miércoles, 21 de septiembre de 2016

"COLOMBIA EN EL CANDELERO" - "LA ABEJA"

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santos castro timochenko
Escribe: Antonio Moreno Ruiz.- Reconozco que, aunque nunca he estado en Colombia, le tengo un cariño especial a este país hispanoamericano. El polígrafo español Marcelino Menéndez y Pelayo dejó dicho entre los siglos XIX y XX que Bogotá era la Atenas de Sudamérica. Hay filólogos españoles que dicen que donde mejor se habla el español es en Colombia. Yo reconozco que me quedo maravillado especialmente ante el acentico paisa. En la universidad, me empapé de literatos colombianos tales como Julio Arboleda Pombo, Jorge Isaacs o José Eustasio Rivera. En cuanto a una visión contracorriente de las secesiones hispanoamericanas, dos de mis máximos referentes son colombianos: Luis Corsi Otálora (QEPD) y Pablo Victoria Wilches. Así que, aun sin conocer físicamente aquella extensión de tierra que une el Caribe con los Andes, puedo decir que cuenta con mis simpatías. Y como español emigrado en Perú e hispanista convencido (1), siempre me interesa todo lo que ocurre en el mundo hispano. Y la Colombia actual constituye un caso muy explicativo.

Cuando Santos llegó a la presidencia de la república colombiana, pensé que su gobierno sería continuista con respecto a Uribe en cuanto a política antiterrorista por lo menos. No en vano fue ministro del presidente paisa. Y los paisas dicen, con ese seseo fuerte que acaso coincide con Cuzco, Cajamarca o México (herencia del castellano antiguo), que para atrás ni para coger impulso. Sin embargo, muy pronto Santos reveló que se abocaba a una estrategia de locura, en lo cual entraba la amistad con el chavismo y la bajada de pantalones ante las FARC. Los narcoterroristas rojos se afincaban en Cuba a costa del erario público colombiano, negociando con guayaberas y puros. Durante años, así ha sido. Como a costa del erario colombiano ha ido la televisión pública a informar de las interminables conversaciones y declaraciones de estos asesinos que ahora se presentaban como representantes e interlocutores. Si bien Castrolandia estaba muerta hasta que la resucitó Chávez, las FARC han supuesto otra inyección de peso. Y siempre se ha subestimado al servicio de inteligencia cubano, el cual, acaso por el entrenamiento que en su día recibió de los soviéticos, siempre ha sido tan sagaz como implacable. Así, Castrolandia no sólo tiene a Venezuela para hacer y deshacer a su antojo: Ya también puede servirse de Colombia. El triángulo narcoprogre está asegurado. No olvidemos que Popeye, el principal sicario de Pablo Escobar, insiste en que el cartel de Medellín hacía negocios con los hermanos Castro. Y de esto hace muchos años. Y de negocios los gringos también entienden bastante.