jueves, 20 de octubre de 2016

LOS TESOROS DEL VATICANO

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"Muchos preguntan: ¿por qué la Iglesia no vende sus “tesoros” artísticos para dar de comer a los pobres? ¿Por qué no vacíar las elegantes salas del Vaticano o de los obispados de todas las hermosas estatuas, cuadros y esculturas?
Tratar sobre los "tesoros vaticanos", usando un poco de sentido común, lo único razonable es decir que no existen. Es verdad que algunas personas, engañadas por publicidades falsas, malintencionadas o simplemente deseosas de aprovechar el tirón del "morbo" pueden haber llegado a pensar cosas tan disparatadas como que el Vatiacano es una de las grandes potencias económicas del mundo. Pero eso es en el fondo porque se han creído lo que han oído sin una mínima reflexión.
El Vaticano es un pequeño territorio de unas pocas hectáreas, es decir, menos que lo que posee cualquier pequeño agricultor. Sus "posesiones" son una Iglesia, unos edificios de oficinas y unos jardines del siglo XVI, un museo y la residencia del Santo Padre. Aparte de esto posee algunos pequeños territorios en la ciudad de Roma y una zona de descanso en Castelgandolfo. Cualquiera puede entender que el valor de esto en la economía mundial de los grandes Estados como Estados Unidos o Japón o Rusia o Europa, es bastante ridículo. Pero incluso si se compara con una sola empresa un poco grande, los "tesoros del Vaticano" dejan de serlo.
El valor de lo que se podría llamar "tesoro Vaticano" es el que poseen las obras de arte de su museo, que ciertamente, gracias a que los Papas han sido siempre hombres de una gran cultura y un exquisito gusto, es uno de los mejores del mundo. Pero en lo económico su valor es parecido al que pueda tener el Louvre, el Prado, el Ermitage o el British Museum. Y a nadie se le ocurre pensar que el valor de esos museos es enormemente importante en la economía.
Su valor es fundamentalmente cultural. Lo cual a veces, en una mentalidad burguesa, se identifica automáticamente con valor económico. Pero eso no está producido por la realidad en sí, sino por la pobre mentalidad de quien confunde arte y dinero, porque cree que en este mundo todo se puede comprar."
P. Clemente González