martes, 8 de marzo de 2016

RIP JUAN RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ


-Juan, que me he enterado tarde que nos has dejado. Me he quedado helado. De piedra. ¡Qué pena más grande y más honda me ha entrado! Hace años se nos fueron el Cano y su hermano Miguel... ¡Qué sola se queda nuestra cuadrilla!

Llevo una rachita... Todavía no me he recuperado de la triste pérdida del amigo Lorenzo (1) y esta semana sigo con el duelo por un gran maestro y amigo que se llamaba José Antonio Pancorvo (2) y ahora resulta que me entero por tu sobrino Fernando de esta noticia... Tanto él como tu hermano me iban informando de lo mucho que estabas padeciendo por culpa de esa maldita enfermedad que a tanta gente se nos está llevando por delante.

Fíjate que hace poco, en pedante soliloquio, decía yo que cuando se va muriendo tu gente, se va muriendo tu mundo. Había pasado por la casa de mi amigo Pancorvo y sentí muy solo aquello, y me sentí muy solo yo mismo. Y esa soledad se acrecienta sobremanera tras enterarme de tu partida.

Me imagino, qué se yo, una mañana tempranera de un otoño que a veces se confunde con un verano que no quiere irse. Todavía campeando la noche, yo saldría de mi casa pero por la parte de la cochera, enfilando por la Corraleja, dejando atrás la casa de Jeromo y al otro lado la Era. La timidez del viento y la luz de las estrellas preludian la jornada. Yo seguiría mi rumbo y, dejando a la derecha la calle del Prado, sigo recto, dejo la Corraleja y paso la cochera de Curro, cruzo el breve trayecto de la calle del Prado y ya estoy en el callejón de El Estribo, y de ahí, a esperar para cruzar al bar de las quinielas, dejando tu casa atrás. Me espera un café más negro que un tizón endulzado con leche condensada. Al momento mi garganta hierve, bien servida. Allí estarías tú, Juan, y tal vez, a tu alrededor estarían Valderas, mi tío el Titi, el Cano, Miguel... Podría aparecer hasta mi tío Manolo (3). O mi primo Alfonso. Podrían aparecer Curro, Molina... Y en fin, aceituneros de diversos puntos que se concentran antes del tajo, disputándose la barra y las mesas, acariciando con el paladar la blandura que habrá de mojar los olivos.

¡Qué me ha gustado encontrarme siempre con paisanos por derecho! Y más en sitios que están ya en peligro de extinción.

-¡Vámonos Moreno, que aquí no hacemos nada!- me dirías.

Y yo me iría contigo en tu coche. ¿A dónde? Pues a donde tocara: La Marquesa, Césped, cerca de Torrequemada, cerca del cementerio, el Mantúo, Las Moreras... Cualquier sitio es bueno para ordeñar los olivos. ¡A pegar tirones! Y que se escuchen bien las aceitunas caer en los macacos. ¡Las espuertas llenas, que el jornal hay que ganárselo! A las once toca desayuno. Y a las dos estamos dando de mano. Que está bien la cosa, porque empezamos antes de que se viera. Y a veces, con una candela previa por mor del frío campero. Y también venían los de Guillena y los de Camas. El Cano, serio. Miguel, también, pero de vez en cuando, hablando en francés o en italiano. Molina también serio, y a veces, sin aguantar del todo las bromas de Curro. ¿Y los umbreteños Félix y Manuel? ¿Y Eduardo, el capataz? ¿Y Manuel el Cachorro? ¿Y Fernando el almonteño? ¿Y Laureano Chocorrera? ¿Y el coriano? 

La cuadrilla fue cambiando. Pero tú siempre estabas ahí. Y alguna vez fuiste el manijero. Y yo, si bien a lo primero me iba andando, luego fui confirmándome como tu sempiterno copiloto.

Y ahora todo eso forma parte del definitivo recuerdo...

¿Te acuerdas del día aquel que me entró la risa cuando , ya de vuelta, a la altura del cruce de la Carretera y la Calle Larga le dijiste a un coche que estaba malamente puesto y no nos dejaba pasar algo así como "¡venga ya, con tu...!"? Con tus ojos claros y chispeantes, me miraste medianamente serio y me dijiste: "¡Ah! ¿Te ríes, no?"

¿Te acuerdas cuando Eduardo decía que no quería el dinero para nada, y lo que se quejaba del concierto de los Mojinos Escozíos que le pusieron al lado de su casa? ¡La de bromas que le hacíamos!

¿Te acuerdas de cuando tú le decías a Manuel el Cachorro que cuando salía bailando en Cuatrovitas TV se le notaba tipo de campesino? ¿Y de cuando Manuel siempre decía que eran las últimas ordeñadas y todos empezábamos a hacer música como señal de que no le creíamos?

¿Y de los fandangos que me marcaba tan malamente con Joaquín el de Camas, que su paisano Manuel nos preguntaba que si ya íbamos a empezar con los cantos gregorianos?

¿Y los gases furtivos y escandalosos que vez en cuando se escapaban por ahí? Y también algún que otro gruñido de esos que no se pueden explicar y son muy socorridos en según qué situaciones.

Ah, ¿y te acuerdas cuando nos quedábamos admirados de Carpo (4) porque a veces lo veíamos ir y venir con el macaco a cuestas ya con ochenta años largos?

¿Y de los sábados, que era el día de cobro, cuando quedábamos después del tajo en la bodega Salas?

¿Y de cuándo te pescaba algunas veces fumando a escondidas y me mandabas a callar con una sincera sonrisa?

En fin, y contando anécdotas y recuerdos podría seguir hasta mañana... La jartá de reír que yo me pegaba aun en la ruda dureza del trabajo... "Niño, ¡qué bonito es el campo!", decíais... Como cuando te dije que las aceitunas era lo más bonito que tenía el campo en comparación a otros trabajos (como las fresas), y me miraste serio, mientras desbrozabas un pimpollo, diciéndome con implacable ironía:

-Sí, niño, esto de las aceitunas es precioso...

Más de una vez me decíais que con ustedes aprendía más que en la universidad. Y hay mucho de cierto en eso.

Pero bueno, que digo yo Juan que si los mejores os empeñáis en iros, ¿qué nos va a quedar? Me siento muy derrumbado y angustiado en ese sentido, la verdad. Le doy muchas vueltas a eso. Porque veo el futuro más negro que los cojones de un borrico. Y no se trata sólo de "política". Yo creo que sabrías de lo que hablo, porque a buen entendedor, pocas palabras bastan.

No obstante, habrá que seguir tu ejemplo, como el de tanta buena gente que con esfuerzo y sacrificio han sacado a sus familias adelante y han formado parte de la historia viva de un pueblo que siempre será el centro de nuestro universo.

Gracias, muchas gracias Juan. Gracias por tu paciencia. Gracias por tu compañerismo. Gracias por todo lo que me enseñaste. Contigo no se muere un hombre: Se muere un arquetipo. Contigo se va toda una vida.

Te dejo el poema que compuse pensando en ti no hace mucho. Y te juro que nunca te olvidaré.

Descansa en paz, amigo y maestro, que bastante trabajaste en vida. Ya estás junto a tu anhelada esposa. 

HOMBRE DE CAMPO

Tus manos son terrones,
calabozos y zoletas.
La lluvia es el sudor
y el agua que te empapa.
El viento es la piel
que se curte sin adormilarse.

Proyectas la candela aun
con la luna asomada,
anticipando la llegada
del sol que te alumbra
y que te dora, como
la tostada que degustas
por la mañana en la taberna,
entre olores de café y aguardiente.,
apartando el aceite y la manteca.

Tu boina es tu resguardo.
Tu camisa es la armadura
de tu caballería.
Tus pantalones y tus botas,
llaman a la tierra firme,
y a la tierra no se la engaña.

Tus ojos son chispas
de meteorología.
No hay mejor ciencia
que la experiencia.
No hay mayor ingeniería
que la huerta.

Tu humor y tus recuerdos
se juntan vertiginosamente.

Tu lengua es cítrica y cíclica.
Tu instinto siempre será pastoril.

El sonido del tractor
huele a gasolina y a sulfato.
El almacén huele a fin de jornada.
El mosto huele a sábado y a jornal.

Tu corazón labra los horarios
que siembran los resultados.

Yo sé que tú sabes
lamer los arroyos de la sed.
Yo sé que tú sabes torear
las tétricas moscas del hambre.
Yo sé que los liños
son tus mapas.
Yo sé que tú sabes apreciar
mejor que nadie
los milagros de la primavera.
Yo he compartido contigo
algunas fatigas,
ordeñando olivos.
Yo tengo el privilegio
de haber recibido tus enseñanzas.
Yo te echo de menos
por mor de justicia y gratitud;
por componer uno de los
mejores recuerdos de mi vida.

Hombre de campo:
¿Qué va a ser de nuestra tierra
cuando des el último suspiro?
¿Qué va a ser de nuestra patria
cuando tu poderosa y brava raza
se extinga?

Prefiero ni imaginármelo…

Prefiero soñar contigo,
sabiendo que la vida es sueño.
Prefiero saber que hasta que tú estés,
no todo está totalmente perdido.
Prefiero tenerte siempre
como modelo a imitar.
Prefiero recordar,
que si bien no necesariamente
cualquier tiempo pasado fue mejor,
desde luego no fue peor.

Hombre de campo:
¡Yo no quiero que te vayas nunca!
Tú eres el capitán del tiempo.
Tú eres un monumento
a la vida y a la historia.
Lucharé para que nunca se
pierda tu esencia y tu memoria.

¡Y al final, vivirás siempre!





Requiem aeternam dona ei Domine.
Et lux perpetua luceat ei.
Requiescat in pace.
Amen.
NOTAS: