martes, 10 de mayo de 2016

RIP JUAN IGNACIO GÓMEZ RODRÍGUEZ



-Vaya tela este 2016 de los... Juan Ignacio. Pero vaya tela. En febrero se me fue mi admirado y querido escritor José Antonio Pancorvo. En abril, mi admirado y querido tío Ramón. Y ahora en mayo te nos vas tú, otra gran persona a la que quería y admiraba. Porque es de recibo agradecer la suerte de que por mi vida haya pasado gente a la que amén de apreciarla, la admiraba. No todo el mundo puede decir eso.

Y te nos has ido tan pronto... Yo sabía de tu enfermedad pero por una cosa o por otra pensé que te quedarías más con nosotros. Pero Dios sabe por qué se lleva pronto a los mejores.

Bicheando por las muchas fotos que tengo guardadas, caigo en la cuenta de que sólo tenemos una foto juntos. Pero la tenemos en el mejor momento: En la boda de Juan Ignacio y Rocío. La última vez que este condenado mundo me vio sin barba; todo sea por un regalo de boda para mi hermana.

Y precioso que salgo...

Hace poco estuve viendo al cabo del tiempo el vídeo de la boda. ¡Qué buen recuerdo! Qué día tan lindo y especial en el cual compartimos alegría y mesa. Cuando me monté en el coche con tu yerno, tu hijo y mi hermana y nos fuimos directos al convento de Sanlúcar la Mayor a presentarle nuestros respetos a la tía de tu señora, que lleva toda una vida al servicio de Dios... Yo, que todavía estaba medio embotado del viaje, sin embargo, en un momento volví a sumergirme en nuestra tierra, en nuestras costumbres; frente a nuestro mudéjar azulejero, a nuestro barroco imaginero que corona tan preciosas fotografías... Como cuando voy a Pilas, pasando el Aljarafe a través de esos pinos que se unen con Doñana... Son momentos y paisajes únicos, que por más que uno quiera expresar con palabras, nunca llegará ni a una mínima parte de su encanto.

Y en el vídeo bien que salías tú... Y me quedé mirando tu imagen y tu semblante concienzudamente, al mismo tiempo en el que oraba interiormente por ti.

Maldita la enfermedad que te ha llevado por delante. Maldito sea el cáncer una y mil veces. Yo estoy que no me lo creo. ¿Cómo puede ser que te hayas ido? Dios mío, si conocí a alguien que tuviera vitalidad, ése eras tú. No como yo, siempre peleado con el mundo, siempre refunfuñando, siempre con alguna historia. Y se supone que soy sociable... Sin embargo tú, siempre con tan buen carácter, con una campechanía natural, amable y desprendida, que no te hacía falso sino todo lo contrario; porque a ese buen carácter le unías una expresiva y tajante sinceridad que confirmaba la bondad de tu corazón, así como la constancia en tu forma de ser y en tus aficiones. Y es que no en vano así hay que ser, tenaz y coherente con lo que uno es o quiere ser. No hay nada mejor para tener una vida tan plena como la que tú has vivido.

¡Ah! Conste que cada vez que nuestro Sevilla campeón nos obsequiaba con un triunfo, lo primero que hacía era mandarle un mensaje a tu hijo y a Matías y acordarme de ti.

Como le intenté explicar al amigo Matías Cepeda cuando estuvo hace poco de visita en Lima, cuando uno está fuera, aprende a ver las cosas de otra manera: Por un lado, se hacen análisis más fríos. Se perciben mejor tanto los defectos como las virtudes de nuestra tierra. Por otro lado, las emociones son mucho más a flor de piel. La añoranza te arrecia cuando menos te lo esperas, a tal punto que las lágrimas te pueden asaltar viendo una foto simplemente. Por ejemplo: Nunca me llamaron excesivamente la atención ni los Ecos del Rocío ni el Mani. Pues desde que estoy en Perú no veas... Y hablando del Mani, desde hace tiempo, cada vez que escuchaba su sevillana de los cazadores, se me venía tu imagen a la mente:




Estando tan lejísimos, te imaginaba con tu abrigo verde, tu boina campera bien calada, andando por los campos de nuestra tierra, azorando la puntería frente al vuelo de los pájaros luego de calentar bien el estómago. Y para calentar bien el estómago, la peña sevillista. ¡Chico desayuno me zampé el día que fui a Portugal! Todavía tengo el regusto de la sobrasada. Qué cosa más rica, por Dios.

Qué buenos recuerdos me quedan de ti... Y todos relacionados con Pilas, la madre patria de los Becerril, aquel pueblo grande y acogedor que siempre me gustó, aquel pueblo donde siempre sentí como que algo mío estaba allí y que también siempre consideré bueno para vivir. Le dije a mi hermana que se alegraría de ir a vivir allí y creo que en absoluto me equivoqué. A veces me da la impresión de que todos acabaremos allí. Dios sabrá...

¡Qué buen paseo nos pegamos el día que presenté el libro! ¡Y qué bien estuvimos entre el 2014 y el 2015!

Qué solos nos vamos a quedar sin ti... Ejemplo de esposo, padre y abuelo; ejemplo de amigo y consejero; ejemplo de una gente brava y echada para adelante que ya se está extinguiendo... Y en ese sentido, no sé si yo no me sé explicar o que la gente no me comprende o qué se yo, Juan Ignacio; yo seré muy pesado, pero pienso mucho en que yo no sé qué vamos a hacer sin ustedes, porque lo que hay... Tela marinera...

Cuando se va alguien que expresa unidad de la tierra y las tradiciones a través de su simbólico-arquetípica personalidad, siento un vacío que es como un salto en el abismo, porque veo que no está habiendo una reposición lógica en nuestra sociedad. Probablemente los que somos de pueblo y tenemos algo de conciencia vemos venir esto mejor, pero cuando se pierde el contacto y el trabajo con la tierra, se pierde la trascendencia, y con ello, el sentido común. Y me explico: Nunca he sido aficionado a la cacería. Yo eso de levantarme temprano un fin de semana como que no lo veo muy claro... Sin embargo, siempre he admirado mucho ese mundo. El mundo de los perros, el mundo de la naturaleza... Es toda una cultura que sentí de niño especialmente a través de mis tíos Ramón y Manolo, que también descansan en paz. Lo mismo me pasa con la tauromaquia: Nunca he echado cuenta en los toros y sin embargo los animalistas pesados han hecho que hasta me gusten. ¡Y ya digo hasta que soy de Morante y de Padilla! Como dice mi primo Gonzalo: Morante por el arte y Padilla por los...

Y es que creo que dentro del mundo agropecuario en general hay mucho valor; y que de hecho, acaso sea lo más rescatable en los muy duros tiempos que nos han tocado.

En fin, soy de efecto retardado y creo que todavía no he asimilado del todo los dos fallecimientos tan importantes con los que me ha impactado este año, y tú eres el tercero... No sé si me estoy inspirando para escribir... No sé si algún día me acabaré derrumbando, pero no me conviene, porque ya mismo voy a ser padre, y he de mantener la calma y el equilibrio. Pero qué difícil se me hace con estas pérdidas tan significativas...

Yo sé que el reino de los cielos gana mucho, pero los que nos quedamos aquí te vamos a echar muchísimo de menos.

Descansa en paz querido Juan Ignacio. Fue un lujo haberte conocido. Nunca caerás en el olvido.





 






Requiem aeternam dona ei Domine.
Et lux perpetua luceat ei.
Requiescat in pace.
Amen.