emblema vivo de la Contrarrevolución militante.

Uno de los aspectos más interesantes para mí es la minuciosidad al describir a la "legión extranjera" presente en el carlismo. Si bien en la Primera Guerra (1833-1840) el príncipe Lichnowsky -"RECUERDOS DE LA GUERRA CARLISTA (18... - también nos habla de esto, creo que McGraham es más detallista, y así, nos historia la nutrida presencia de franceses (como en la Primera), los cuales ayudaron muchísimo con su sangre y sus aportaciones. Es curiosa la presencia francesa desde primera hora, pues no en vano una vez leí que a estos voluntarios realistas se debe el nombre de "carlista", puesto que el primerizo vocablo español fue "carlinos". En los años de la Tercera Guerra gobernaba Mac-Mahon, quien pensó en el conde de Chambord para una restauración monárquica en Francia, y quien se dice que simpatizaba con las ideas tradicionalistas. Por ello Bismarck intentó bloquear a Francia y a la España carlista, porque amén de su odio anticatólico, temía que un resurgimiento borbónico en Francia pudiera crear una especie de alianza hispano-francesa tradicionalista. En la Primera Guerra, los alemanes apoyaron la causa carlista, pero ahora las tornas cambiaban; mientras que Rusia, mal que bien, se mantuvo más lineal en su apoyo al carlismo, aunque de una forma muy tímida. En cambio, también se contó en el ejército carlista con voluntarios austriacos y alemanes, amén de portugueses (aunque me cuesta considerar extranjeros a éstos...), italianos e ingleses; y otro dato interesante: Bastantes irlandeses. Y este dato por ejemplo yo no lo conocía, pero sí, hubo bastantes y entusiastas irlandeses que fueron a defender a un Don Carlos que les tenía alta estima y simpatía.

Curioso, como digo, que la España carlista generara hasta una geopolítica. Y curioso que fuera el carlismo quien innovara en una táctica de trincheras que luego se copiarían en la Guerra Franco-Prusiana y en la Primera Guerra Mundial. Y curioso también que exponga cómo los carlistas eran más tolerantes con los republicanos en sus ciudades que al contrario; cosa que en verdad no nos sorprende.

Muy buena la traducción y los comentarios ulteriores de D. Enrique Roldán, aunque yo matizaría algunas cosas con respecto al general Cabrera.

En fin, un documento interesantísimo sobre una parte importantísima de nuestra Historia, una de las muchas partes que nos han querido escamotear.


Ahora cambiamos un poco nuestras lecturas y nos escoramos hacia la poesía, que ya es hora. Ya contaremos...