jueves, 16 de julio de 2015

DE POESÍA Y MÚSICA: JOSÉ LEÓN


-Hace tiempo, y de casualidad, a través de un amigo castellano, supe de la existencia de José León, paisano mío y a su vez, familia de mi familia, por otra parte; y todo queda en la comarca del Aljarafe.

En la emigración, la sensibilidad se exacerba. Si uno tiene sensibilidad de artista, entonces mejor ni hablar... Empiezas a entender que cosas que te daban coraje de chico son la sal de la vida. Y cosas en las que allí no echabas cuenta, estando lejos del terruño te emocionan, hasta hacerte encoger el corazón. Así empecé a descubrir que me gustaban los Ecos del Rocío, grupo de sevillanas al que nunca había dado bola. Y así, escuchando y descubriendo a José León, me acordé apasionadamente de los galgos de mi tío Manolo QEPD, y de los otros galgueros del pueblo que iban a entrenar con la vespilla que les servía de transporte para el jornal campero. Asimismo, me he acordado de muchos momentos en el Rocío, en casa de mi amigo Primi; y de todas las evocaciones posibles del hermoso paisaje de una tierra que marca de por vida con sabor de mosto, aroma de azahar y son de flautas, tamboriles y romerías; la tierra que me vio nacer y crecer, y que con sus virtudes y defectos añoro cada día que pasa desde lo más hondo del alma. Por eso, va pasando el tiempo, y sigo escuchando y admirando a José León; alimentando con mayor facilidad los motivos literarios de ese Macondo aljarafeño que estoy construyendo y espero que vela luz algún día. Valgan estos versos dedicados a su talento, al talento de un gran poeta de pasión torera y bodeguera raigambre que espero poder conocer algún día, no sin antes recomendar vivamente sus trabajos: "Galopando por los sueños", "Que Dios reparta suerte" y "De casta le viene al galgo"; auténticos iconos tanto telúricos como espirituales y prontos clásicos de un terruño que nunca dejó de tener proyección universal.



AL POETA JOSÉ LEÓN

Luz del Aljarafe que entra
por rubias ventanas rocieras,
fusionando caballos y toros,
como antiguas divinidades iberas.

Alpacas de paja que se estremecen,
con una voz de flamenco rasgueo;
mientras una hermosa collera de
galgos exhibe su ágil movimiento.

Pintura de barrocas costumbres,
que se pasea entre olivos y encinas,
el color y el olor de una bodega,
entrando cual ráfaga divina.

Una casa encalada con
bien dispuestos ladrillos,
mirando hacia una primavera,
que sabiamente habla del destino.

Hombría de honrado paisanaje,
altura de peregrinación espiritual,
sol que pide sombrero y chaquetilla,
garrocha que en Bailén supo triunfar.

Botos de atesorados recuerdos,
azahar desparramado por arrobas,
aire de llanura marismeña,
río de oceánicas horas.

Silencio: Que me estoy inspirando
en el poeta José León. He aquí
mis motivos. He aquí lo que es
mío y nuestro, y nunca va a morir.