jueves, 31 de diciembre de 2015

"25 DE DICIEMBRE, ¿ENIGMA RESUELTO?", POR VITTORIO MESSORI

La fecha del 25 de diciembre es algo más que un símbolo.
Los rollos de Qumran corroboran su exactitud.
Vittorio Messori
Cuando todos se han ido y las ciudades están vacías, ¿a quién --y a dónde-- vamos a mandar tarjetas y paquetes adornados con cintas y copos de nieve? ¿No vociferan los obispos contra esta orgía consumista a la que hemos reducido la Navidad? Entonces pasémosla a mediados de agosto. No parece imposible: en efecto, no fue la necesidad histórica, sino la Iglesia la que escogió el 25 de diciembre para contrastar y sustituir las fiestas paganas en los días del solsticio de invierno. El nacimiento de Cristo en lugar del renacer del Sol invictus. Pero al principio fue una decisión pastoral susceptible de alteración si el caso lo pide. Una provocación, obviamente, que se basaba, no obstante, en lo que admiten (mejor dicho, admitían) tranquilamente todos los estudiosos: la fecha de la Natividad en el calendario litúrgico es una elección arbitraria sin relación alguna con la fecha del nacimiento de Jesús, la cual nadie estaría en situación de determinar. Pues bien, parece que los propios expertos se equivocaron; y evidentemente, yo los seguí en su error. En realidad, hoy en día, gracias a los documentos de Qumran, podemos determinar la fecha con precisión: Jesús nació exactamente un 25 de diciembre. Un descubrimiento extraordinario y fidedigno del que no se pueden sospechar fines apologéticos cristianos, dado que se lo debemos a un catedrático judío de la Universidad de Jerusalén.
Vamos a tratar de explicar el mecanismo, que es complejo pero fascinante. Si Jesús nació un 25 de diciembre, su concepción virginal tuvo lugar sin duda alguna nueve meses antes. Efectivamente, en el calendario cristiano se celebra el 25 de marzo la anunciación del angel Gabriel a María. Por el mismo evangelio de S. Lucas, sabemos que hacía seis meses exactos que Isabel había concebido a Juan el precursor, que será llamado el Bautista. Aunque la Iglesia Católica no tiene una fiesta litúrgica para conmemorar dicha concepción, las antiguas iglesias de Oriente la celebran solemnemente entre el 23 y el 25 de septiembre. Esto es, seis meses antes de la Anunciación a María. Es una sucesión de fechas lógica, pero se basa en tradiciones imposibles de verificar, no en sucesos que se puedan fechar. Hasta tiempos bien recientes, todo el mundo coincidía en esto. En realidad, parece que no es así.
En efecto, debemos tomar como punto de partida la concepción de Juan el Bautista. El Evangelio de San Lucas da comienzo con el relato del matrimonio anciano formado por Zacarías e Isabel, esta última ya resignada a la esterilidad, que estaba considerada una de las mayores desgracias en Israel. Zacarías pertenecía a la clase sacerdotal, y un día que estaba de servicio en el templo de Jerusalén se le apareció el arcángel Gabriel (el mismo que seis meses más tarde se aparecerá a María en Nazaret), el cual le anunció que, a pesar de lo avanzado de su edad, él y su mujer tendrían un hijo. Habrían de llamarlo Juan, y sería «grande ante el Señor».
Lucas se preocupa de precisar que Zacarías pertenecía al grupo sacerdotal de Abías y que cuando se le apareció el ángel «oficiaba en el turno de su grupo». En el Israel de la antigüedad, los sacerdotes estaban divididos en 24 grupos que, siguiendo un orden inmutable, debían prestar servicio litúrgico en el templo durante una semana dos veces al año. Sabíamos que el grupo de Abías, al que pertenecía Zacarías, era el octavo en el orden oficial. Ahora bien, ¿cuándo le tocaba el turno de servicio? Nadie lo sabía. Pues bien, sirviéndose de investigaciones realizadas por otros especialistas, y trabajando sobre todo con textos encontrados en la biblioteca esenia de Qumran, he aquí que el enigma ha quedado resuelto por el profesor Shemarjahu Talmon que, como decía, enseña en la Universidad Hebrea de Jerusalén. El mencionado estudioso ha logrado precisar el orden cronológico de los turnos de los 24 grupos sacerdotales. El de Abías prestaba servicios litúrgicos en el templo dos veces al año, como las demás, y uno de aquellos turnos estaba fijado para la última semana de septiembre. Por tanto, era verosímil la tradición de los cristianos orientales que fija entre el 23 y el 25 de septiembre el anuncio a Zacarías. Y esta verosimilitud se aproxima a la certeza porque, estimulados por el descubrimiento del profesor Talmon, los estudiosos han seguido la pista y se han remontado al origen de esa tradición, llegando a la conclusión de que provenía directamente de la Iglesia primitiva judeocristiana de Jerusalén. Una memoria antiquísima y pertinaz la de las iglesias de Oriente, como se confirma en muchos otros casos.
Por consiguiente, lo que parecía un mito cobra de pronto nuevos visos de verosimilitud. Una cadena de acontecimientos que se extiende a lo largo de quince meses: en septiembre, el anuncio a Zacarías y al día siguiente la concepción de Juan; en marzo, seis meses después, el anuncio a María; en junio, tres meses mas tarde, el nacimiento del Bautista; seis meses después, nace Jesús. Y así llegamos ni más ni menos al 25 de diciembre, fecha que, como vemos, no se fijó al azar.
No parece muy factible trasladar la Navidad a agosto. Me desdigo de la propuesta, más que humillado, emocionado: al cabo de tantos siglos de persistente investigación los Evangelios no dejan de depararnos sorpresas. Detalles aparentemente inútiles (¿qué más daba que Zacarías perteneciera al grupo sacerdotal de Abías? Ningún exegeta hacía caso de eso) demuestran de pronto su razón de ser: dar testimonio de una verdad oculta pero precisa. A pesar de todo, la aventura cristiana continúa.

Il Corriere della Sera 9/7/2003