miércoles, 12 de agosto de 2015

RIP ANDREA FALLA MONROBÉ ("PRIMA ANDREA")



Andrea Falla Monrobé, en puridad mi tía-abuela, aunque todos te decíamos "la prima Andrea". Qué sorpresa tan mala me he llevado hoy al ver el mensaje de whatsapp del primo Juan. La última vez que te vi, estas Navidades pasadas, te noté más desmejorada y torpona, pero se me hacía que ibas a estar entre nosotros todavía mucho tiempo.

Ni un segundo de mi vida has dejado de estar presente. Siempre atenta para felicitarme el día de San Antonio, el cumpleaños, la Navidad... Siempre que te pasabas por casa cuando ibas a la iglesia. Siempre que nos llamabas por teléfono para preguntar. Siempre presente, prima. Siempre, ya fuera desde aquella casa de cerca de La Viña, o desde tu casa de la calle del Prado, aquella calle a la que tanto cariño le tengo; aquella calle de tonos azules y grisáceos, donde los jaleos de los perrillos en invierno se entremeten entre el olor a cisco y poleás y se embuten en el único empedrado que se nos resiste a irnos de Bollullos; en fin, aquella calle que nos anuncia la Corraleja, la calle de los Mudos, el Prado, y que por otra parte nos conecta con la calle Larga, y donde tan buenos ratos pasé en mi infancia, enfrente de tu casa, en la casa de mis abuelos, a los que tú adorabas por razones de sangre y vecindad; porque si bien hay parentesco cercano por la parte Falla, también lo hay lejano por la parte Monrobé. Y viviendo toda la vida juntos. Bueno, no toda la vida; porque como mujer luchadora y trabajadora un buen día tuviste que hacer las maletas y salir fuera, concretamente a Cataluña, acaso la región más rica de España, adonde arribaron miles y miles de andaluces, además de vascos, gallegos, manchegos, murcianos, aragoneses o extremeños, buscando un porvenir que en su terruño no hallaban. Y encima mira algunos (que no todos)... En fin, mejor no vayamos por ese tema, porque es que me enciendo. Yo, salvando las distancias, un buen día también decidí coger las maletas e irme con viento fresco. Fue una decisión difícil que recuerdo que tuvimos la ocasión de comentar. Y me diste muchos ánimos y me auguraste muchas esperanzas; al igual que hiciste cuando conociste mis primeros libros de poemas.

Siempre fuiste un rostro cercano, familiar, amable. Siempre tenías una buena conversación a mano. Siempre, con tu buena memoria, me aportabas datos familiares e historias del pueblo que, aparte de mi curiosidad genealógica, satisfacían mi inspiración que creo que me está llevando a crear (o recrear...) un realismo mágico andaluz que, D.m., en unos años irá viendo la luz.

Siempre has estado en mi retina desde que me marché, por la gente de tu generación me inspira mucho más que mis coetáneos. De hecho me considero mucho más unido a la patria por ustedes que por los que se supone que han de ser mis próximos. Si no fuera porque tuve el privilegio de tratar a gente de aquellos tiempos, me sentiría apátrida. Por ustedes, sé que no todo está perdido, y que no siempre hemos sido iguales de... Bueno, de eso. No porque cualquier tiempo pasado fuera mejor, ni tampoco porque fuerais perfectos: Es que erais otra gente. Otra raza, diría yo. Gente luchadora, gente que le daba igual lo "políticamente correcto", gente que valoraba la familia y las tradiciones; gente, al fin y al cabo, que era capaz de levantar a un país de sus cenizas y transmitir sus buenos valores a su gente. Y eso me temo que está en peligro de extinción. Pero qué voy a hablar de extinción, en un mundo que se conmueve ante la muerte de un animal pero le da igual lo que le pase a su prójimo...

Siempre has estado presente, y nunca dejarás de estarlo; porque el día que dejes de estar presente en mi memoria, en mi mente o en mi corazón, será el día que yo haya empezado a morir.

Me queda el consuelo de haberte visto no mucho antes de que te nos hayas ido tan de sorpresa. Porque aunque ya peinabas canas, pasando los ochenta, yo te veía con espíritu joven. Será que ese enérgico vigor nunca te abandonó desde que jovencita recorriste la Piel de Toro. Y la última vez que te vi.. ¡¡Chico regalo que me diste de boda!! ¡¡Siempre tan detallista y atenta, prima!! ¡¡Y qué arte has tenido siempre, arte que significaba la fuerza de tu expresividad!! ¿Cómo olvidarse de ti? ¿Cómo olvidar aquellos momentos en el piso de la plaza de la Marquesa, cuando tanto frecuentabas a mis abuelos? ¿Cómo olvidarme de tu casa de la calle del Prado, aquella casa siempre limpia y acogedora, repleta de fotos familiares? ¡¡¡Imposible!!! Nunca se olvida a quien nunca se olvidó de uno.

Lo peor, prima Andrea, es que estoy muy lejos. Y tal y como me pasó ante la muerte de mi tío PEPE (¡al que también le decía primo!), siento una soledad muy grande. Porque aunque uno no puede hacer nada, cuando está allí, siente como que se despide. Y se me están yendo tanta gente que yo quería y admiraba... Y sin poder acompañar en el duelo, el mal sabor de boca que queda es horrible. Porque aunque vivamos en un mundo tan materialista como éste, ese acompañamiento a los muertos es algo más que "físico": Es una sobrenaturalidad que por algo valoramos tanto en nuestra tierra, porque también tiene su lógica, como tiene su fe. Así que no podré estar en tu casa, no podré asistir al funeral en la iglesia, ni podré acompañarte al cementerio. Pero te juro por lo más sagrado que nunca te irás de mí, que siempre estarás conmigo; y te agradeceré siempre todos tus mimos, regalos, historias y consejos. Siempre, prima Andrea, ¡siempre! Y porque creo en la palabra "siempre", sé que la muerte no es el final, y que vas camino de la Resurrección y te reencontrarás con los tuyos, con los nuestros; y mirando al cielo, auscultaré las estrellas para ver desde cuál me estás velando; pensando siempre en nuestro Bollullos de la Mitación como el centro de mi universo, aunque la falta de gente como tú me vaya alejando un poco más...

Descansa en la paz del Señor, prima Andrea. ¡¡Cómo te voy a echar de menos!! Como todo el pueblo. Y qué duro se me va a hacer cuando vuelva y no te vea...




*Foto de Antonino Gallego 


Requiem aeternam dona ei Domine.
Et lux perpetua luceat ei.
Requiescat in pace.
Amen.