lunes, 18 de abril de 2016

RIP RAMÓN MORENO BECERRIL (II): ALMA NOBLE Y DIGNA




ALMA NOBLE Y DIGNA


Ramón Moreno Becerril, in memoriam

Alma noble:

Alma de noble olivo,
cual lauro de Roma.

Alma de noble naranjo,
de patio de sabor mudéjar.

Nobleza majestuosa
de noche cazadora.

Tu rostro como tu temperamento:
Sereno y grave.

¿Reminiscencias célticas?
¿O tal vez visigóticas?
El rutilismo se asomó.

Luz de perenne ejemplo
e incontestable referencia.

Alma digna:

Alma digna de trabajo duro,
de amanecida de estrellas campestres,
de sobriedad y austeridad como
marcas inconfundibles
del carácter español.

Español de otros tiempos:

Señor de la labranza,
desde jóvenes orígenes.

Arquetipo de templanza aguerrida,
mano recia de lluvia y zoleta,
que levantó el país
del sol y del mar.

La boina y el tractor
como uniforme ante
los surcos bien trazados
y las lunas prematuras.

Alma digna de noble maestro
de vocación latina,
de geógrafo de incansable
e historiadora memoria.

Alma digna de una casa,
cuya mesa tiene gusto
de gazpacho, vino y pan.

Alma torrencial de pellizco
flamenco acrisolado en la
talentosa valentía del fandango:

Cuando el cante hierve en la sangre,
la hondura se refleja como un espejo
rematado por azulejos de pasión.

Rasgueos de guitarra y palmas rítmicas,
son los latidos de un corazón sediento.

Rojo y blanco de la Corona de Castilla
en la que se insertó nuestra Andalucía.

Rojo y blanco de sevillismo irredento
como bandera de una hinchada familiar.

Rojo y blanco para uno de los fundadores
del Club Deportivo San Martín.

Morón de la Frontera, Coripe,
Pilas y Coria del Río se asentaron
en Bollullos de la Mitación,
tu dilecto pueblo al que siempre
con orgullo denominaste como
la flor y nata del Aljarafe.

La sangre que corría por tus venas,
era de velocidad galguera,
valiente como el espolón de un gallo,
radiante como una ermitaña romería
rebosante de medallas, jinetes y sombreros.

Paladín de una fe constante que
asombraba y ayudaba hasta
al más incrédulo:

La fe de Santa Mónica,
que acabó iluminando a su hijo,
San Agustín de Hipona.

La fe que mueve montañas,
atravesando las tempestades del tiempo.

La fe que nos asevera con arrebato
legionario que la muerte no es el final.

Pertenecías a una raza en peligro de extinción.

¿Se quedará nuestra Piel de Toro
sin linces, osos, águilas y lobos?
¿Nos quedaremos sin piel
y sin toros?

Todos mis referentes se van yendo.
Ahora no concuerdo con Bécquer:
No se quedan solos los muertos,
nos quedamos solos los vivos.

Yo no quería que te fueras.
¡Cuánto amargor siento!
¡El dolor me abruma! ¡Me aturulla!
¡Qué tirana es la distancia!
¿Por qué? ¿Por qué?

Mas cúmplase la voluntad de Dios.
¡Dios con nosotros!

Cada trece de febrero, tu cumpleaños,
cada treinta y uno de agosto, tu santo.

Tu memoria es una llama
reluciente que no se apaga.

Parafraseando un fandango:
Aunque te vas,
no te vas.

¡No!

Nunca te irás de nosotros.

Siempre contigo.
Siempre tito Ramón.
Hasta siempre.
Por y para siempre.




RIP RAMÓN MORENO BECERRIL