domingo, 15 de marzo de 2015

DE CINE: "UN EURO, 3,60 LEI", DE CARLOS IGLESIAS

Imagen de www.tolocha.com


-Para rematar la tarde del domingo, he visto un documental, o una película, o como sea, ya que el formato no deja de ser atractivo; bueno, eso, que he visto esta cinta de Carlos Iglesias, el mismo de la mítica serie de Antena 3 "Manolo y compañía" (compartiendo papel con Angel de Andrés); el mismo que trasladó su experiencia vital como hijo de emigrante en Suiza a través de la película "Un franco, catorce pesetas" y su segunda parte "Dos francos, cuarenta pesetas"; películas de las que muy probablemente me ocupe en un tiempo no muy lejano, Dios mediante.

Con todo, esta cinta en concreto aborda la inmigración rumana en España; inmigración sobre la que todos hemos sido injustos, pues no en vano es una de las que mejor se ha adaptado al país, y sus resultados ahí están. Son gentes que, al hablar una lengua latina, aprenden rápido el idioma, y normalmente, vinieron con muchas ganas de trabajar y prosperar. Asimismo, su trasfondo cultural y espiritual bizantino une más de lo que pensamos.

Cuando a uno le ha tocado ser emigrante, aprende a ver las cosas de otra manera. No son las cosas tan simples como les gustaría a tirios y troyanos. Y puedo comprender perfectamente tanto el amargor como la esperanza de aquellos rumanos que han vertido su vivencia ante la cámara dirigida por Carlos Iglesias.

En estos días inciertos donde uno no deja de pensar en lo divino y en lo humano, y donde la canción "No dia em que eu sai de casa" del dúo brasileño Zezé di Camargo e Luciano se aparece con fuerza, no está de más recabar las impresiones de quienes antecedieron en el largo y traumático viaje, pues ayuda a hacer balance entre lo bueno y lo malo, que de todo siempre hay; y también ayuda a abandonar optimismos o pesimismos y, por ende, a ser realistas e intentar coger el toro por los cuernos.

Hay una cosa que me ha llegado especialmente al alma: Los rumanos en España tienen a la iglesia ortodoxa y otras iglesias minoritarias allá como puntos de encuentro. En cambio, los españoles, ya en España ya en la emigración, no tienen una iglesia como punto de encuentro sencillamente porque no van. Y no digo "vamos" porque yo sí voy, y muy rara es la ocasión en la que me encuentro a algún compatriota... Esto desde luego da que pensar a qué hemos llegado; y a dónde quieren algunos que lleguen los países del Este, todavía no del todo contaminados por el ateísmo recalcitrante y los paralelos dogmas progre-liberales.

Me ha gustado. Diría que en estos tiempos que nos ha tocado, más que recomendable. A más de uno le va a hacer falta. A mí mismo, sin duda.