domingo, 27 de marzo de 2016

MIS LECTURAS: "DE LA TRANQUILIDAD DEL ÁNIMO", DE LUCIO ANNEO SÉNECA

Imagen de fotografiasdenfoque.blogspot.com


-Previo a la Semana Santa, comencé esta romanísima lectura, cuyo título me venía muy bien, pues no en vano, desde noviembre del Año de Nuestro Señor de 2015, que recibí un mazazo laboral inesperado, con todo lo que ello conllevó, estoy más nervioso que un pavo escuchando villancicos.

Hay quien considera a Séneca como el prócer de la filosofía hispana. Algo hay de eso, pues no obstante, el romano de Corduba fue algo de eso, pues si bien imbuido del antiguo estoicismo heleno, le dio una suerte de toques "personales" propios de la cultura meridional ibérica que impregnó a buena parte del imperio.

El gran sabio romano nos hace reflexionar escudriñando en este libro que un servidor se ha agenciado gracias a los pdf sobre la verdadera importancia de las cosas y el equilibrio a mantener en la vida, tanto en asuntos elevados como en asuntos cotidianos, desde lo más serio a lo más festivo. En nuestra estresante vida, tanto una cosa como la otra son cuestiones difíciles de valorar, pues la rapidez en la que nos movemos muchas veces nos hace priorizar lo que no debemos. Tras casi cinco años de emigración en un mundo que es otro mundo, de hecho, veo la vida desde otra perspectiva. Con todo, hay que procurar no perder el norte porque las emociones pueden ser muy traicioneras y más si éstas son acompañadas de nostalgias idealizadas. Por eso viene bien leer a Séneca. Claro que como todo: En su justa medida, y rechazando algunas de sus "salidas".

El caso es que leer a Séneca siempre viene bien. Últimamente estoy muy romano. Y es porque cada vez descubro más trolas "arabistas" que bajo capa pseudofolclórica nos han metido ideológicamente desde que estábamos en el colegio, especialmente a los andaluces. Por eso, leer a Séneca es leernos a nosotros mismos, a nuestra verdadera y antigua identidad. Somos fundamentalmente romanos, y mientras más pasa el tiempo, más me afirmo en eso.

Ahora creo que vamos con Ángel Ganivet. Hablando de senequismo...