lunes, 20 de julio de 2015

DE POESÍA Y MÚSICA: JOSÉ LEÓN (II)

Imagen de www.quediosrepartasuerte.com


-Hace algunos días publicábamos: DE POESÍA Y MÚSICA: JOSÉ LEÓN

Y dándole vueltas a la cabeza con los emocionantes poemas de José León, caemos en la cuenta de unos hechos fundamentales de nuestro pasado reciente que reúne una fuerte relación de protagonistas comunes. Y es que las cosas pasan por algo...

Intentemos explicarlo: Resulta que yo emigro al Perú en el 2011. Y en el 2014, un amigo segoviano que vive en Madrid, conocedor y amante de las tradiciones españolas, me refiere la obra de un tal José León, en la cual se combina la poesía y la música al alimón de galgos, toros y caballos. Cuando escucho la primera vez "Mañana de cacerías", se me llegan a saltar las lágrimas (en absoluto exagero) recordando a los galgueros de mi pueblo, entre los que se encontraba mi tío Manolo, otro grande que también se nos fue ya; y que con toda la ilusión del mundo me llevaba a la Cabreriza, en la calle Larga, allí al lado de la ermita de Roncesvalles, a enseñarme aquellos perros con los que cortaba el viento por los cotos. Asimismo, recuerdo a su hijo, mi primo Mario, cómo entrenaba con otros galgueros del pueblo, con aquellos vespinos de los cuales tiraban como en Siberia y Norteamérica tiran los huskies, los samoyedos y los Alaska malamuten de los trineos.




Sin duda, todo aquello que José expresa en rimas cortas y constantes (hermosa tradición ibérica que asimismo heredaron los gauchos) me sonaba familiar de alguna manera u otra. Eso, unido a la calidad poética y a la lejanía, me provocan una constante melancolía, que al final, es la que siempre acaba inspirando para escribir.

Así las cosas, entre diciembre del 2014 y enero del 2015 pasé veintipocos días de vacaciones en el terruño, luego de dos años de ausencia. Cuando me encontré con mi primo Gonzalo Moreno Castro y le hablé del poeta que no paraba de escuchar a través de múltiples versos musicalizados, me aclaró que el artífice de "Galopando por los sueños", "Que Dios reparta suerte" y "De casta le viene al galgo", amén de paisano suyo, también forma parte de su rama Castro. Yo me quedé asombradísimo de la coincidencia, pero hasta ahí, no caí en que había otro vínculo definitivamente sublime. Y es que reitero: Las cosas pasan por algo. Porque resulta que se acaban aquellas intensas y fructíferas vacaciones y yo sigo pendiente de los trabajos de José León, encogiéndome el corazón con cada verso; y al cabo de estos meses, mi primo Gonzalo me refiere que también estoy ante el dueño de la

Bodega "EL POTRO" de Villanueva del Ariscal.





Conste que a mí me sonaba mucho el sitio pero no acababa de identificarlo. Con todo, me meto en su página de facebook y en seguida identifico el lugar donde por última vez vi a mi muy querido, admirado y añorado tío José María. Bicheando más fotos, puedo identificar a una hermana de José como la persona que nos atendió aquella otoñal y plácida noche, pocos días antes que mi tío (el padre de Gonzalo) se nos fuera tan intempestivamente. Le consulto a mi primo, que a su vez le consulta a su madre, mi tía Pilar, y así me lo confirman: Allí estuvimos juntos por última vez.

Definitivamente: Las cosas pasan por algo. Esto va más allá de la "casualidad". Para mí, esto es algo netamente providencial que, al cabo de los años, con paradójica felicidad me sacude en plena cara como un dulce cante de ida y vuelta. Que no en vano el flamenco es eso, producto de muchas idas y muchas vueltas. El mismo flamenco que tanto nos une a todos los referidos protagonistas de esta historia tan sorprendente, y que tanta importancia tienen para este caballero de triste figura que intenta describir con palabras lo que sale a borbotones del alma.

Dice José León que a los artistas la sensibilidad se nos exacerba tanto para lo bueno como para lo malo, y yo digo que eso es verdad. Y añado: Estando fuera del terruño, peor todavía. Escuchar a José León es como viajar en una máquina del tiempo, como sembrar una senda a partir de mi infancia con una esencia de identidad que jamás me abandona, recordándome lo que fueron los míos y lo que seré yo siempre por más lejos que esté.

Así las cosas, para resumir esta serie de raudos acontecimientos, que calle la prosa y que hablen los versos mientras que el arte, la intrahistoria y la Providencia nos siguen encontrando:


LA PROVIDENCIA Y EL POTRO

A la familia Moreno Castro y al poeta José León

Galopando por los sueños,
viendo cómo Dios reparte
suerte, y cómo de casta le
viene al galgo, el arte

se me aparece a bocajarro,
sin permiso y sin avisar;
un pasado siempre en marcha,
me viene a retumbar.

Ya no creo en las casualidades,
prefiero pensar en la Providencia,
por más que eso cueste en un mundo
de tan materialista impaciencia.

Es la Providencia la que llevó
a un buen amigo a notificarme,
de José León la poética obra,
que ha venido harto a emocionarme,

llenándome de mi esencia y mis
recuerdos, a través de imágenes vivas,
cuyo contenido desprende el espíritu,
de una tierra que siempre será mía;

porque por más lejos que esté,
nada me quitará de dónde soy,
y se parará el tiempo siempre,
que dude si vengo o si voy.

Y echando la vista atrás,
en conexión con José León,
he de mentar su bodega "El Potro",
por obligación y devoción,

porque aquel gran restaurante,
innegable arquetipo andaluz,
me trae un tajante recuerdo,
que me llena de melancólica luz:

La última vez que estuve con mi
tío, aquel gran señor que fue
José María Moreno Becerril,
cuyo gran recuerdo nunca borraré,

fue en esta insigne bodega,
donde tan bien lo pasamos,
a base de buena gastronomía,
y por buena gente rodeados.

Y es que José León es familia,
a su vez, de mi familia ariscaleña,
así que miren ustedes qué feliz
y qué entrañable coincidencia.

Pero... ¿Qué digo "coincidencia"?
¡Providencia! En todo caso.
La memoria de mi tío y la de
mi terruño están a salvo,

condensadas en bellos momentos,
cuya corona "El Potro" ostenta,
como corolario de toda una vida,
cuyas inspiraciones la tierra detenta.

Y a "El Potro" volveré algún día,
porque recordar es volver a vivir,
y aunque dura se hace la nostalgia,
la Providencia inspira para escribir.