lunes, 16 de febrero de 2015

RIP MANOLO EL DEL TALLER


Foto de Mano Bus Mano


¡Cómo pasa el tiempo Manolo! Y me dice el amigo Marcelino Figueredo que hace poco también se fue tu mujer. ¡Qué barbaridad!

Hacía un par de años que no pisaba el pueblo y tuve ocasión de verte por La Barriada, allí en la esquina de la Casa Moreno. Te vi sentado, flaco y apocado, y aun así, me conociste pronto y estuvimos hablando de algunos recuerdos. ¿Y qué chiquillo del pueblo no se acuerda de ti? Cuando cogíamos aquellas endiabladas bicicletas y nos creíamos que nos íbamos a comer el mundo, era cuestión de un pinchazo, o de que se soltase la cadena, o cualquier otra historia para ir a tu casa a buscarte, porque necesitábamos aquel vehículo que nos disparaba hacia nuestros sueños como el comer. Y cuando te veíamos, nos entraba una comezón... A ver si la bici tenía arreglo, si la reparación iba a salir cara... ¡Pero claro que tenía arreglo! Y de caro nada. ¡Se ponía uno poco contento cuando te veía salir con el vehículo ya en óptimas condiciones! Y a rodar la llanta hasta que el cuerpo aguantara.

Acordarme de ti, Manolo, es acordarme de toda una infancia y de toda una vida. Es verte pasear de La Barriada a la Calle Larga, es acordarme de la peña sevillista, o cuando iba al campo y verte desayunando en algún lado, o de cuando iba a trabajar o a la universidad y te veía a través del autobús como una de las figuras arquetípicas de nuestro pueblo, como un hombre que siempre estaba, y que siempre saludaba con un diligente "¡hola niño!", preguntando por la familia y siguiendo su camino con fuerza y constancia.

Lo he dicho en otras ocasiones, e igual parezco pesado, pero es verdad: Estas noticias, a la distancia, parece que duelen más de la cuenta. Quisiera estar allí para poder despedirme de ti y de los tuyos, pero como te dije, por circunstancias de la vida, pues resulta que estoy en la otra punta del mundo. Y a veces, qué lejanía tan mala se siente, y no hablo sólo de lo físico... Aunque, mirándolo bien, si bien no te puedo despedir, al menos tuve la oportunidad de charlar contigo poco antes de que te fueras.


En fin, hasta siempre, querido mecánico y paisano. Salúdame a los que andan por allí arriba. Un fuerte abrazo y vayan mis oraciones por tu alma.



Requiem aeternam dona ei Domine.
Et lux perpetua luceat ei.
Requiescat in pace.
Amen.